Recreación de la Tierra en rotación.

Recreación de la Tierra en rotación.

Ciencia

Los científicos creen que los días en la Tierra se están haciendo más largos: los humanos tienen parte de culpa

El deshielo redistribuye masa hacia el ecuador y frena la rotación: el día se alarga ~1,33 ms por siglo, una huella climática ya medible.

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Las claves

El deshielo acelerado por el calentamiento global está alterando la distribución de masa en la Tierra, lo que ralentiza su rotación y alarga los días.

La duración del día aumenta actualmente unos 1,33 milisegundos por siglo debido a estos cambios, una tasa comparable solo a episodios geológicos raros.

Investigadores han utilizado microfósiles marinos y modelos de aprendizaje automático para reconstruir cómo el nivel del mar ha influido en la rotación terrestre a lo largo de millones de años.

Estos cambios, aunque pequeños, pueden afectar sistemas de tiempo, navegación y telecomunicaciones que dependen de la sincronización precisa con la rotación planetaria.

Durante siglos, la duración del día ha variado por fuerzas naturales como la fricción de las mareas que la Luna impone a la Tierra. Pero ahora entra en escena otro actor: el deshielo acelerado por el calentamiento global.

La idea es simple y, a la vez, incómoda: cuando glaciares y capas de hielo pierden masa, ese agua acaba en el océano y la distribución del peso del planeta cambia. Parte de esa masa migra hacia latitudes más bajas, aumentando ligeramente el “abultamiento” ecuatorial, y el giro se frena.

En geofísica se suele explicar con una comparación que funciona: un patinador que estira los brazos gira más despacio. En nuestro caso, el estiramiento lo fuerza la redistribución de masas del sistema Tierra-océanos por la subida del nivel del mar y el ajuste de la corteza.

El dato que ha disparado titulares es la magnitud: el alargamiento actual del día se estima en torno a 1,33 milisegundos por siglo atribuible a este mecanismo climático, una tasa que los autores comparan con episodios muy raros del registro geológico reciente.

Lo interesante no es solo el número, sino el contexto temporal. El equipo que trabaja entre la Universidad de Viena y ETH Zúrich ha intentado responder una pregunta concreta: ¿cómo encaja lo que pasa hoy en una historia de millones de años de cambios del nivel del mar?

El deshielo lo cambia todo

Para mirar hacia atrás, usaron un archivo inesperado: microfósiles marinos (foraminíferos) que conservan señales químicas relacionadas con variaciones del nivel del mar. A partir de esas fluctuaciones, es posible inferir redistribuciones de masa y traducirlas a cambios en la rotación.

Aquí entra la parte metodológica más moderna: además de reconstrucciones clásicas, incorporan modelos probabilísticos y técnicas de aprendizaje automático para lidiar con incertidumbres grandes en paleoclima. La meta es evitar que el ruido del registro se convierta en falsas tendencias.

En paralelo, otra pieza del puzle es más actualista: cuantificar cómo el deshielo moderno afecta no solo al largo del día, sino también al bamboleo del eje y a la dinámica del sistema Tierra. Ese trabajo aparece en una publicación reciente en Journal of Geophysical Research: Solid Earth.

¿Y por qué importa algo tan pequeño como milisegundos? Porque nuestros sistemas de tiempo y navegación son extremadamente sensibles. Satélites, telecomunicaciones y ciertas infraestructuras dependen de sincronización fina; la rotación real del planeta no es un detalle decorativo, es un parámetro operativo.

Además, este tema roza el debate (técnico, pero muy real) de los “segundos intercalares”: ajustes que se añaden o se retiran para que el tiempo civil no se descuelgue del tiempo astronómico. Si cambian las tendencias de rotación, cambia también la dificultad de mantener ese equilibrio.