Imagen de un embarcadero en el embalse de La Viñuela julio

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Ciencia

La desertificación de la península ya está aquí: los últimos oasis de España están en estas zonas

Lugo y la franja cantábrica resisten como los últimos oasis verdes frente a una aridez extrema que ya alcanza a provincias como Valladolid.

Más información: La gravedad de las sequías en el mundo ha aumentado un 40% desde 1981 debido a la demanda evaporativa atmosférica

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Las claves

El 43,35% del territorio español sufre desertificación, con Murcia, Almería y Albacete superando el 80% de superficie degradada.

Cuatro de cada cinco españoles viven en zonas áridas, con el Mediterráneo ya dos grados más cálido.

Lugo y otras regiones del norte resisten como los últimos oasis, sin apenas degradación del suelo.

La agricultura intensiva acelera la pérdida de suelo fértil, superando el umbral crítico de erosión, y solo se aprovecha el 10% del agua regenerada urbana.

La desertificación en España ha dejado de ser una advertencia lejana para convertirse en una realidad cartografiada. Con una tendencia que apunta a temperaturas extremas, los últimos datos científicos confirman que casi la mitad del país pierde suelo fértil.

El Atlas de la desertificación, coordinado por investigadores de la Universidad de Alicante y el CSIC, dibuja un mapa inquietante en este marzo de 2026. El 43,35% del territorio nacional sufre una degradación que avanza silenciosa sobre nuestro paisaje.

Bajo este escenario de aridez creciente, el sureste peninsular aparece como la auténtica zona cero del proceso. Murcia encabeza este ranking crítico con un 91% de su superficie afectada, según los registros oficiales de la Estrategia nacional de lucha contra la desertificación (ENLD).

Almería y Albacete alcanzan ya el 84% de territorio degradado, mientras que Las Palmas llega al 81%. Alicante y Valladolid rozan el 80%, confirmando que la pérdida de suelo ya no es un problema exclusivo del arco mediterráneo.

El fenómeno no se detiene en las costas. Según datos recopilados por la Fundación Aquae, cuatro de cada cinco españoles residen hoy en zonas áridas, una presión ambiental agravada por un Mediterráneo que ya se ha calentado dos grados.

Resistencia en el norte

Frente a este avance imparable, la franja que va desde Galicia y el Cantábrico hasta los Pirineos mantiene una resistencia sorprendente. Son territorios que funcionan como los últimos oasis de la Península frente al desierto.

Lugo representa el ejemplo más extraordinario de esta resiliencia en el mapa español. El estudio de la UA confirma que no registra ni un solo kilómetro cuadrado afectado por la aridez, un refugio climático único en nuestra geografía actual.

Sin embargo, el problema más profundo ocurre de forma invisible bajo nuestros pies. Informes del Miteco advierten que los suelos agrícolas se degradan tres veces más rápido que los forestales debido a la intensificación de las prácticas humanas.

Cada año se pierden de media 30 toneladas de suelo por hectárea. Esta cifra supera el umbral crítico de las 25 toneladas, considerado por investigadores del CSIC como el punto de no retorno hacia una erosión alta y permanente.

La producción agrícola nacional resiste hoy gracias al uso intensivo de fertilizantes químicos. Sin embargo, el CSIC advierte que este rendimiento es engañoso, pues el suelo pierde su capacidad natural para retener agua y nutrientes esenciales.

Las proyecciones tampoco invitan al optimismo inmediato. Según datos aportados por La Moncloa, para 2065 las precipitaciones podrían caer hasta un 14% en la Ribera de Navarra o el sureste de Madrid, transformando radicalmente los ecosistemas locales.

España es el segundo país europeo con mayor estrés hídrico tras Grecia. Organizaciones como WWF denuncian que el país invierte un 60% menos que la media europea en infraestructuras clave para adaptarse a sequías que serán recurrentes.

La ciencia señala que la solución no reside en captar más agua de la naturaleza. España es ya la cuarta potencia mundial en desalinización, operando plantas como la de Torrevieja, capaz de producir 240.000 metros cúbicos diarios.

Actualmente solo se aprovecha el 10% del agua regenerada urbana disponible. Como indica la ENLD, la tecnología permite producir agua potable con 3 kWh por metro cúbico, un gasto similar al que requiere un frigorífico doméstico estándar.