El presidente chino, Xi Jinping, en una imagen de archivo.

El presidente chino, Xi Jinping, en una imagen de archivo. EFE

Ciencia

China tiene un plan para su transición ecológica: construye embalses para almacenar energía y no depender de Irán

Los embalses por bombeo se están construyendo sobre todo en las regiones montañosas del interior, donde se pueden aprovechar los desniveles naturales.

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P. G. Santos
Publicada

Las claves

China ha superado en 2024 el objetivo de 1.200 gigavatios de energía solar y eólica fijado para 2030, alcanzando 1.840 gigavatios, el 47,3% de su potencia eléctrica.

Para gestionar la intermitencia de las renovables, China construye grandes embalses en regiones montañosas que funcionan como baterías mediante almacenamiento hidroeléctrico por bombeo.

El país planea aumentar su capacidad de almacenamiento hidroeléctrico de 59 a 159 gigavatios en cinco años y ha multiplicado por cuarenta su almacenamiento en baterías electroquímicas.

El desarrollo de estas infraestructuras busca reducir la dependencia china del petróleo y gas importados, especialmente frente a la inestabilidad en Oriente Medio e Irán.

China quiere liderar la transición ecológica y, al mismo tiempo, blindarse frente a futuras crisis del petróleo que puedan llegar desde Oriente Medio o, muy especialmente, desde un socio tan imprevisible como Irán.

El país ha vivido una expansión fulgurante de las renovables: Xi Jinping fijó en 2020 el objetivo de alcanzar 1.200 gigavatios de energía solar y eólica en 2030, pero China superó esa cifra ya en julio de 2024, seis años antes.

A finales de 2025, la capacidad combinada de estas fuentes llegó a 1.840 gigavatios, el 47,3% de toda su potencia eléctrica instalada, superando por primera vez a los combustibles fósiles y obligando a replantear por completo la gestión de la red nacional.

Ese salto renovable ha creado un problema inesperado: la abundancia intermitente, con parques solares y eólicos volcando electricidad barata cuando luce el sol o sopla el viento, pero incapaces de garantizar suministro durante la noche, los días nublados o los picos invernales.

Almacenamiento hidroeléctrico por bombeo

La respuesta de Pekín combina geopolítica y física básica: convertir sus montañas en baterías mediante gigantescos embalses escalonados que permiten bombear agua hacia arriba cuando sobra energía y liberarla cuesta abajo cuando la demanda vuelve a dispararse.

El sistema, conocido como almacenamiento hidroeléctrico por bombeo, no es nuevo, pero sigue siendo uno de los métodos más eficientes para guardar enormes cantidades de electricidad durante horas o días, algo crucial en una red dominada por fuentes variables.

China ya es el país con más proyectos de este tipo en marcha y planea añadir unos 100 gigavatios de capacidad en los próximos cinco años, partiendo de los 59 gigavatios actuales, hasta convertir estos embalses en la columna vertebral de su sistema eléctrico.

El objetivo no es solo ecológico: al almacenar la energía generada en casa, China reduce su exposición a los vaivenes del petróleo y del gas importados, un riesgo que se ha vuelto evidente con la escalada de tensión y los ataques en torno a Irán.

En paralelo a estas "baterías de agua", el país ha multiplicado por cuarenta su capacidad de almacenamiento en baterías electroquímicas respecto al plan anterior, hasta alcanzar 136 gigavatios a finales de 2025, con un crecimiento del 75% en apenas un año.

Esta doble estrategia —embalses y baterías— persigue un objetivo inequívoco: garantizar un suministro estable, minimizar los apagones y consolidar a China como potencia climática mientras reduce, paso a paso, su dependencia de combustibles fósiles procedentes de terceros.

Sin embargo, el giro verde convive con una realidad incómoda: el carbón sigue representando una parte sustancial de la generación eléctrica y muchas provincias continúan aprobando nuevas centrales térmicas para apuntalar el crecimiento industrial.

Los embalses por bombeo se están construyendo sobre todo en regiones montañosas del interior, lejos de las grandes megaciudades costeras, donde pueden aprovechar desniveles naturales y reducir el impacto social de grandes obras hidráulicas.