La ciencia del calor: cuando el verano se convierte en emergencia

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Benito Fuentes, meteorólogo de AEMET: "El verano en España dura ahora un 50% más que hace 85 años en estas zonas"

AEMET confirma una sensación cada vez más común: las condiciones propias del verano empiezan antes y terminan más tarde.

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Las claves

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El verano en España dura ahora un 50% más que hace 85 años en algunas zonas, según análisis de temperaturas desde 1940.

El verano térmico se ha alargado especialmente en el este y noreste peninsular, superando el mes y medio adicional en algunas áreas.

Las temperaturas veraniegas llegan antes, sobre todo a costa de la primavera, fenómeno llamado 'primaverano'.

El aumento de días calurosos afecta a rutinas, cultivos, consumo de agua y los ecosistemas, adelantando el estrés y alterando ciclos naturales.

La sensación de que el verano empieza antes y se marcha más tarde ya no es solo una conversación de terraza. Los datos de temperatura muestran que España acumula cada vez más días con calor propio del periodo estival fuera de los meses tradicionales.

Benito Fuentes, meteorólogo de AEMET en Valencia, ha estudiado ese desplazamiento con datos desde 1940. Su frase en La Vanguardia resume muy bien lo que está pasando: "En promedio, los veranos actuales son un mes más extensos que en el pasado".

No habla del verano astronómico, que sigue teniendo sus fechas en el calendario, sino del verano térmico: esos días en los que la temperatura se comporta como si ya estuviéramos en pleno julio o agosto.

Para medirlo, Fuentes recurrió a ERA5, el reanálisis climático del Servicio de Cambio Climático de Copernicus. Esta base combina observaciones y modelos para reconstruir de forma homogénea las condiciones meteorológicas del planeta desde 1940.

El resultado no deja mucho margen a la duda. En casi todo el territorio español se detecta un alargamiento del periodo estival desde mediados del siglo XX, con una señal especialmente intensa en el este y noreste peninsular.

Más semanas de verano

En más de la mitad del país, el verano se ha alargado por encima del 30%. En algunas zonas del este y noreste, el aumento supera incluso el 50%, lo que puede suponer más de mes y medio adicional.

El cambio no se reparte igual hacia los dos lados del calendario. El verano está ganando terreno sobre todo a la primavera, un fenómeno que Fuentes llama “primaverano”. En algunos puntos del centro y norte peninsular, ese adelanto supera los treinta días.

Eso significa que mayo o junio ya no funcionan siempre como meses de transición suave. Cada vez más a menudo llegan con temperaturas que antes se asociaban a semanas más avanzadas, obligando a cambiar rutinas, cultivos, horarios y consumos.

El verano de 2026 ha ofrecido una muestra muy clara de esa tendencia, aunque un solo año no explica por sí mismo el cambio climático. Junio fue extremadamente cálido en España, con una media peninsular de 23,3 ºC.

La anomalía fue de 3,2 ºC respecto al promedio 1991-2020. Fue el segundo junio más cálido desde que arrancó la serie en 1961, solo por detrás del de 2025, y también el tercer junio más seco.

La primavera anterior tampoco había dado tregua. AEMET la clasificó como la segunda más cálida de la serie, con una temperatura 1,6 ºC superior al periodo de referencia, únicamente por debajo de la primavera de 2023.

El fondo de la cuestión es más amplio. Según AEMET, la temperatura media de España ha aumentado 1,75 ºC desde 1961, y los años más cálidos se concentran ya en este siglo.

Un verano más largo no significa solo más días de playa. También amplía la exposición al calor, adelanta el estrés sobre cultivos, aumenta la demanda de agua y refrigeración, y complica el trabajo al aire libre durante más semanas.

Los ecosistemas también notan ese calendario alterado. Plantas, insectos y animales responden a señales como la temperatura, la humedad o la disponibilidad de agua. Si esas señales se desplazan, pueden cambiar floraciones, ciclos reproductivos, plagas o migraciones.

Fuentes introduce un matiz importante: esta tendencia no implica que cada verano tenga que ser más largo que el anterior. Seguirán existiendo años más frescos, episodios suaves y variabilidad natural dentro de una trayectoria general más cálida.

Lo que cambia se ve al mirar ocho décadas de datos. El verano térmico ocupa cada vez más espacio en el calendario español. Ya no llega únicamente cuando toca por fecha: se cuela antes, se queda más tiempo y reduce ese margen amable que antes separaba la primavera del calor duro.