Los cambios repentinos no son buenos para los gatos.

Los cambios repentinos no son buenos para los gatos. Istock

Ciencia

Nicole, etóloga: "Interpretar los gestos del gato desde una perspectiva humana fuerza un contacto físico innecesario"

Los expertos advierten sobre el riesgo de humanizar el comportamiento de los gatos: cada animal tiene su propio lenguaje y hay que saber interpretarlo.

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Las claves

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Interpretar los gestos del gato desde una perspectiva humana puede llevar a forzar un contacto físico que el animal no desea.

La proximidad física, sin contacto directo, es una de las principales muestras de afecto y confianza para los gatos.

Ignorar las sutiles señales de incomodidad del gato puede causar estrés, ansiedad y respuestas defensivas como arañazos o mordiscos.

Los expertos recomiendan aplicar la regla del consentimiento: ofrecer la mano y dejar que el gato decida si quiere contacto físico.

La antropomorfización de las mascotas genera muchísimos problemas de comunicación. Según los especialistas en comportamiento animal, las personas tendemos a interpretar los gestos de los gatos, en este caso, bajo códigos exclusivamente humanos.

Ese error de perspectiva conduce a que las personas fuercen el contacto físico a través de abrazos o caricias invasivas, ignorando que en muchas ocasiones el animal solo está reclamando un espacio de acompañamiento en calma y sin interacciones directas.

Para los gatos, la simple proximidad física representa una de las mayores demostraciones de afecto, confianza y cohesión social dentro del hogar. Cuando un gato se tumba cerca de su cuidador o permanece en la misma habitación, está ejerciendo una conducta conocida como presencia pasiva.

Romper ese instante de tranquilidad para iniciar un contacto físico no solicitado interrumpe su momento de relajación, lo que suele derivar en cuadros invisibles de estrés, ansiedad acumulada o frustración de forma repetida.

Hay que interpretar bien las señales

La falta de comprensión de los límites del animal se traduce frecuentemente en respuestas defensivas que los tutores catalogan erróneamente como agresiones impredecibles: "Interpretar los gestos del gato desde una perspectiva humana nos lleva a forzar el contacto físico cuando el animal solo pide acompañamiento en calma", asegura Nicole, etóloga.

Los profesionales recuerdan que un gato comunica su incomodidad de forma previa mediante sutiles señales corporales, tales como la tensión muscular, el desvío de la mirada o el movimiento rápido de la punta de la cola.

Ignorar estas advertencias y continuar con el contacto forzado es lo que detona los arañazos o mordiscos de escape por parte de la mascota. En líneas generales, lo único que hay que hacer es familiarizarse con el lenguaje y las expresiones de nuestra mascota.

Una vez conocemos cómo se expresa y lo que necesita, es más fácil determinar cuándo se requiere de ese contacto o no para no provocar ajetreo en casa. La finalidad de la advertencia de los expertos, grosso modo, es como siempre garantizar la seguridad del animal y fortalecer los vínculos entre tutores y gatos.

Lo que recomiendan los etólogos es aplicar la regla del consentimiento antes de tocar a nuestros animales en caso de duda. La práctica consiste en ofrecer la mano quieta a la altura de su hocico y permitir que sea el propio gato quien decida si quiere iniciar la interacción física o no: eso puede ser la llave para prevenir problemas de convivencia.