Pablo Verdú, Daniel Adriasola, Adriel Sánchez, Judit Farrando, Nayara Agüir, Alicia Martínez Moreno y Héctor Fernández.
Lucentum, cantera y barrio: el deporte femenino de Alicante reclama más apoyo, más relato y más futuro para sobrevivir
Jugadoras, cantera, barrio y periodismo coincidieron en una misma idea: el deporte femenino ya no necesita solo aplausos, sino estructuras, patrocinios, compromiso y continuidad.
Más información: El Lucentum femenino se asegura plaza en Liga Femenina 2 y abre una fase de consolidación del proyecto
Alicante celebró la pasada tarde del viernes algo más que una mesa redonda. Celebró un ascenso, pero sobre todo celebró una forma de entender el deporte femenino que va mucho más allá del marcador. Bajo el título “Alicante con el deporte femenino”, EL ESPAÑOL de Alicante, con la colaboración de la Generalitat Valenciana y la Fundación Lucentum, reunió en el CdT a jugadoras, responsable de base y una voz periodística para poner sobre la mesa una idea compartida: el crecimiento existe, pero aún necesita estructura, relato y continuidad.
“Alicante con el deporte femenino” reunió a protagonistas de distintas capas del proyecto Lucentum para hablar de un equipo que acaba de dar el salto a Liga Femenina 2 y de un ecosistema que empieza a consolidarse desde la base, el barrio y los medios de comunicación.
La jornada sirvió para constatar que el ascenso del Lucentum femenino no es una anécdota ni un premio aislado, sino la consecuencia de un trabajo sostenido durante años. Y también para recordar que, en el deporte femenino, cada avance competitivo arrastra una pregunta inevitable: ¿cómo se sostiene ese crecimiento cuando desaparece la euforia del triunfo?
En la mesa, esa duda apareció una y otra vez, formulada de distintas maneras por jugadoras, por quien trabaja con niñas en la Zona Norte y por un periodista que no eludió la autocrítica del sector.
Judit Farrando fue una de las voces que mejor resumió esa sensación de cambio de etapa. Habló de una temporada de transición, pero también de ilusión, consciente de que la nueva categoría exigirá más viajes, más desgaste, más preparación y una profesionalización más fina de todos los detalles. Su mensaje no fue de alarma, sino de realismo: el salto es ilusionante, pero obliga a mirar de frente la exigencia de una liga más dura, más larga y más cara. En sus palabras quedó clara la idea de que el club ya ha demostrado capacidad para competir; ahora debe demostrar capacidad para asentarse.
Judit Farrando, jugadora del Lucentum, junto al periodista Pablo Verdú.
En el terreno profesional, la jugadora fue muy nítida al asegurar: “Aquí no hay cotización laboral, no hay nada laboral. O sea, al final jugamos porque queremos jugar, nos supone un esfuerzo jugar, pero estamos dispuestas a aceptarlo y a nivel económico y laboral el baloncesto no te saca de nada".
Judit Farrando
“Aquí no hay cotización laboral, no hay nada laboral. O sea, al final jugamos porque queremos jugar, nos supone un esfuerzo jugar, pero estamos dispuestas a aceptarlo y a nivel económico y laboral el baloncesto no te saca de nada"
Adriel Sánchez llevó ese argumento un paso más allá al explicar que el proyecto no ha surgido de la improvisación, sino de una base construida con paciencia. Recordó que el equipo se ha ido haciendo fuerte a partir de la complicidad interna, de una plantilla que se conoce, se entiende y se ha ido consolidando poco a poco.
Esa mirada hacia dentro ayudó a entender que el ascenso no llega como una explosión efímera, sino como la consecuencia lógica de una estructura que ha ido madurando. Y dejó otra idea importante: que el nuevo escenario no dependerá solo de lo que pase en la pista, sino también del respaldo que reciba fuera de ella.
La jugadora del Lucentum Femenino Adriel Sánchez, durante el debate.
En cualquier caso, pidió paciencia a la afición: "Nunca se sabe realmente si se está preparado o no para este salto, pero al final es un año de transición y tenemos que tener paciencia. Todo el mundo tiene que entender que el voluntarismo es necesario completamente para los años de transición”.
Adriel Sánchez
"Todo el mundo tiene que entender que el voluntarismo es necesario completamente para los años de transición”
La intervención de Nayara Agüir, la más joven de las jugadoras, aportó otra capa de sentido a la jornada. Su historia, la de una jugadora que ha crecido en el club desde categorías inferiores hasta debutar con el primer equipo, simboliza la importancia de la cantera como espacio de formación deportiva y humana.
Nayara habló con naturalidad de sacrificio, de oportunidades y de esfuerzo, y recordó que llegar arriba no depende únicamente de tener talento, sino de sostenerlo en el tiempo. Su presencia en la mesa reforzó una de las grandes virtudes del Lucentum: la capacidad de generar pertenencia y de hacer que una jugadora joven sienta que el primer equipo no es una meta lejana, sino una posibilidad real.
Nayara Agüir, la más joven incorporación al Lucentum Femenino.
Nayara Agüir
"Desde mi punto de vista no ha sido cuestión de oportunidades, porque al final, tanto yo como muchas otras de mis compañeras, hemos tenido la oportunidad de estar en el primer equipo, tanto en entrenos como en partidos y al final creo que lo importante es el sacrificio que cada una está dispuesta a asumir"
"Desde mi punto de vista no ha sido cuestión de oportunidades, porque al final, tanto yo como muchas otras de mis compañeras, hemos tenido la oportunidad de estar en el primer equipo, tanto en entrenos como en partidos y al final creo que lo importante es el sacrificio que cada una está dispuesta a asumir", aseguró la jugadora.
Reto social más allá de lo deportivo
Pero si hubo una parte del debate que amplió de verdad el foco fue la intervención de Alicia Martínez Moreno, coordinadora de Lucentum Zona Norte. Su testimonio conectó el baloncesto con la función social del deporte y situó el proyecto en un terreno mucho más amplio que el puramente competitivo.
Alicia habló de niñas, de familias, de barrios con menos recursos y de la importancia de que el deporte femenino llegue allí donde antes apenas tenía presencia. Explicó que el proyecto ha tenido una respuesta inmediata en la zona, hasta el punto de llenar plazas disponibles desde el primer día, y subrayó que el hecho de que las responsables visibles del programa sean mujeres también multiplica su valor como ejemplo. En su relato, el deporte no aparece como entretenimiento ni como accesorio, sino como una puerta de entrada a la igualdad, a la participación y a la autoestima.
Alicia Martínez Moreno, coordinadora de Lucentum Zona Norte..
Ese papel social del Lucentum quedó todavía más claro cuando explicó que las niñas del barrio siguen a las jugadoras, las reconocen, les piden camisetas y las convierten en referentes cotidianos. No son modelos lejanos vistos solo por televisión, sino nombres y rostros que aparecen en su entorno inmediato, en el colegio, en los entrenamientos o en las visitas puntuales a actividades del club. Ahí reside gran parte de la fuerza del proyecto: en su cercanía, en su capacidad para que una niña de la Zona Norte pueda imaginarse a sí misma vestida de corto y defendiendo los mismos colores.
Alicia Martínez
"La media nacional de participación de niñas migrantes en el deporte es de un 32% y en Fundación Lucentum tenemos una participación del 63%, o sea, estamos doblando la participación"
Además, introdujo un importante aspecto cultural en el debate: "En la zona norte y en concreto donde estas dos temporadas hemos estado entrenando, que es en Colonia Requena, hay una mayoría árabe, que en su mayoría además viene de creencias musulmanas y sabemos que en ramas muy fundamentalistas del Islam aún la participación de la mujer en el deporte pues esto es un reto también a nivel familiar".
"La media nacional de participación de niñas migrantes en el deporte es de un 32% y en Fundación Lucentum tenemos una participación del 63%, o sea, estamos doblando la participación, la media de participación nacional en proyectos como estos", se enorgulleció.
La mesa dio también espacio a la mirada más incómoda, la mediática. Pablo Verdú, periodista deportivo de EL ESPAÑOL, no esquivó la cuestión de fondo: el deporte femenino sigue sin recibir el mismo tratamiento que el masculino, ni en exposición, ni en seguimiento, ni en conversación pública.
Pablo Verdú, periodista deportivo de EL ESPAÑOL De Alicante.
Su intervención tuvo un punto de autocrítica valioso porque no se limitó a señalar a la audiencia o al mercado, sino que puso el foco en las rutinas de las redacciones, en la reducción de plantillas y en la tendencia a vivir pendiente de lo que genera más clics. Desde ahí defendió que la misión del periodismo no puede ser solo perseguir lo que más tráfico produce, sino también contar aquello que importa aunque no siempre sea lo más rentable.
Verdú añadió además una reflexión cultural que atravesó el acto entero: el deporte femenino no necesita ser comparado permanentemente con el masculino para ser valioso. El problema no es que las mujeres jueguen a “otra cosa”, sino que durante demasiado tiempo se ha querido medir su rendimiento con un patrón ajeno, como si la única manera de reconocer su mérito fuera ponerlo siempre en relación con el referente masculino.
Su argumento conectó con el resto de la mesa porque, en el fondo, lo que pedían las jugadoras y lo que reclamaba la responsable del proyecto social en la Zona Norte de Alicante era exactamente eso: ser valoradas por lo que son, no por lo que supuestamente les falta para parecerse a otros.
Pablo Verdú
"La gente se lo tiene que creer y tiene que pensar que es un producto que se puede vender y que tiene valor de mercado por sí solo (…) Tiene que haber una concienciación de que invertir en el deporte femenino es algo que está calando en la sociedad”
Incluso reivindicó la importancia de la implicación económica de las empresas en el mantenimiento de proyectos como el Lucentum Femenino: "La gente se lo tiene que creer y tiene que pensar que es un producto que se puede vender y que tiene valor de mercado por sí solo (…) Tiene que haber una concienciación de que invertir en el deporte femenino es algo que está calando en la sociedad”.
En ese sentido, el ascenso del Lucentum femenino habla de competitividad, de ambición y de trabajo bien hecho, pero también de una ciudad que puede encontrar en el deporte femenino un relato poderoso, propio y cada vez más visible.
El club ha dado un salto deportivo, pero la jornada dejó claro que su influencia ya venía creciendo por otros caminos: en la base, en los barrios, en la relación con las familias, en la construcción de referentes y en la progresiva normalización de ver a mujeres protagonizando proyectos que antes parecían reservados a la órbita masculina.
La gran conclusión de la tarde fue que el Lucentum femenino no solo ha ascendido de categoría. Ha ascendido también a un espacio de mayor responsabilidad pública. A partir de ahora, cada partido, cada patrocinio, cada imagen y cada iniciativa de cantera dirán algo más que el resultado de una jornada.