Psicología

Por qué no te gusta que ataquen a este robot

¿Qué hace que sintamos lástima al ver cómo empujan y tiran al suelo a una máquina, que no tiene sistema nervioso ni capacidad para sentir dolor?

El pobre robot Atlas reacciona pacíficamente a los leñazos.

El pobre robot Atlas reacciona pacíficamente a los leñazos.

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Atlas es el robot humanoide más avanzado del mundo en estos momentos. Boston Dynamics, la empresa que lo ha construido, ha demostrado sus capacidades en un vídeo que se ha hecho viral en Internet. Entre las pruebas a las que se somete a este androide están el apartarle las cajas que tiene que levantar o empujarlo con un palo hasta el punto de tirarlo al suelo.

Pese a su apariencia bípeda no deja de ser un complejo entramado de circuitos, conectores, cables, sensores y un variopinto sinfín de componentes de hardware. Y sin embargo, al ver cómo el robot trastabilla y se desploma contra el suelo después de un empujón del probador, la primera reacción despierta un sentimiento de lástima.

Muchos portales de noticias se han hecho eco de las "perrerías" a las que se somete al robot en el vídeo, mientras que las redes sociales se han llenado de comentarios a favor del "pobre robot" que tiene que soportarlas. "Cuando la revolución de la inteligencia artificial empiece y las débiles formas de vida orgánicas sean perseguidas hasta los límites de la Tierra, recordad este vídeo", satirizaban desde el blog Engadget en su artículo sobre Atlas.

El hecho de que se nos quede mal cuerpo al ver cómo maltratan al robot tiene que ver con la empatía, una capacidad que nos despiertan más aquellos que más se parecen a nosotros. Así lo indica Marta Cañeque, psicóloga especialista en inteligencia emocional, el campo de la psicología que estudia la gestión de las emociones, propias y ajenas.

Aparte de un aspecto, Atlas tiene un movimiento similar al de un humano. Al andar balancea los brazos y al tropezar mantiene el equilibro como lo podría hacer una persona. Un estudio publicado por la revista Scientific Reports (perteneciente a la editorial Nature) el pasado año examinó la respuesta empática hacia los robots cuando a estos se les iba a "hacer daño". Se mostraba una mano robótica a punto de ser cortada con unas tijeras y se comparaba con otra imagen de una mano humana en la misma situación. Tras medir la activación neuronal de varios espectadores se comprobó que la parte del cerebro que se activaba con la mano humana también se ponía en marcha con el miembro artificial.

"La empatía tiene mucho que ver con la educación que hemos recibido, las experiencias que hemos vivido, nuestro aprendizaje o los factores biológicos, como las neuronas espejo, pero también influye mucho la similitud con quien vamos a empatizar", explica Cañeque.

Las neuronas espejo o la anticipación

Este tipo de neuronas son las que explican por qué bostezamos cuando vemos a alguien hacerlo. "La capacidad de empatía se debe a estas neuronas espejo, que nos permiten reconocer una acción en otra persona y comprender por qué actúan así", apunta Cañeque. Y aquí llegamos a otro punto importante del vídeo. "Aparece una persona con un palo de madera y las neuronas espejo nos ayudan a adelantarnos a lo que va a pasar". Suponemos que el robot va a ser golpeado, asociamos a la persona que aparece malas intenciones y nos ponemos en su contra.

Esta anticipación también nos asalta cuando estamos viendo una película y aparecen pistas que indican que va a ocurrir algo, según explica Cañeque, como la irrupción del asesino o que el coche se va a averiar mientras cruza ese puente maltrecho.

Pero hay otros factores. "Nosotros, de forma natural, tenemos un poco de aprensión a la agresividad, que nos genera rechazo". La empatía invita a tener una actitud social y cualidades como el altruismo o la generosidad se asocian a ella, mientras que las conductas sociales negativas, como la agresividad y la violencia, generan rechazo.

Somos naturalmente empáticos con los robots.

Somos naturalmente empáticos con los robots.

En el vídeo se ve cómo Atlas avanza por la nieve con dificultad, incluso parece que tropieza y esto hace que lo veamos como un ser vulnerable. "Cuando vemos a alguien que nos resulta vulnerable la parte cerebral de la empatía también salta", Cañeque añade que hay estudios con niños o incluso con mascotas, donde se ha observado que la parte empática se activa antes con ellos que si se trata de un adulto.

Nuestra cultura robótica

La empresa española Pal-Robotics está especializada en robots humanoides. Francesco Ferro, CEO de la compañía, es naturalmente uno de los muchos que ha visto el vídeo de Atlas. "Me he fijado más en la parte técnica del robot y no tanto en el aspecto emocional", pero incluso él, con una fuerte deformación profesional en este tema, reconoce haber pensado en algunos momentos que "se habían pasado" con el robot.

Al desarrollar los robots humanoides, uno de los aspectos importantes para Pal-Robotics es buscar que despierten un determinado tipo de emociones en las personas. Son robots de servicio, lo que quiere decir que están pensados para ayudar a la gente y ofrecer una cara amable. El resultado no es casual sino la suma de esfuerzos de ingeniería. Una de las cosas que hacen estos androides es gesticular y tener un lenguaje corporal cuando están delante de una persona, para que esta comprenda de una manera más natural que le están escuchando.

Un amable robot que siempre escucha.

Un amable robot que siempre escucha.

Ferro cree que la proliferación de estos robots de servicio está influyendo en la imagen que la gente tiene de los androides. "Se ha despertado el sentimiento en la gente de que los robots son una herramienta que puede ayudarnos, así que no hay que maltratarlos", comenta en relación al vídeo.

Es un aprendizaje cultural. Comparable a otros que hemos adquirido en relación con la robótica. Ferro menciona el dogma de la infalibilidad: "En la cultura occidental se nos ha enseñado que el robot es una máquina, está programado y no falla. Es un mito que se tiene que echar abajo porque los robots fallan".

En un estudio reciente se simuló una situación de emergencia y se comprobó el comportamiento de la gente durante la evacuación. Para encontrar la salida se podían seguir los paneles luminosos o ir tras un robot, habilitado para esta misión. El robot y los paneles se contradecían, pero la gente siguió al robot, que estaba mal programado y los llevó a una habitación cerrada.

"Desde el punto de vista emocional es interesante ver cómo la gente a veces puede confiar más en un robot que le muestra el camino antes que en los paneles claros, que indican la salida de emergencia", comenta Ferro.