Niño Becerra, economista.

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Sociedad

Niño Becerra, economista: "España depende del trabajo barato y muy intensivo, estamos como Alemania hace 30 años"

El economista fue crítico con el modelo productivo de España así como sus industrias en comparación a otros países europeos.

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Las claves

El economista Santiago Niño Becerra señala que la economía española depende en gran medida del trabajo barato y muy intensivo, especialmente en sectores como turismo, hostelería y comercio.

Niño Becerra advierte que este modelo productivo limita el crecimiento de la productividad y de los salarios, ya que se basa en volumen de actividad más que en eficiencia o innovación.

El economista compara la situación actual de España con la de Alemania hace 30 años, subrayando que la productividad anual española es similar a la alemana de 1996.

Niño Becerra sostiene que el verdadero problema de España es estructural y reside en la baja productividad, no en la falta de población.

El economista Santiago Niño Becerra ha vuelto a poner el foco en uno de los debates más recurrentes sobre la economía española: su modelo productivo.

En un reciente análisis, advierte de que el crecimiento del país se apoya en sectores que dependen de gran cantidad de mano de obra y salarios relativamente bajos.

El economista fue crítico con dicha estructura ya que, a su juicio, limita la capacidad de mejorar la productividad y los sueldos.

Según explica, el crecimiento económico actual de España no se basa tanto en la eficiencia o en la innovación como en el aumento del volumen de actividad.

"España está creciendo como yo digo por volumen, por masa", afirma, señalando dos fenómenos que impulsan esta dinámica: el aumento del turismo internacional y la llegada de la población jubilada extranjera que decide residir en el país.

Ambos factores generan actividad económica, pero también requieren una gran cantidad de servicios asociados.

Para atender esta demanda creciente, sostiene el economista, se necesita principalmente mano de obra.

"Hace falta trabajadores, trabajo, trabajo barato evidentemente; no hace falta inversión, hace falta trabajo", resume. Esta dinámica se refleja en el peso de determinados sectores en la economía española.

Actividades como el turismo, la hostelería, la restauración, el transporte, el ocio o el comercio representan cerca del 40% del PIB, según señala.

El problema, a su juicio, es que todos estos sectores son intensivos en factor trabajo, es decir, dependen de una gran cantidad de empleados para funcionar, pero generan relativamente poco valor añadido por trabajador.

En ese contexto, el modelo económico termina dependiendo de una fuerza laboral amplia, en muchos casos vinculada a salarios bajos o a condiciones laborales menos estables.

En este punto, el economista también menciona el papel de la inmigración en el sistema productivo.

Según explica, muchos de estos sectores requieren trabajadores adicionales que cubren puestos con remuneraciones reducidas, lo que permite sostener el volumen de actividad.

En sus palabras, se trata de empleo "poco pagado, poco remunerado, pero que hace mucho volumen".

Para Niño Becerra, esta situación no es nueva. Considera que se trata de un problema estructural e histórico de la economía española, caracterizada por ser intensiva en trabajo y poco intensiva en capital.

En otras palabras, el país ha apostado tradicionalmente por actividades con bajo valor añadido, lo que limita el crecimiento de la productividad.

La consecuencia directa es clara. "Una productividad baja no puede pagar salarios altos; una productividad baja tiene que pagar salarios bajos", afirma el economista.

Desde su punto de vista, este es uno de los principales obstáculos para mejorar los ingresos de los trabajadores.

Para ilustrar la situación, Niño Becerra utiliza una comparación contundente: la productividad anual de España equivale a la que tenía Alemania en 1996, es decir, hace aproximadamente 30 años.

Además, recordó que en las últimas dos décadas la productividad española ha caído un 7%, lo que agrava aún más el problema.

Con estos datos sobre la mesa, el economista cuestiona algunos debates habituales sobre el futuro económico del país. En su opinión, el verdadero desafío no es la falta de población o la necesidad de aumentar la natalidad.

"El problema de España, el problema de Europa y del mundo en general no es que falte población; es un problema de productividad", concluye.