Una plataforma de perforación en el noreste de Francia forma parte de una iniciativa para recoger hidrógeno natural.

Una plataforma de perforación en el noreste de Francia forma parte de una iniciativa para recoger hidrógeno natural. Getty Images

Ciencia

Francia halla la alternativa al petróleo: descubre 46 millones de toneladas de una energía limpia bajo tierra

El hallazgo podría situar a este país en el centro del mapa energético europeo, pues podría ser el mayor yacimiento de hidrógeno natural del mundo.

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P. G. Santos
Publicada

Las claves

Francia ha descubierto una reserva estimada en 46 millones de toneladas de hidrógeno blanco en una antigua cuenca minera del noreste del país.

El hallazgo podría convertir a Francia en líder energético europeo, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles importados.

El hidrógeno blanco se encuentra a gran profundidad y puede aprovecharse directamente, sin procesos industriales contaminantes.

Su viabilidad económica dependerá de los costes de extracción y la infraestructura necesaria, y el hallazgo aún debe ser verificado mediante nuevas perforaciones.

El hallazgo de una vasta reserva de hidrógeno blanco en el noreste de Francia ha convertido a una antigua cuenca minera en uno de los escenarios energéticos más prometedores del planeta. Los científicos estiman hasta 46 millones de toneladas de hidrógeno blanco.

El equipo del laboratorio GéoRessources detectó, en primer lugar, concentraciones inesperadamente altas de hidrógeno disuelto a más de 1.000 metros de profundidad, con valores cercanos al 15%.

A partir de esos datos, alimentó modelos geológicos que apuntan a reservas masivas a unos 3.000 metros bajo tierra. Esa extrapolación permite hablar del que podría ser el mayor yacimiento conocido de hidrógeno natural del mundo.

Se trata de un recurso que, de confirmarse las cifras, equivaldría a alrededor de la mitad de la producción anual global de hidrógeno gris, hoy dominante y muy contaminante. El contraste histórico es difícil de ignorar.

Y es que una zona asociada durante décadas al carbón y sus chimeneas se perfila ahora como símbolo de la transición energética, con un gas limpio que se genera de forma espontánea en las profundidades geológicas y no exige complejos procesos industriales.

Un entusiasmo con prudencia

A diferencia del hidrógeno verde, que requiere grandes cantidades de electricidad renovable, el blanco emerge directamente del subsuelo listo para ser aprovechado, sin transformación química previa ni emisiones en su obtención.

Los investigadores franceses subrayan, sin embargo, que el entusiasmo debe ir acompañado de prudencia: la cifra de 46 millones de toneladas es todavía una estimación preliminar que depende de modelos y deberá ser verificada mediante nuevas perforaciones.

El interés internacional se ha disparado porque, sobre el papel, un depósito así podría alimentar durante años distintos sectores, reduciendo la dependencia europea de combustibles fósiles importados.

No obstante, el salto desde el laboratorio al mercado plantea incógnitas serias: los costes de perforar a gran profundidad, la infraestructura necesaria para extraer y el control de posibles fugas condicionarán la viabilidad económica del proyecto.

Los geólogos recuerdan, además, que el caso francés no es completamente aislado. En Malí, una pequeña comunidad lleva años utilizando hidrógeno natural para generar electricidad, aunque a una escala más modesta en comparación con las ambiciones europeas.

El hallazgo de Folschviller refuerza la carrera global por cartografiar otros reservorios similares y reabre una pregunta de calado político: si el hidrógeno blanco confirma su potencial, Francia podría situarse en el centro del mapa energético europeo y redibujar equilibrios geoestratégicos.

Los responsables del proyecto insisten en que el siguiente paso no es perforar a toda prisa, sino comprender cómo se forma, migra y se acumula este gas en la corteza terrestre, una condición imprescindible para explotar el recurso sin repetir los errores ambientales del petróleo.

Los científicos franceses defienden que, si se gestiona con criterios de sostenibilidad, el hidrógeno blanco puede complementar, y no sustituir, el despliegue de renovables, aportando respaldo a redes eléctricas con alta penetración eólica y solar y estabilizando precios para la industria.