Puerta del Sol.
Tras años de democracia, se ha instalado en una parte de nuestra sociedad la idea de que cualquier método es válido para obtener un fin, al margen de si este es bueno o no: simplemente, que sea el del sectario de turno que toque.
Se ha llegado a tal punto que mucha gente es absolutamente desafecta de la política, o se ha tenido que sumar al carro por simple supervivencia en el ecosistema podrido que se ha ido generando.
En un país donde la picaresca se convirtió en género literario, esta nuestra España, parece que algunas aldeas se están resistiendo al nuevo César sobrevenido, como nuestra querida Ceuta: seguimos creando histeria e historia al tiempo, por lo que se ve...
A nuestra Maricarmen (habría que preguntar a Bardem, para asegurarse de que sabemos de quién hablamos, claro) se le han buscado salidas reales, muy lejos del bulo del fondo buitre (una pequeña empresa absolutamente legal, realmente) o la sociedad despiadada (todos los demás al mismo saco, claro). El esperpento mediático montado alrededor por parte de la izquierda mediática (toda) es el auténtico reflejo de la otra Maricarmen, la de los muñecos: los muñecos se han rebelado y le han reventado a la mujer cualquier opción de arreglo digno. Vivir para ver. Al final, todo esto solo sirve para engañar e incendiar a la sociedad, enfrentando a unos contra otros...
Los muñecos, en un ataque de delirio de grandeza, se han vuelto contra su ventrílocuo y ahora son ellos los que mueven los hilos, provocando un caos generalizado donde el único objetivo es el disparate por el disparate.
Y esto está pasando a un nivel más global en nuestra España: el país entero parece un sketch que se ha salido de madre. Es como si doña Rogelia, con su genio y su mala baba, se hubiera levantado un buen día creyéndose presidenta de la comunidad de vecinos y hubiera empezado a dictar leyes y a expropiar la silla de montar de José Luis Moreno. O peor, como si el pato Rockefeller, harto de pescar, hubiera decidido que la picaresca es la única economía sostenible y empezara a organizar chiringuitos financieros.
Los muñecos, en un ataque de delirio de grandeza, se han vuelto contra su ventrílocuo y ahora son ellos los que mueven los hilos.
Los muñecos han cobrado vida y han decidido que ya no necesitan a quien les mueva la boca. Y lo peor es que, en su delirio de poder, han contagiado a la mitad de la sociedad, que aplaude el despropósito sin darse cuenta de que no son más que títeres de otros títeres en una función macabra donde el sentido común es el gran damnificado.
Pero nuestros particulares Capitán Trueno y El Jabato ya se están plantando con la espada en ristre contra los nuevos tiranos de pacotilla y manejadores de hilos; los Roberto Alcázar y Pedrín persiguen a los jetas oficiales del reino; y nuestros Pepe Gotera y Otilio, entre chapuza y chapuza, deciden dinamitar un sistema que deja al pobre Carpanta sin comer.
Y, entre tanto maniquí ideológico y tanta función macabra, no queda otra que defendernos por nuestros propios medios, y proteger al indefenso real al que estos truhanes quieren usar de ‘atrezzo’.