Computación

Robots profesores, abogados o periodistas: la invasión de la inteligencia artificial

Bufetes de abogados que contratan robots, profesores cibernético que 'engañan' a los alumnos... La inteligencia artificial está poco a poco entrando en nuestras vidas de las formas más insospechadas.

¿Tenemos derecho a saber si quien contratamos es humano?

¿Tenemos derecho a saber si quien contratamos es humano?

El bufete estadounidense de abogados Baker & Hostetler anunció recientemente que han contratado a ROSS, "el primer abogado artificialmente inteligente del mundo", para echar una mano en casos de bancarrota empresarial. Este bufete, que cuenta con 50 abogados humanos, piensa ampliar las competencias de ROSS a otros casos próximamente.

ROSS se basa en Watson, la plataforma de computación cognitiva desarrollada por IBM, y es capaz de leer y comprender, generar hipótesis cuando se le pregunta, y responder con referencias y citas -está diseñado para bucear rápidamente en normativas y jurisprudencia- para respaldar sus conclusiones. Y además tiene capacidad de aprendizaje: cuanto más se utiliza, más rápidas y certeras serán sus respuestas, que no son meras referencias sino textos estructurados según su propio criterio.

En otros ámbitos, como en el comercio, poco a poco van ocupando espacios que cada vez son más reales y menos experimentales. A lo largo de este año, y después de ciertas experiencias en Japón, el desembarco de robots en las tiendas podría ser ya una realidad este año, y cadenas como Best-Buy ya han experimentado con sistemas robotizados en algunas de sus tiendas.

IBM se ha asociado con Softbank para fabricar robots, con una cierta apariencia humana (androides), que ayuden a los clientes en las tiendas al por menor, como Pepper y Nao, también equipados con sistemas basados en Watson de IBM. La idea no es sustituir a humanos en las tareas de ventas, sino servir como complemento y apoyo.

Profesora

Mientras, y en el ámbito académico, quédense con este nombre: Jill. También basada en Watson de IBM, este robot es un experimento del Instituto de Tecnología de Georgia (EEUU), que ha estado funcionando este año como profesora asistente en los cursos online de esta institución, que dan servicio a unos 300 alumnos, quienes han sido usados como 'cobayas humanas' sin saberlo.

Con un lenguaje correcto, estructurado y a menudo colonial, los alumnos no sospechaban que quienes les estaba atendiendo era una máquina, según cuenta un amplio reportaje de The Wall Street Journal.

¿Están los robots para ayudarnos o para sustuirnos?

¿Están los robots para ayudarnos o para sustuirnos?

Así, durante meses, Jill ayudaba a los alumnos a resolver dudas sobre diseñar programas que, a su vez, resuelven problemas. El proyecto arranco el pasado año, cuando un equipo de investigadores del centro comenzó a crear a Jill Watson mediante el estudio pormenorizado de casi 40.000 publicaciones en un foro de discusión, y la programaron para responder a las preguntas que suponían que podían ser más plausibles. A finales de marzo, Jill comenzó a trabajar.

Según el mencionado reportaje, Jill no se parece en nada a los asistentes virtuales que podemos encontrar en los sitios web de bancos o líneas aéreas: sólo responde a una cuestión si tiene una tasa de confianza de al menos el 97%.

Periodista

Algunas agencias de noticias y medios de comunicación llevan experimentando con robots desde hace tiempo. Associated Press (EEUU) tiene automatizadas algunas de sus secciones, de forma que son robots quienes generan algunas informaciones que emiten, especialmente financieras. También la agencia pública de noticias Xinhua tira de robots para la redacción rápida de ciertas informaciones.

Algunos diarios han utilizado bots para generar artículos rápidamente, como hizo Le Monde durante las elecciones del domingo 22 de marzo de 2015. Otros medios han experimentado con bots en diversas plataformas, como The New York Times, mientras algunos ven en el uso de estas herramientas un futuroincierto para el periodismo. Y para los periodistas.

Mantener una conversación más o menos natural o coherente no es algo nuevo, ni mucho menos. Plataformas como Alexa de Amazon, Siri de Apple y Cortana de Microsoft permiten desde hace años preguntar a nuestros dispositivos con la voz y recibir respuestas que tienen sentido. Y existen asistentes personales que reaccionan al lenguaje personal capaces de gestionar una agenda. Y funciona de maravilla.

Incluso existen robots 'escritores', capaces hasta de emocionar al jurado de un concurso, aunque la generación de obras literarias por parte de máquinas que se dedican a imitar estilos y adaptar tramas no es algo nuevo. Eso sí, la inteligencia de estas máquinas, su capacidad de aprendizaje, no ha parado de evolucionar. Ya hablamos con robots.

Según Satya Nadella, director general de Microsoft, el "lenguaje humano es la nueva interfaz del usuario" y los bots estarán en medio, como las nuevas aplicaciones. Aunque aún existen problemas que solventar, como sufrió en sus propias carnes esta compañía estadounidense, al probar un sistema de inteligencia artificial en redes sociales que fue troleado, aprendió lo que no debía y se volvió primero racista y luego spammer.

No obstante, en mitad de tanto avance se plantea una duda razonable: ¿tenemos derecho a saber si quien nos informa, nos enseña o nos atiende al otro lado de la pantalla o del teléfono es un ser humano o un robot?