Un gato tumbado.

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Ciencia

Los veterinarios están de acuerdo: el cerebro de los gatos envejece de forma casi idéntica al de sus propietarios

El deterioro cerebral de los felinos en su adolescencia tardía es equivalente al de un humano en sus 80 años, compartiendo cambios estructurales.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

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Un estudio reciente revela que el cerebro de los gatos envejece de manera muy similar al de los humanos, especialmente en felinos de 14 a 16 años.

Las resonancias muestran que tanto gatos como humanos mayores experimentan una reducción del volumen cerebral y una expansión de los ventrículos.

Los gatos pueden presentar acumulación de proteínas asociadas al alzhéimer, lo que los convierte en modelos prometedores para estudiar enfermedades neurodegenerativas.

Comprender los mecanismos de envejecimiento cerebral en gatos podría ayudar a desarrollar estrategias para prevenir el deterioro cognitivo en humanos.

Durante décadas, los ratones han sido los grandes protagonistas de la investigación sobre el envejecimiento cerebral. Sin embargo, un creciente número de estudios apunta ahora hacia un aliado inesperado: los gatos domésticos, cuyos cerebros parecen envejecer de forma parecida a los humanos.

Una reciente investigación impulsada por científicos de la Universidad de Bath y diversas instituciones internacionales ha revelado que los felinos de entre 14 y 16 años presentan alteraciones cerebrales comparables a las observadas en personas de más de 80 años.

Los hallazgos podrían abrir nuevas vías para comprender el envejecimiento saludable. El trabajo forma parte del proyecto Translating Time, una iniciativa que compara los procesos biológicos de envejecimiento entre distintas especies.

Los investigadores analizaron miles de observaciones clínicas, fisiológicas y anatómicas para establecer equivalencias fiables entre la edad de gatos y humanos.

Similitudes en cambios estructurales

Para ello, recurrieron a resonancias magnéticas de alta resolución obtenidas tanto de gatos domésticos como de animales criados en colonias de investigación. Las imágenes permitieron evaluar cómo cambia la estructura cerebral a medida que avanza la edad en ambas especies.

Los resultados mostraron que el volumen cerebral disminuye progresivamente con el paso de los años. Al mismo tiempo, los ventrículos, cavidades llenas de líquido situadas en el interior del cerebro, aumentan de tamaño, un fenómeno característico del envejecimiento humano avanzado.

Según los autores, un gato de 15 años presenta patrones de atrofia cerebral equiparables a los observados en una persona de alrededor de 80 años. Esta correspondencia no se basa únicamente en la esperanza de vida, sino en transformaciones anatómicas medibles.

Las imágenes comparativas incluidas en el estudio muestran similitudes llamativas. Tanto los gatos ancianos como los humanos octogenarios presentan una reducción apreciable del tejido cerebral junto con una expansión de los ventrículos, indicadores clásicos del envejecimiento neurológico.

Los científicos consideran especialmente relevante que estos cambios aparezcan de forma natural. A diferencia de los modelos experimentales tradicionales, los gatos desarrollan el deterioro asociado a la edad sin necesidad de modificaciones genéticas ni intervenciones artificiales complejas.

Esta característica convierte a los felinos en candidatos prometedores para estudiar enfermedades neurodegenerativas. Diversas investigaciones han demostrado que los gatos mayores pueden acumular proteínas beta-amiloide y tau, alteraciones también vinculadas al alzhéimer humano.

Los expertos subrayan que no todos los gatos desarrollan demencia, del mismo modo que ocurre entre las personas. No obstante, la presencia de mecanismos biológicos compartidos permite investigar qué factores favorecen un envejecimiento cerebral más saludable.

Otro aspecto destacado es que los gatos domésticos suelen alcanzar edades más avanzadas que los individuos mantenidos en colonias. Esta longevidad facilita observar fases tardías del envejecimiento que rara vez aparecen en otros modelos animales utilizados en laboratorios.

Los autores sostienen que comprender cómo envejecen los cerebros felinos podría aportar información valiosa para la medicina humana. La identificación de procesos biológicos comunes ayudaría a desarrollar estrategias preventivas frente al deterioro cognitivo asociado a la edad.