Luis tiene nacionalidad italiana, pero nació en Colombia.

Luis tiene nacionalidad italiana, pero nació en Colombia. Arte E. E.

Reportajes

El 'agosto' del camello Luis en Palma: pasa de ganar 15.000 al mes a más de 100.000 porque "los 'guiris' consumen más coca"

Desde los 12 años está metido en el mundo de las drogas. En Colombia, su país de origen, asesinó a tres personas y tuvo que salir del país por las amenazas que sufrió.

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La historia de Luis, vista desde una óptica global, puede resumirse bajo una arista peligrosa. Es casi un cliché andante: joven, con pasado en adicciones y sin el amor de su familia. Viene desde Colombia y no conoce otro mundo que no sea el de las drogas.

Creció en soledad. Su madre lo abandonó cuando era un niño. Su padre, entre tanto, era un vigilante de seguridad en Palmira (Colombia). Desde pequeño le gustaba todo lo que giraba en torno a la noche: el licor, las mujeres y también las drogas.

Para él no fue un tabú empezar a drogarse primero con marihuana. Lo hacía sentir superior a las personas que tenían su edad.

"¿Cuántos niños de 12 años podían decir que ya se emborrachaban, se iban de 'farra' con mujeres y se drogaban?", asegura Luis —nombre protegido—.

En su cabeza, eso significaba que cada lunes se reunía con los compañeros de su colegio y les contaba las historias de sus noches.

Algunas veces exageraba y ponía detalles que nunca existieron. Otras tantas omitía escenas cuando sentía miedo de observar a algunos de sus cercanos drogarse con cocaína y ver cómo se transformaban.

"Yo de pequeño veía muchas series de narcotraficantes, me gustaba la historia de Pablo Escobar y me identificaba con él. Sabía que eso podía darme un estatus", asegura.

A su padre poco le interesaba lo que sucedía con Luis. Era una especie de carga que llevaba sobre sus hombros, aunque no lo reconociera. Su mujer lo había abandonado y él no tenía los suficientes recursos económicos para poder sostenerlo.

Luis lo mira en retrospectiva como algo positivo. En su cabeza no existe la culpa. En sus manos ha tenido armas, cuchillos, navajas. Ha peleado y también ha asesinado a otras personas.

No las cuenta, pero asegura que pasan de tres. Y todas ellas fueron asesinadas en Colombia.

"Lo hice porque debía hacerlo y ya", dice sin decir nada más al respecto. Ahora él reside en Palma desde hace más de 10 años. De su país de origen huyó porque le habían amenazado.

Pero su vida no cambió en mucho. Continúa haciendo lo mismo: vende droga, maneja una red de expendio de estupefacientes y se oculta trabajando como pizzero en un restaurante.

Cocaína

La primera vez que esnifó tenía 15 años. A las pocas semanas de ello tuvo una pelea mientras estaba drogado en la que casi pierde la vida.

"Siempre fui hincha del Deportivo Cali y era parte de la barra brava. En un callejón me encontré con cuatro personas del América de Cali (rival) y les grité algunas cosas. Ellos me persiguieron y al final me pegaron hasta dejarme inconsciente", agrega.

En ese tiempo seguía viviendo con su padre. La reacción de él cuando lo vio en un estado moribundo en su casa fue nula. Al día siguiente, como si no estuviera lleno de moretones por todo su cuerpo, lo envió a estudiar.

"Yo de momento no me arrepiento de la vida que he llevado. Me va bien con la elección que tuve. Tengo dinero, una mujer que está buena y manejo los tiempos de la forma en la que yo deseo", asegura.

Poco puede explicarse de una vida que estuvo decidida por un niño de 12 años, que nunca estuvo bajo los cuidados de unos padres atentos. Él no lo ve desde allí. Para Luis significaba la única oportunidad, por más equivocado que esté, de "salir adelante", pero no de cumplir sus sueños.

"Uf. La verdad es que es algo que nunca me cuestioné. No sé qué habría sido de mí si no estuviera en este mundo. Quizás habría soñado con ser futbolista, pero posiblemente no lo hubiera logrado", comenta.

Camello

Luis lo dice con un tono de victimismo, como si realmente fuese el único camino que podía elegir.

"Vendía droga para poder comer y también salir con mis amigos", asegura.

Empezó a hacerlo cuando tenía 16 años. No aspiraba a entrar a la universidad y mucho menos a terminar el colegio.

En ese momento, cuando estaba en el punto más crítico y estaba recibiendo amenazas de muerte, su padre hizo una única cosa por él. La abuela de Luis era italiana y mediante ello logró obtener la nacionalidad, además del pasaporte europeo.

Con eso tuvo que tomar una decisión rápida y era elegir un sitio en el cual vivir. Italia no era una opción por la barrera del idioma y él no estaba dispuesto a aprenderlo.

Entonces le quedó España y decidió residir allí. Lo más cercano en cuanto a clima y personas también lo encontró en Palma.

"Llegué más o menos en 2018. En un principio intenté trabajar como cualquier persona, pero no aguantaba que en ese entonces el salario mínimo era casi de 1.000 euros y no me daba para vivir", expresa.

Entonces pensó que podía vender hachís y marihuana, pero se llevó uno de los primeros estrellones: ese negocio, según cuenta, pertenece a los marroquíes.

"Son bastante peligrosos y suelen ir entre varios, por eso no insistí por allí. Después conocí a una persona que trabajaba en el mundo de la construcción y me comentó que se podía vender cocaína", dice.

Él no había traficado hasta ese momento con cocaína. En Colombia únicamente lo hacía con marihuana y pastillas.

'Guiris'

Al poco tiempo de empezar a vender cocaína en Palma llegó la pandemia. Se quedó sin empleo y sin ahorros, por lo que tuvo que regresar a Colombia con su padre.

Pero tampoco se sentía a gusto. "No le tengo odio a mi papá, pero realmente nunca hemos tenido una relación".

Cuando abrieron las fronteras a mediados de 2021, Luis decidió cruzar nuevamente a España. En esta ocasión, pese a que la pandemia no había finalizado, ya las rutas aéreas operaban con frecuencia y las personas querían salir al mundo exterior.

Junto con el contacto que ya había hecho retomó la venta de cocaína. Por lo general, cuando no es la temporada de verano, suele vender alrededor de 15.000 euros mensuales. Pero eso debe repartirse entre las diversas partes de la estructura ilegal.

"La mejor época del año suele ser agosto. Es cuando más turistas hay en Palma y allí es donde nosotros aprovechamos para aumentar las ventas. En este mes, fácilmente, podemos hacer unos 100.000 euros porque los 'guiris' consumen bastante coca, pero luego eso no queda limpio. De allí toca pagar los gastos del precio de la coca, el transporte y los intermediarios", explica.

Tiene 28 años. Al menos tres personas asesinadas en su historial. Está casado con una colombiana y cree que el amor se basa en las operaciones estéticas que le ha dado.

"En Palma suele haber mucho desenfreno. Para evitar que me atrapen he intentado tener un perfil bajo en España", comenta.

En su cuello hay una cadena de oro y en su muñeca izquierda hay una pulsera del mismo material que podrían contradecir esa versión. Y no porque el oro sea sinónimo de narcotraficante, sino porque, justamente, muestra una riqueza que pocos a su edad podrían alcanzar.

"Soy bastante optimista con el tema de la prisión. No creería que en algún momento vaya a pisarla y si lo hago, igualmente estaré libre algún día", finaliza.