Javier Carcas y Luis Antonio Carcas, en su nuevo restaurante.

Javier Carcas y Luis Antonio Carcas, en su nuevo restaurante. E.E Zaragoza

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Javier y Luis, los hermanos que triunfan con su nuevo restaurante: "De niños nos gustaba cocinar con la abuela"

Casa Pedro reabre con un nuevo aspecto y cambia su nombre a restaurante Carcas en la calle San Miguel de Zaragoza.

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Zaragoza
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Hay historias que empiezan mucho antes de que exista un menú de éxito y un restaurante con mucha fama, como es Casa Pedro en Zaragoza.

La de Javier y Luis Antonio Carcas comenzó en casa, entre fogones familiares y tardes acompañando a su abuela, su madre y sus tías mientras cocinaban.

Luis Antonio recuerda que desde pequeño le gustaba quedarse en la cocina haciendo los deberes y terminar echando una mano. No sabía en aquel entonces que esa acabaría siendo su profesión y pasión.

Explica que con 17 años tuvo su primer contacto con la cocina profesional en el restaurante Mesón Las Ruedas, en Borja, donde pasó un verano entero haciendo prácticas. De ahí, ya tuvo muy claro que eso era lo que quería y se lanzó de cabeza a estudiar el oficio en la escuela de San Lorenzo, en Huesca.

Su hermano Javier siguió sus pasos, creciendo entre fogones y estudiando en la misma escuela que su hermano mayor.

Poco después, en 2006, cogieron las riendas de Casa Pedro, momento en el que todo cambió.

"Casa Pedro contaba entonces con más de medio siglo de trayectoria, Santiago -quien gestionaba antes el restaurante- quería jubilarse y así que mi hermano y yo nos lanzamos", explica el más joven, quien recuerda que, por aquel entonces, "todavía estudiaba entre semana y los findes viajaba para echar una mano Luis".

Admiten que, debido a la juventud de Javier por aquel entonces, "muchos proveedores no se lo creían". "Cuando venían buscando al dueño y me veían a mi siempre me decían: ¿Está tu padre?", explica entre risas.

Desde entonces, "ya han pasado veinte años".

La trayectoria de Casa Pedro no ha estado exenta de dificultades. Poco después de hacerse cargo del restaurante llegó la crisis de 2008.

"Siempre hemos sabido adaptarnos a todas las situaciones y a cada momento", explican Javier y Luis Antonio Carcas.

En la zona de entrada del restaurante crearon un pequeño espacio con una carta de tapas elaboradas al momento. Aquella decisión terminó siendo decisiva.

Los inicios

"Fue entonces cuando decidimos adaptar un poquito el espacio de la zona de la entrada que teníamos y renombrarlo en Gastrobar, empezar con una pequeñita carta de tapas que hacíamos al momento", recuerdan.

En 2010 participaron en el concurso de tapas de Zaragoza y consiguieron el primer premio como mejor tapa de la ciudad. "Eso nos dio pie a participar en el concurso de tapas de Zaragoza en 2010 y ganarnos el primer premio", dice Javier.

Después llegarían nuevos reconocimientos. "Mejor tapa tradicional de España en 2015, mejor tapa de España en 2018, subcampeones del mundo en 2019 y el reconocimiento como mejores cocineros de España ese mismo año", enumeran ambos hermanos.

Una sucesión de éxitos construida, explican, "a base de mucho trabajo, mucho esfuerzo".

Crecieron tanto en el mundo de la gastronomía que el local comenzó a hacérseles pequeño. Es por eso que comenzaron un nuevo proyecto en la calle San Miguel de Zaragoza: el restaurante Carcas.

Cuentan que fue en la pandemia donde las limitaciones se hicieron más notorias.

La pandemia terminó de poner de manifiesto esas limitaciones. "En el anterior local hemos estado muy a gusto, pero ya estaba hecho y lo íbamos reformando con lo que podíamos. Ahora lo que hemos hecho es coger un establecimiento nuevo y lo hemos hecho a nuestro gusto, adaptándolo a nuestra manera de cocinar", explican.

Una nueva Casa Pedro

El nuevo espacio es un cambio total. Eso sí, la filosofía de Casa Pedro se mantiene.

"No hemos cambiado nuestra esencia gastronómica. Al final, los dos estamos en la cocina, eso sigue igual", aseguran.

La nueva Casa Pedro mantiene algunos de los platos más reconocibles de su trayectoria, entre ellos la trucha pirenaica, los canelones y los caracoles.

Eso sí, el cambio de local ha traído nuevas propuestas también para la carta. Hay un apartado de bocados para comenzar la experiencia y una sección dedicada al origen vegetal, con varios platos en los que las verduras adquieren el protagonismo. La propuesta responde también a los nuevos hábitos de consumo y a la búsqueda de alternativas más saludables para quienes comen habitualmente fuera de casa.

"Hemos hecho un apartado de origen vegetal, con cuatro o cinco platos vegetales como protagonistas, pensando un poco en los nuevos hábitos de consumo, en esa sostenibilidad", detalla Javier. La intención es también atender a "ese cliente que todos los días come fuera de casa", incide el hermano.

La tradición no desaparece. Ejemplo de ello es el jarrete de cordero al estilo Casa Pedro, que es el plato más antiguo del restaurante.

"Desde 1950 la receta se mantiene tal cual", aseguran, y añaden que la única diferencia con antaño es que ahora la presentan "en un plato un poquito más moderno".

Dos menús para recorrer su historia

La nueva etapa incorpora también un segundo menú degustación.

El menú Carcas mantiene diez pases y tiene un precio de 60 euros. A él se suma el menú Esencia, de 13 pases y 80 euros, concebido como un recorrido por algunos de los platos que explican la historia del restaurante.

Entre sus propuestas aparece la mar de Pincho, reconocida como mejor tapa de España en 2018, además de una propuesta vegetal, cambios de pescado y carne y el mencionado jarrete de cordero. "Durante el menú se van recorriendo un poco todos esos platos que cuentan nuestra historia", cuentan.

La cocina de los hermanos Carcas se define como "tradicional y reinterpretada", basada en "el producto y el sabor", pero abierta a "influencias de otras culturas".

Todo ello, "sin perder la esencia".

Un ejemplo es la corvina acompañada de un curry verde de borrajas. "Con producto de aquí, de Aragón, reinterpretamos y cogemos un poco de esa cocina tailandesa", detallan.

Y, pese a llevar tan solo una semana abiertos en el nuevo local, la respuesta del público no se ha hecho esperar.

"La verdad es que ha sido una locura", reconocen, muy sonrientes ambos. Las inauguraciones estuvieron acompañadas de "bastantes nervios, emociones" y, desde el primer servicio, "el teléfono está que no para".

"Ahora estamos prácticamente completos todas las semanas, aunque es verdad que no abriremos al 100% de capacidad hasta dentro de unas semanas", explican.

Muchos de quienes han regresado al restaurante son clientes que han acompañado a los hermanos durante los últimos años y que han seguido de cerca todo el proceso.

"Lo han vivido, y sufrido, con nosotros estos últimos dos años", cuentan.

Novedades

El nuevo espacio no está pensado únicamente para las comidas habituales.

Casa Pedro cuenta con dos reservados, con capacidad aproximada para 10-12 y 12-14 personas. Ambos pueden funcionar por separado gracias a una cortina acústica o abrirse para formar un espacio capaz de acoger grupos de hasta unos 25 comensales.

También se han instalado proyectores en diferentes espacios, una decisión pensada para las comidas, presentaciones o reuniones de trabajo. "Eso teníamos claro que queríamos potenciar que, si una empresa quiere venir, se sientan cómodos. Y que coman bien, claro", confirman.

Aragón no está únicamente en el plato.

Está también en las paredes, en la madera, en el mimbre y la iluminación de la mano de artistas aragoneses como Raúl del Chano o Fernando de la Fragua.

El proyecto de interiorismo se ha desarrollado bajo la dirección de Ana Bendicho, de Estudio Novo. "Es la que nos ha ido viendo crecer. En cuanto compramos el local teníamos claro que tenía que formar parte del proyecto", aseguran,

Para la nueva Casa Pedro buscaron también la colaboración de artesanos aragoneses. "Queríamos que todo fuera de la tierra", insisten.

Por ejemplo, las paredes están realizadas con yeso de alabastro de Andrés Millán, de Nohuki, un material característico de la tierra que, "además de su valor estético, aporta propiedades acústicas y ayuda a regular la temperatura", explica Javier.

"Queríamos mantener un poco esa calidez de Casa Pedro, esa tranquilidad. Que la gente se sintiera en un sitio acogedor". concluyen.