Un grupo de mujeres ceutíes durante la manifestación.

Un grupo de mujeres ceutíes durante la manifestación. E.E

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Dicotomiza y vencerás

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Los españoles vivimos en una dicotomía derecha/izquierda, rojos /fachas. Pero no hemos dicotomizado el "qué", sino el "cómo". Algo como lo que decía Rosa Díez con UPyD: "muchos españoles son de UPyD y no lo saben". Porque ella hablaba de ese "qué" común a la mayor parte de los españoles.

Y el problema ahora es que los políticos en el poder y sus aledaños, son los que han cambiado el "qué" y nos ponen a todos a discutir quién es el que ofrece el mejor "cómo".

Ese discurso del "y tú más" que con tantos insultos se inundan redes y parlamento, viene a establecer quién se aleja más del cómo. Porque todos quieren hacernos creer que ellos tienen muy claro cuál es el mejor qué, aunque no sea el de esa mayoría de españoles.

Esos españoles que no son racistas, ni homófobos, respetan la propiedad privada, respetan la naturaleza y, sobre todo, valoran la familia como el gran bien que ayuda a que nuestro mundo sea mejor. Que quieren respeto a los derechos humanos pero, sobre todo, que nadie pisotee los nuestros, que quieren una nación abierta al mundo, pero que el mundo no se cobije en nuestras tierras como sardinas en banasta, desdibujando nuestras ciudades de su palpitar más propio y dificultando a los que pisaron, desde muchas generaciones, por esta España con honor, valor y alegría, la propia existencia.

Fue el "qué" de nuestros antepasados hidalgos el que transformó el mundo, un "qué" cargado de sueños, de creatividad, de arte, de honor, valor y alegría en cada vena, y es ese mismo "qué" el que la mayoría de españoles de bien quiere para sus hijos. Pero hay algo que un hidalgo siempre llevaba consigo: su sentido de hombre libre y a la vez temeroso de Dios, pero solo de Dios, y "ay amigo Sancho", nadie puede doblegar a un hombre así y …menos a una mujer. Y esto es lo que hace tan temible nuestro "qué" y por eso es tan importante derribar la nación española. Desde hace 500 años están en ello, y nunca como ahora ha sido más importante, el globalismo no puede permitirlo, somos inmiscibles en él.

Hasta el rabo todo es toro, amigos, si nuestros ancestros dieron la patada a Napoleón, nosotros se la daremos a quien no admita como bandera nuestro "qué".