Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea.

Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea. Imagen de archivo

Sociedad

La UE confirma las nuevas reglas: ahora pide completar este requisito para moverse dentro del espacio Schengen

La UE implanta el sistema de entradas y salidas (EES) que elimina el clásico sellado de pasaportes por registros digitales y datos biométricos.

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Las claves

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La Unión Europea activa el nuevo Sistema de Entradas y Salidas (EES), sustituyendo los sellos en pasaportes por un registro digital biométrico obligatorio para acceder al espacio Schengen.

El EES aplica a ciudadanos de fuera de la UE y Schengen que viajen por estancias cortas, quienes deberán registrar fotografía facial y huellas dactilares al cruzar la frontera.

El proceso de registro se realiza en el punto de entrada, aunque existe una aplicación para prerregistrar datos y agilizar el trámite, pero se prevén importantes retrasos en los primeros meses.

El sistema busca reforzar la seguridad y la gestión migratoria, permitiendo detectar estancias irregulares y evitando fraudes documentales, aunque plantea retos tecnológicos y de privacidad.

Viajar por Europa ya no será lo mismo.

La Unión Europea ha activado definitivamente el nuevo Sistema de Entradas y Salidas (EES), una herramienta que transforma los controles fronterizos y que introduce un requisito clave para millones de viajeros: el registro obligatorio de datos biométricos para poder acceder al espacio Schengen.

Desde el 10 de abril de 2026, este sistema sustituye los tradicionales sellos en el pasaporte por un registro digital que almacena información sobre cada entrada y salida.

El cambio no es menor. Supone un giro hacia un modelo de control más automatizado, en el que la identidad del viajero se valida mediante tecnología y no solo con documentos físicos.

El EES se aplica a ciudadanos de fuera de la Unión Europea y del espacio Schengen que viajan por estancias cortas, de hasta 90 días en un periodo de 180. Esto incluye tanto a turistas como a viajeros de negocios, incluso si están exentos de visado.

En cambio, quedan fuera del sistema los ciudadanos europeos, los residentes legales en la UE y ciertos colectivos con permisos específicos.

El requisito central es claro: todos los viajeros afectados deberán registrar su información personal y biométrica al cruzar la frontera. Esto implica facilitar una fotografía facial y, en la mayoría de los casos, las huellas dactilares.

Sin este paso, el acceso será denegado automáticamente. La Comisión Europea ya ha advertido de que miles de personas han sido rechazadas en los últimos meses por documentación incorrecta o por no justificar adecuadamente su viaje.

El nuevo sistema no exige un registro previo obligatorio, ya que el proceso se realiza en el propio punto de entrada. Sin embargo, la UE ha habilitado herramientas para agilizarlo.

Entre ellas destaca la aplicación "Travel to Europe", que permite a los viajeros prerregistrar sus datos hasta 72 horas del viaje. Aunque esta opción no sustituye el control en frontera, sí puede reducir los tiempos de espera.

Y es precisamente el tiempo uno de los grandes retos de esta nueva etapa. Las autoridades aeroportuarias ya advierten de retrasos significativos, especialmente en los primeros meses de funcionamiento.

En horas punta, las colas pueden alcanzar hasta dos horas, lo que obliga a los viajeros a llegar con mayor antelación de lo habitual. El objetivo es que estos problemas se reduzcan progresivamente a medida que el sistema se consolide.

La implantación del EES responde a una estrategia más amplia de la Unión Europea para reforzar la seguridad y mejorar la gestión migratoria.

Con este sistema, se pretende detectar estancias irregulares, evitar fraudes documentales y facilitar la identificación de riesgos potenciales.

Los datos recogidos se conservarán durante tres años, lo que permitirá que los controles posteriores sean más rápidos y eficientes. No obstante, el cambio también plantea interrogantes.

La necesidad de compartir datos biométricos, la adaptación tecnológica de aeropuertos y fronteras, y el impacto en la experiencia del viajero son algunos de los aspectos que marcarán su evolución en los próximos meses.

En cualquier caso, la dirección es clara: moverse por el espacio Schengen ya no dependerá solo de mostrar un pasaporte válido.

A partir de ahora, será imprescindible cumplir con este nuevo requisito digital y biométrico, que redefine la forma de cruzar las fronteras europeas en plena era tecnológica.