Pasarela de la playa de El Bocal en Santander. Europa Press
Crónica de una fatalidad evitable
En España somos muy dados a empezar la casa por el tejado, y lo sucedido en la pasarela de la zona conocida como El Bocal, en la costa de Santander —donde han fallecido seis personas al ceder un puente de madera—, es un triste ejemplo muy significativo.
Se han gastado y se siguen gastando importantes sumas de dinero para conseguir que la zona costera donde se sitúa el puente “Costa Quebrada” haya sido declarada como geoparque mundial de la UNESCO; todos los alcaldes por los que transcurre el "parque natural" se han hecho fotos, han publicado pasquines y defendido las bondades y maravillas del lugar; la administración estatal y autonómica también ha aprovechado la ocasión para felicitarse por su gestión en la obtención de semejante galardón.
Y, sin embargo, los que paseamos asiduamente por allí en bici o caminando, constatamos que ni un solo euro se ha gastado en limpieza, vigilancia y control, o en el mantenimiento y/o retirada de los cuatro postes y dos puentes de madera que quedaban como testigos de un proyecto fallido de hace más de 10 años para crear una senda costera apta para todos los públicos, que finalmente no se llevó a cabo por la oposición de los vecinos de los barrios de Monte y Cueto.
La segunda parte de esta historia macabra que se repite una y otra vez en nuestra piel de toro es la ansiada búsqueda del culpable con acusaciones cruzadas de negligencia, dejación de funciones, parálisis...; mientras las familias lloran la pérdida y asisten al bochornoso espectáculo. Por desgracia, el suceso tiene todos los ingredientes para una serie de Netflix. Un paisano de la zona llamó el día anterior a la tragedia al 112 para alertar del peligro del estado del puente de madera y la policía local que atendió el aviso, en principio parece que no dio curso a la petición; ya tenemos una culpable para que tanto Costas como el Ayuntamiento de Santander alivien su responsabilidad en el debido mantenimiento de la senda y unas infraestructuras de madera que nunca debieron existir.
Costas dice que la obra, una vez ejecutada, debía ser mantenida por el Ayuntamiento, y el Ayuntamiento dice que la obra nunca se terminó ni hubo recepción de la misma, por lo que la responsabilidad es de Costas. Mientras tanto, la casa sin barrer y la senda costera hecha un asco con vertederos, furgonetas al borde del acantilado y marcas de los tractores que lo destrozan todo cuando van a extraer la caloca (un alga que se deposita en esta zona durante gran parte del año). Por no hablar de la UNESCO, donde se habrá tenido que hacer una reunión de urgencia para revisar el reconocimiento de Costa Quebrada como geoparque mundial; un reconocimiento muy "chuli", pero que a la vista está que no sirve para absolutamente nada porque no aporta ni un euro al mantenimiento, cuidado y vigilancia de la zona. Es increíble cómo y quién ha revisado la zona para otorgar semejante reconocimiento a un área degradada con numerosos vertederos, infraestructuras absurdas y puntos donde el paso es un peligro.
En fin, lamentarse no sirve para nada, pero quizás por una vez sería edificante escuchar a algún político reconocer que durante los últimos 15 años nadie ha revisado un puente de madera innecesario, situado en una entrada de mar estrecha y peligrosa.
Descansen en paz.