Migrantes esperando a ser trasladados al Puerto de Ceuta.

Migrantes esperando a ser trasladados al Puerto de Ceuta. EFE

Reportajes EL CICLO

Los migrantes se extienden en los puntos críticos de Ceuta: 1.600 ocupan ya el puerto pero las playas vuelven a estar llenas

Sólo 15 policías tratan de impedir que se suban al ferry para llegar a la Península o que dañen las instalaciones.

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Mustafá, desde lejos, parece una estrella del pop en el lugar equivocado. Tiene el cabello recién cortado, usa unas gafas de sol Ray-Ban, lleva un bañador colorido, una camisa de tirantes y unas chanclas.

Su frente está sudorosa. Son, dice, los efectos de estar bajo la lona del campamento en el Puerto de Ceuta.

En parte se siente desesperado y tiene una sensación de agobio por las vallas que le rodean en un perímetro de varios kilómetros.

Se siente atrapado. Y por eso busca refugio donde no haya nadie, pese a que hay más de 1.000 personas instaladas en este punto tras el traslado realizado durante la mañana del 18 de septiembre.

Por una de las aberturas de la lona logra colarse. Su cuerpo es escuálido. Para tomar aire, da un par de pasos y, justamente, se recuesta sobre la valla que lo separa de la calle.

La tranquilidad únicamente duró unos segundos.

—¿Qué haces aquí? Tira pa’ dentro —dice uno de los guardias de seguridad del campamento.

Él intenta explicarle que solo necesita un espacio para respirar y no sentirse agobiado.

El guardia lo mira con un gesto serio y no responde nada más. Simplemente se da la vuelta y va hacia la segunda tienda del campamento.

—Uf —resopla—. Hay demasiada gente aquí dentro y, sólo en un par de horas, ya se ha generado tensión porque convivir entre tantos es casi imposible —asegura.

El exterior de uno de los campamentos en el Puerto de Ceuta.

El exterior de uno de los campamentos en el Puerto de Ceuta. Gustavo Molina Ceuta

Mustafá entró hace tres meses y no en la avalancha de más de 80.000 personas ocurrida a finales de julio, reconoce con una sonrisa pícara. Tampoco necesita estar allí, dado que tiene unas condiciones económicas favorables frente al resto de migrantes que le rodean.

Le teme a las fotografías y busca continuar en las sombras porque huyó de alguien en Marruecos.

—Pude entrar aquí en medio del traslado. Era obvio que no iban a entrar todos, pero allí afuera es imposible tener un alquiler, entonces esto es lo mejor que puedo hacer para intentar ir a la Península —asegura.

Cuando el guardia de seguridad se percata de que tras varios minutos Mustafá sigue fuera, se dirige hacia él y en un tono menos amistoso le dice que no puede estar allí.

—No estás en tu casa. Ve para adentro y no digas nada —le espeta.

Mustafá no tiene más remedio que volver a la lona. Algunos migrantes están calmados, aunque otros también se mueven inquietos por el lugar. Llegar allí no fue nada fácil.

Estar entre los 1.600 migrantes reacomodados en las carpas del Puerto de Ceuta es una mezcla entre suerte y maña, por la rapidez en haber llegado entre los primeros que buscaban un hueco.

Durante el traslado de las playas al Puerto de Ceuta, se realizó un operativo paralelo en el que varias decenas de migrantes argelinos fueron devueltos hacia su país en una acción conjunta entre España y Argelia.

Traslado fallido

Durante el día, varios grupos de migrantes intentaron llegar al Puerto de Ceuta, con la esperanza de poder entrar en alguno de los dos campamentos.

Algunos eran niños, otros jóvenes y el resto, adultos. Todos llegaban cabizbajos porque sabían que ya no había cupo, pero aún así lo intentaban.

"Es que ya no caben más. Además, esta mañana han hecho estragos por toda la ciudad", dice uno de los 15 policías que merodean el lugar.

Sus ojos estaban cubiertos por unas gafas de sol, pero se podía ver que estaba agotado.

"Es tremendo lo que pasamos. Parece que no fuéramos autoridad porque algunos hacen lo que quieren", agrega.

Dentro del recinto, los encargados de custodiar a los migrantes son guardias de seguridad privados. Algunas entidades ya han presentado quejas, denunciando que varias personas habrían orinando en la fachada del Banco de Alimentos.

Entre tanto, la situación en el exterior del campamento no es agradable. Algunas personas, tras ser avisadas de que no podían ingresar, dejaron en los alrededores bolsas con excrementos, botellas y alguna que otra prenda de vestir sucia.

Los exteriores del campamento, con excremento y ropa sucia.

Los exteriores del campamento, con excremento y ropa sucia. Gustavo Molina Ceuta

Al quedarse sin plaza, los más de 2.000 migrantes invadieron nuevamente las playas del Tarajal, Benítez, Calamocarro y Trampolín.

Playas ocupadas

Las tiendas de campaña en la playa del Trampolín no fueron recogidas. De alguna manera, gran parte de las personas que habitan allí desde hace un mes y medio sabían que, como en los anteriores intentos de traslado, habría gente que se quedaría fuera.

Cuando eso que esperaban se confirmó, simplemente regresaron y aceptaron su suerte, al igual que los vecinos, en los que la rabia se ha transformado en frustración.

"Sabíamos que esto iba a ocurrir y que volverían. Hace unos días nos dijeron que esta era la última noche de ellos en el Trampolín y aquí estamos de nuevo", dice un ceutí, un panorama que se repite en otras tres playas.

Javier Otero, portavoz de Jupol, asegura que "el Gobierno sigue improvisando" y que quienes "pagan" son los policías: "Hay mucha improvisación y el riesgo es para nosotros", expresa.

Los agentes de Policía están cansados. Llevan desplegados en Ceuta desde hace más de un mes, con turnos extensos y problemas de salubridad en el alojamiento donde descansan. A ello se suma que no tienen órdenes claras para actuar y proteger a los ceutíes, además de tener que enfrentarse a las reyertas entre los migrantes.

"Sabemos que en la playa del Trampolín están ofreciendo ‘alquilar’ algunas tiendas de campaña para los que no tienen dónde dormir. Y es un negocio turbio que está proliferando entre ellos, como tantos otros problemas, sobre los que nosotros no tenemos ninguna instrucción de cómo actuar", asegura a EL ESPAÑOL una fuente policial.

Ferrys a la Península

Pese a que las playas nuevamente están ocupadas, una de las mayores preocupaciones por parte de la Policía Nacional es que los migrantes que se encuentran en el Puerto de Ceuta estén cerca de los ferrys que van hacia la Península.

"No es algo de ahora. En anteriores ocasiones hemos alertado sobre algunos migrantes que intentan colarse en los ferrys que van hacia la Península", explica Otero.

Por ello, el portavoz de Jupol considera que la decisión de trasladar a 1.600 personas al Puerto de Ceuta es un error.

"Si ahora los migrantes tienen más cerca los ferrys, es muy factible que vuelvan a intentar montarse en alguno para llegar al otro lado", agrega.

Adicionalmente, la seguridad no es la mejor. En el interior, para proteger que eso no ocurra, solo están los guardias de seguridad. Y en el exterior, hay sólo hay 15 policías que merodean y vigilan la situación.

"Esta improvisación es algo que no puede continuar. Exigimos medidas contundentes y que se proteja la integridad de los agentes de la Policía", finaliza Otero.