Imagen del albañil Diego Martí en una entrevista.

Imagen del albañil Diego Martí en una entrevista. Sector Oficios Podcast YouTube

Ciencia

Diego, 29 años, albañil: "Los primeros años los pasamos partiéndonos el lomo al sol, pero a largo plazo mejora"

Una expulsión escolar cambió el rumbo de Diego, que encontró en la empresa familiar el punto de partida para aprender un oficio.

Más información: Los albañiles avisan: "Cuando llegas a casa, lo que más te duele es la espalda de levantar peso y las rodillas de estar agachado"

J. Rodríguez
Publicada
Las claves

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Diego Martí, de 29 años, trabaja en la construcción desde los 15, tras un primer contacto a los 12 años durante un castigo escolar.

Comenzó en la empresa familiar y, pese a las duras condiciones iniciales, su vocación por la albañilería se afianzó.

A lo largo de los años ha adquirido experiencia, gestionando obras más grandes y compartiendo su experiencia en redes sociales.

Critica que los salarios del sector apenas han mejorado, dificultando la llegada de nuevos trabajadores cualificados.

Diego Martí descubrió la albañilería cuando todavía era un niño y, desde entonces, la obra ha marcado su trayectoria. A sus 29 años, acumula más de una década trabajando en construcción.

Su primer contacto llegó con apenas 12 años, después de ser expulsado del colegio durante una semana por un episodio que él recuerda como un malentendido con una profesora del centro.

Durante aquellos días, su padre decidió llevarlo a la obra. La experiencia resultó decisiva para Diego, que comprobó entonces que se sentía más cómodo trabajando entre materiales que dentro del aula.

Tres años después, con 15 años, comenzó a trabajar definitivamente junto a su padre, propietario de una pequeña empresa de reformas. Para entonces, ya había decidido dedicarse profesionalmente a la construcción.

La decisión de abandonar los estudios provocó incluso la intervención de los servicios sociales, que reclamaron explicaciones por dejar de acudir al instituto cuando todavía debía continuar escolarizado de forma obligatoria.

Primeros esfuerzos

Pero Diego tenía claro que quería trabajar. Llegó incluso a buscar su propia expulsión del centro para incorporarse definitivamente a la empresa familiar y comenzar su aprendizaje profesional como albañil.

Los primeros meses fueron especialmente duros. Su padre pidió a los trabajadores que no le facilitaran las tareas, confiando en que aquel esfuerzo terminara haciéndole cambiar de opinión sobre el oficio.

La estrategia no funcionó. Diego recuerda jornadas agotadoras moviendo bloques y preparando mortero, hasta terminar completamente exhausto y con dificultades incluso para realizar algo tan sencillo como ponerse los zapatos.

Lejos de apartarlo de la profesión, aquellas condiciones reforzaron su decisión. Empezó desde abajo como peón y aprendió el oficio trabajando junto a diferentes compañeros dentro de la empresa familiar.

Con los años, su experiencia le ha permitido gestionar reformas y reparaciones de mayor envergadura. Además, utiliza las redes sociales para compartir contenidos relacionados con el mundo de la construcción.

Su forma de entender el oficio aparece en su particular definición del trabajo bien hecho: "El mejor obrero es al que no se le notan las mentiras, hace una faena y piensas que está bien".

Sobre la evolución de su trayectoria, Diego resume su experiencia de forma clara: "Los primeros años los pasamos partiéndonos el lomo al sol, pero si miras a largo plazo mejora", explica sobre el oficio.

Diego también ha cuestionado las condiciones económicas del sector. Según explica, los salarios apenas han evolucionado mientras el coste de la vida se ha multiplicado, dificultando atraer nuevos trabajadores cualificados.

Su trayectoria comenzó, en definitiva, mucho antes de alcanzar la mayoría de edad. Una semana de castigo terminó acercándolo a una profesión que, con 29 años, continúa siendo parte esencial de su vida.