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Un buen desayuno, el aliado para rendir más en clase

La primera comida del día es más importante de lo que parece: ayuda a que los escolares estén más activos y rindan mejor en el colegio pero también reporta innumerables beneficios a largo plazo.

Leche, cereales y fruta no deben faltar para empezar con energía la jornada.

Leche, cereales y fruta no deben faltar para empezar con energía la jornada.

"Desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo". El refranero suele apuntar hacia consejos que, si bien sólo se apoyan en la sabiduría popular o en la tradición, acaban siendo certeros. Lo que está claro es que más allá de las palabras en este caso, al menos, se cumple. Porque tan importante para la salud es el qué se ingiere como el cuándo. Y el desayuno, como apunta el dicho, bien puede considerarse la comida más importante del día.

Empezar la jornada con energía es vital para responder adecuadamente a las exigencias de la rutina habitual. Pero esto, que es una obviedad, no encuentra una correlación con la realidad de acuerdo a las estadísticas. Los números, especialmente los que atañen a los menores, denotan que las prisas, la falta de costumbre o el desconocimiento dejen a entre el 20 y el 40% de los escolares sin desayunar, según los datos que maneja la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Cereales, fruta y lácteos: el desayuno ideal

La SEEN también recoge otro dato significativo: de los que sí consumen algo, el 50% no hace un "buen desayuno". Pero ¿qué significa esto? Según el acta pediátrica 'El desayuno en la infancia: más que una buena costumbre' [PDF], la primera comida aporta algunas pistas. Este momento del día debe aportar a la dieta entre el 20 y el 35% de las calorías diarias. Se trata de una ingesta imprescindible para obtener un rendimiento máximo durante las horas siguientes y que, además, "no se compensa", destaca el texto, "con el resto de las comidas".

Entre los consejos para el "desayuno ideal" que aporta este documento -refrendado por otras instituciones como la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición- el más directo es el de qué incluir en el menú. Según el informe, el desayuno debe contener alimentos pertenecientes a distintos grupos: cereales, preferentemente integrales; fruta, fresca o en zumo; y por último, los lácteos o derivados.

La leche siempre debe estar presente

La alusión a la leche en este punto es muy importante porque por su composición aporta buena parte de los nutrientes que permiten completar posibles carencias en la ingesta diaria. De hecho, y como se apunta en el informe 'La leche como vehículo de salud para la población' [PDF], son los más pequeños los que más leche consumen y tal vez su 'público' más importante. Y es que una vez que se abandona la lactancia y hasta la adolescencia, las necesidades nutricionales son tan específicas que la leche por si misma o, por extensión las de energía y crecimiento, sirven para equilibrar las dietas.

De hecho, y tal como señalan los doctores Dalmau Serra y Moreno Villares en el acta pediátrica 'Leches de crecimiento en la alimentación infantil' (2011) [PDF], aunque una dieta equilibrada puede aportar al pequeño los nutrientes que necesita, la realidad es que rara vez se cumplen las recomendaciones. Así, este tipo de leches adaptadas ayuda a cubrir esas hipotéticas carencias.

Por otra parte, el aporte de calcio que ofrece la leche es otro de sus grandes avales. En una etapa donde el menor está desarrollando su estructura ósea, un aporte óptimo de este nutriente durante estos años es vital para un desarrollo correcto del cuerpo y, de paso, para evitar problemas en la edad adulta. La leche se erige pues en una de las fuentes más importantes -si no en la que más- para la asimilación de este componente porque ofrece ya no sólo una cantidad elevada en su composición sino una biodisponibilidad muy alta, esto es, un aprovechamiento máximo.

El desayuno como parte de la educación

Construir una salud de hierro empieza, por tanto, desde primera hora del día. Pero hay que ser constante porque los beneficios del desayuno en la salud se obtienen a partir del hábito. Es otra de las líneas que destaca 'El desayuno en la infancia: más que una buena costumbre', donde se apunta que ese mencionado "desayuno ideal" comprende otros puntos encaminados a que esta comida se convierta en una saludable costumbre, empezando porque los adultos "den ejemplo" a los más pequeños.

En el informe se lee que "las comidas en familia durante la adolescencia pueden tener una influencia positiva duradera en la calidad y los patrones de comida en la juventud". Parte de la culpa de que el estilo de vida haya variado estas costumbres se encuentra en que "los platos tradicionales se sustituyen por alimentos más prácticos y sencillos, habitualmente a base de hidratos de carbono simples, proteínas animales y exceso de grasas". La proliferación de las máquinas de 'snacks' y la bollería industrial van en contra de la línea que se defiende y los números también lo reflejan: del 45% de los escolares que toman un desayuno a mitad de mañana, el 29% toma un bocadillo, el 27% opta por la bollería y el 15%, galletas. El 8% se conforman con chucherías.

Esta 'clasificación' apoya otra de las evidencias científicas acerca de las bondades de un desayuno de calidad, que es la relación entre el desayuno y el peso corporal. Muy en contra de lo que a veces pueda pensarse, desayunar bien y de acuerdo a estas recomendaciones se asocia a un menor índice de masa corporal (IMC), lo que se explica, según el documento, por dos factores: "la regulación del apetito" y "la calidad global de la dieta". En todo caso, el impacto en la salud es obvio: permite prevenir la obesidad.

Más atentos, más ágiles... y con mejor humor

Los escolares que desayunan rinden mejor, prestan más atención y tienen un comportamiento positivo.

Los escolares que desayunan rinden mejor, prestan más atención y tienen un comportamiento positivo.

Aunque sea difícil valorar los beneficios a largo plazo, las bondades del desayuno también reportan efectos más evidentes e inmediatos. La ciencia ha demostrado que acudir al aula con el estómago lleno hace que los niños estén más atentos, más participativos y cometan menos errores en sus tareas; además, se fomenta la agilidad mental y la memoria.

Numerosos estudios que han analizado la influencia del desayuno en el rendimiento escolar han constatado "los cambios metabólicos y neurohormonales producidos tras la ingesta de esta primera comida del día". Y aunque académicamente no tiene tanta repercusión, otro de los efectos de desayunar todos los días, y desayunar de acuerdo a estas pautas, es que también hace que los pequeños tengan mejor humor y un comportamiento más positivo. Así que doble premio: empezar el día con un buen desayuno te hace mejor y te coloca en la cara la sonrisa.

'Un buen desayuno, el secreto para rendir más en clase' es un contenido patrocinado por Instituto Puleva de Nutrición.