Inmigrantes en una Oficina Municipal de Atención Ciudadana.

Inmigrantes en una Oficina Municipal de Atención Ciudadana. Europa Press

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Castilla y León ante la realidad demográfica: la inmigración gana tiempo, pero no frena el envejecimiento de la población

El informe de Funcas alerta de que las comunidades más envejecidas, entre ellas Castilla y León, apenas logran amortiguar su declive poblacional pese al fuerte aumento de la inmigración en España.

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Castilla y León vuelve a aparecer en el centro del debate cuando se habla de despoblación. Desgraciadamente así es, y pese a los intentos la cosa no cambia.

Y, de momento, no precisamente por una mejora de sus perspectivas, aunque el último INE haya arrojado un poco de brotes verdes. En este caso, el estudio de Funcas, elaborado por los sociólogos Héctor Cebolla Boado y María Miyar Busto, lanza una advertencia clara.

“La inmigración ha permitido retrasar algunos de los efectos más visibles del envejecimiento, pero no está corrigiendo el problema estructural de fondo”.

Y en territorios especialmente castigados por la pérdida de población y la baja natalidad, como Castilla y León, ese efecto amortiguador resulta todavía más limitado.

"La inmigración solo es una solución temporal al envejecimiento", sostienen los autores del informe, que analiza el impacto demográfico de los flujos migratorios en España durante las últimas dos décadas.

El trabajo desmonta una de las ideas más repetidas de que la llegada de población extranjera bastará para equilibrar la pirámide poblacional española.

En el caso de Castilla y León, la conclusión es especialmente destacada. El estudio sitúa a la comunidad junto a Asturias y Galicia como los territorios donde la inmigración apenas consigue rejuvenecer la estructura demográfica.

Castilla y León, en el epicentro del envejecimiento

El informe de Funcas subraya que "las comunidades más envejecidas (Asturias, Galicia, Castilla y León) solo registran efectos intermedios en la atenuación del envejecimiento".

La afirmación resume una realidad que desde hace años condiciona el presente y el futuro de la comunidad: menos nacimientos, más defunciones y una población cada vez más envejecida.

La paradoja, según el estudio, es que la inmigración rejuvenece sobre todo a los territorios que ya parten de una situación más favorable.

Cataluña, Baleares o La Rioja son algunas de las autonomías donde el impacto de la llegada de extranjeros resulta más visible sobre la estructura de edad. Sin embargo, en Castilla y León ese efecto pierde intensidad.

"La inmigración refuerza los territorios que ya crecen y deja sin corrección los que más la necesitan", concluyen los investigadores.

El problema no es únicamente cuánta inmigración llega, sino qué perfil tiene y dónde se instala.

Funcas advierte de que España recibe proporcionalmente pocos menores y cada vez más inmigrantes de edad avanzada. En 2024, solo el 13 % de los nuevos residentes nacidos en el extranjero tenía menos de 15 años, mientras que el 18 % superaba ya los 55 años.

Eso significa que buena parte de la inmigración tampoco aporta un relevo generacional duradero.

Castilla y León arrastra desde hace décadas una combinación explosiva: baja natalidad, envejecimiento y fuga de jóvenes.

La pérdida de población en el medio rural, el cierre progresivo de servicios y la concentración de oportunidades laborales en grandes ciudades han ido vaciando amplias zonas de la comunidad.

El informe de Funcas pone cifras al contexto nacional que explica también la situación castellana y leonesa.

Entre 2009 y 2024, los nacimientos en España cayeron un 36 %, pasando de 493.000 a 318.000. Y aunque el peso de las madres inmigrantes ha aumentado de forma notable, eso no ha conseguido revertir la tendencia.

"España incorpora muy rápidamente a los inmigrantes a su propio régimen de muy baja natalidad", señala el estudio.

La idea es central en el análisis: la inmigración aumenta temporalmente el número de nacimientos porque llegan más mujeres en edad fértil, pero sus patrones reproductivos acaban convergiendo rápidamente con los de la población española.

En otras palabras, los inmigrantes también tienen pocos hijos en España.

El reto del medio rural

La situación adquiere una dimensión todavía más delicada en provincias especialmente envejecidas de Castilla y León como Zamora, León, Salamanca o Ávila, donde muchos municipios llevan años perdiendo habitantes de manera constante.

En numerosos pueblos, la llegada de población extranjera ha servido para mantener abiertas escuelas, sostener explotaciones agrarias o cubrir empleos vinculados al cuidado de mayores. Pero Funcas advierte de que esa aportación no basta para corregir el desequilibrio estructural.

El estudio insiste en que España ha delegado de manera implícita en la inmigración una función que debería complementarse con otras políticas más ambiciosas.

"Parece más razonable que España comience a reflexionar sobre una estrategia de adaptación ante el cambio demográfico que combine no solo la política migratoria, sino también la política familiar y la planificación territorial", señala el informe.

En Castilla y León, ese debate afecta directamente al futuro del territorio. La comunidad encadena desde hace años cierres de aulas, dificultades para cubrir plazas sanitarias en el medio rural y crecientes problemas de dependencia asociados al envejecimiento.

Más inmigración, pero también más envejecida

Uno de los datos que más preocupa a los autores del estudio es el envejecimiento progresivo de la propia población inmigrante.

En 2025, el 22 % de los inmigrantes residentes en España tenía ya 55 años o más. Además, entre 2021 y 2024 llegaron al país 558.000 personas mayores de 55 años.

"La inmigración no frena el envejecimiento. Lo retrasa, pero cada vez menos", resume el informe.

Para comunidades como Castilla y León, donde el peso de la población mayor ya es extraordinariamente alto, esta tendencia implica nuevos desafíos sanitarios y asistenciales.

Funcas alerta de que el crecimiento de inmigrantes de más edad aumentará también la presión sobre los sistemas de salud y dependencia. Y eso ocurre en un contexto en el que Castilla y León ya figura entre las autonomías con mayor índice de envejecimiento del país.

Un modelo basado en atraer, pero no en retener

El trabajo también cuestiona la capacidad de España para retener población inmigrante a largo plazo.

Entre 2002 y 2024 llegaron al país casi 15 millones de personas nacidas en el extranjero, pero la población inmigrante residente solo aumentó en algo más de siete millones.

"España atrae inmigrantes con extraordinaria eficacia, pero no retiene con la misma intensidad", sostiene el estudio.

Esa baja capacidad de retención tiene un impacto todavía más evidente en comunidades interiores como Castilla y León. Muchos inmigrantes llegan inicialmente a grandes áreas urbanas o zonas económicamente dinámicas, mientras que los territorios rurales continúan perdiendo población joven.

El resultado es una comunidad donde el envejecimiento sigue avanzando incluso en escenarios de fuerte crecimiento migratorio nacional.

El mensaje final del informe es contundente. Funcas considera que la inmigración ha permitido "comprar tiempo", pero no alterar la trayectoria demográfica de fondo.

"Seguir en esta estrategia exigiría atraer flujos cada vez mayores", advierten los autores.

Y añaden un elemento clave, que es que los propios países de origen de los inmigrantes también están envejeciendo y reduciendo sus tasas de natalidad, por lo que el potencial migratorio mundial tenderá a disminuir en las próximas décadas.

Para Castilla y León, el informe funciona como una llamada de atención sobre la necesidad de diseñar políticas de largo recorrido.

La comunidad afronta uno de los mayores desafíos demográficos de Europa occidental: sostener población, actividad económica y servicios públicos en un territorio muy extenso y cada vez más envejecido.

La inmigración puede aliviar parcialmente la presión. Puede mantener abiertos colegios, sostener sectores productivos y retrasar algunos efectos del invierno demográfico. Pero, según concluye Funcas, no bastará por sí sola.

"La inmigración debe entenderse como un factor de amortiguación, no como una solución permanente al reto demográfico español", sentencia el estudio.

Y en Castilla y León, donde el reloj demográfico corre más deprisa que en casi ningún otro territorio del país, esa advertencia adquiere una relevancia todavía mayor.