Personas buscan entre los escombros de una edificación colapsada por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió esta mañana al país, este lunes en Cali.

Personas buscan entre los escombros de una edificación colapsada por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió esta mañana al país, este lunes en Cali. Ernesto Guzmán Jr. / EFE.

Reportajes 47 DESPUÉS DE LA GUAIRA

Los 60 segundos de temblor que convirtieron los edificios de Colombia en trampas mortales: "Pensé que no iba a poder salir"

El seísmo comenzó a las 7.34 de la mañana, derribó edificios desde Cali hasta el Eje Cafetero y dejó atrapados bajo los escombros

Mientras, las réplicas extendían el miedo por el país con el recuerdo aún reciente de la tragedia en Venezuela

Más información: Un gran terremoto de magnitud 7,4 sacude el centro y el oeste de Colombia y deja muertos y decenas de heridos

Publicada

A las 7.34 de la mañana, Colombia todavía no sabía que había empezado a contar sus muertos. A esa hora, cuando buena parte del país acababa de incorporarse a la jornada del lunes, a 96 kilómetros bajo el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, la tierra comenzó a moverse.

Primero hubo un temblor. Después llegaron las paredes que crujían, los muebles desplazándose, los objetos cayendo de las estanterías y miles de personas tratando de buscar una puerta, una escalera o simplemente un espacio abierto.

La sacudida se propagó desde el occidente colombiano hacia algunas de las ciudades más pobladas del país y también se pudo sentir en otras cercanas como Quito, capital ecuatoriana, a mil kilómetros.

Cuando terminó, dejó detrás edificios derrumbados, carreteras afectadas, aeropuertos cerrados, personas atrapadas bajo toneladas de escombros y un balance que, al cierre de esta edición, ascendía hasta el centenar de muertos.

En esta captura de pantalla tomada de un vídeo, se ve a los equipos de rescate y a los vecinos sobre un edificio derrumbado tras el terremoto ocurrido en Cali, este lunes.

En esta captura de pantalla tomada de un vídeo, se ve a los equipos de rescate y a los vecinos sobre un edificio derrumbado tras el terremoto ocurrido en Cali, este lunes. Reuters.

El servicio Geológico Colombiano tardaría unos minutos en determinar la verdadera dimensión de lo ocurrido. Los primeros informes situaron la magnitud en torno a 6,6 y 6,7. Después llegó la revisión definitiva: 7,4; con epicentro en San José del Palmar —una zona rural de poco más de cinco mil habitantes—, con una profundidad de 96 kilómetros.

Era un terremoto de profundidad intermedia y de una potencia que Colombia no registraba desde hacía años. La tierra se había roto lejos de las grandes ciudades, bajo una zona montañosa, boscosa y escasamente poblada del Chocó, pero las ondas sísmicas no entienden de fronteras administrativas.

El movimiento alcanzó las tres cordilleras colombianas, se sintió en las 32 capitales departamentales y atravesó incluso las fronteras del país hasta ser percibido incluso en Panamá y Venezuela.

El epicentro

Durante aquellos primeros instantes nadie sabía todavía dónde estaba el epicentro ni cuál era la magnitud. En Bogotá comenzar las evacuaciones de edificios; en Medellín, Armenia, Pereira, Manizales, Cali y Quibdó ocurrió lo mismo. Oficinas, viviendas, hospitales y comercios empezaron a vaciarse mientras las primeras imágenes grabadas con teléfonos móviles mostraban lámparas balanceándose, objetos cayendo y edificios que parecían moverse sobre sus cimientos.

Desde distintos puntos del país empezaron a llegar al Servicio Geológico los avisos de ciudadanos que habían sentido el terremoto. La magnitud de la emergencia comenzaba a dibujarse no sobre un mapa, sino en cientos de llamadas simultáneas.

Vecinos y personal de emergencias excavan entre los escombros de un edificio que se ha derrumbado parcialmente tras un terremoto, en Pereira (Colombia), este lunes.

Vecinos y personal de emergencias excavan entre los escombros de un edificio que se ha derrumbado parcialmente tras un terremoto, en Pereira (Colombia), este lunes. Reuters.

En el Chocó, donde se encontraba el origen del terremoto, la gobernadora Nubia Carolina Córdoba confirmó pronto la existencia de heridos y graves daños en Quibdó. A unos 400 kilómetros de Bogotá, San José del Palmar —un municipio de apenas unos pocos miles de habitantes— había quedado convertido de repente en el punto desde el que se mediría la tragedia.

Pero el epicentro acabaría siendo solamente el comienzo de la historia. Los daños más graves aparecieron decenas y centenares de kilómetros más allá.

"Mucho miedo"

En Cali comenzaron a caer edificios, unos 25 según fuentes gubernamentales. La tercera ciudad más poblada del país fue una de las primeras en ofrecer una dimensión visual del desastre. El alcalde, Alejandro Eder, informó inicialmente de una veintena de estructuras colapsadas y de personas atrapadas entre los escombros.

Los bomberos comenzaron a desplegarse por diferentes barrios al mismo tiempo. Cerca del Acuaparque de la Caña se derrumbaron una panadería y un establecimiento de la cadena D1. El apartahotel El Molino Rojo sufrió importantes daños y el conocido hotel La Luna colapsó.

Matilde, de 64 años, estaba todavía en la cama viendo el noticiero cuando sintió el primer movimiento. Al principio creyó que era uno de esos temblores breves a los que Colombia está acostumbrada.

"Pasaron unos cinco segundos y pensé: volvió a temblar". Después hubo una pequeña pausa y la tierra comenzó a sacudirse con mucha más violencia. "Arrancó fuerte, fuerte. Nunca en mis 64 años había sentido un movimiento de tierra tan brutal como el de hoy".

La duración de la sacudida fue tal que Matilde tuvo tiempo de levantarse de la cama, pasar por el baño, buscar algo de ropa y alcanzar la puerta del apartamento mientras el edificio continuaba moviéndose.

"Casi no podía ni moverme, pero sabía que no podía salir desnuda", recuerda. Cuando consiguió abrir la puerta decidió no bajar por las escaleras y se quedó agarrada al marco mientras seguía temblando.

Los vecinos rebuscan entre los escombros de un edificio derrumbado tras un terremoto, en Cali, este lunes.

Los vecinos rebuscan entre los escombros de un edificio derrumbado tras un terremoto, en Cali, este lunes. Juan Pablo Arbelaez / Reuters.

"Me dio temor salir del apartamento porque siempre dicen que las escaleras son de lo primero que puede caer. Seguía temblando. Fue muy largo".

Cuando terminó, el miedo no desapareció. Su perro comenzó a ladrar y a temblar y, horas después, todavía reaccionaba sobresaltado. Matilde empezó entonces a descubrir las grietas que el terremoto había dejado dentro de su vivienda: una especialmente grande en el baño, otra en una habitación y varias más en las uniones entre paredes y techo.

La administración del edificio le indicó inicialmente que algunas podían afectar únicamente a la mampostería, pero ella seguía sin saber si su casa era segura. "Si repite, yo no sé si el apartamento resista", dice.

A las once de la mañana continuaban además sin servicio de gas. Matilde, que ha sufrido dos infartos, trataba de contener la ansiedad mientras recorría las paredes abiertas de su casa: "Estoy intentando controlarme, pero es muy difícil viendo todas las grietas. Es una situación de mucho miedo".

Las fachadas de otros edificios cedieron, aparecieron estructuras parcialmente derrumbadas y durante las horas siguientes se multiplicaron las operaciones para saber si bajo ellas quedaban personas con vida.

La ciudad empezó también a quedarse parcialmente a oscuras y a perder algunos de los servicios que, durante una emergencia, resultan más necesarios.

Antes de las nueve de la mañana se registraban cortes de electricidad, agua y gas. Las comunicaciones se saturaban precisamente cuando miles de colombianos intentaban hacer lo mismo: llamar a sus padres, a sus hijos, a sus parejas, saber quién había conseguido salir y quién seguía dentro.

Para entonces, el terremoto ya había cruzado el Valle del Cauca y golpeado con especial violencia el Eje Cafetero.

Personas caminan sobre los escombros de un edificio colapsado este lunes, en Cali (Colombia).

Personas caminan sobre los escombros de un edificio colapsado este lunes, en Cali (Colombia). Ernesto Guzmán / EFE.

Primeros muertos

Pereira se convirtió, con el paso de las horas, en el centro de la tragedia. Los primeros informes hablaban de daños importantes en edificios de la capital de Risaralda. Después comenzaron a aparecer personas atrapadas. Y finalmente llegaron los cadáveres.

El alcalde Mauricio Salazar confirmó que al menos 18 personas habían muerto en la ciudad como consecuencia del terremoto. Otras seguían atrapadas entre estructuras colapsadas mientras los equipos de rescate trabajaban contra el tiempo. La ciudad que unas horas antes había empezado el lunes como cualquier otro terminó concentrando la inmensa mayoría de los fallecidos conocidos durante las primeras horas posteriores al seísmo.

Muy cerca, al otro lado de las montañas, Manizales vivía su propia emergencia. Dos personas murieron, según confirmó su alcalde, Jorge Eduardo Rojas. Una de las imágenes que resumieron la violencia del movimiento apareció en pleno centro de la ciudad: una de las torres de su catedral neogótica sufrió graves daños y parte de la estructura se desplomó.

En otros puntos aparecieron fachadas desprendidas, columnas dañadas y edificios que tuvieron que ser desalojados mientras bomberos y especialistas recorrían las calles intentando determinar cuáles podían volver a ocuparse y cuáles habían dejado de ser seguros.

Había pasado menos de una hora desde las 7.34 y el mapa del terremoto ya comprendía buena parte del oeste de Colombia. Y entonces la tierra volvió a moverse.

Un grupo de personas se reúne frente a la catedral de Manizales, dañada tras un terremoto, en Manizales, este lunes.

Un grupo de personas se reúne frente a la catedral de Manizales, dañada tras un terremoto, en Manizales, este lunes. Redes.

La réplica

A las 8.18 de la mañana, cuando miles de personas permanecían todavía en la calle y los primeros equipos de emergencia comenzaban a internarse en edificios dañados, el Servicio Geológico registró una réplica de magnitud 4,6 con epicentro en Nóvita, también en el Chocó.

Esta vez fue un movimiento superficial. El sobresalto inicial se convirtió entonces en otra forma de miedo: la incertidumbre de no saber si la primera gran sacudida había terminado realmente. En Quibdó, donde ya se contabilizaban heridos y daños importantes, las autoridades pidieron prudencia ante la posibilidad de nuevas réplicas.

A esa hora, además, Colombia comenzaba a descubrir que el terremoto había afectado algo más que casas y edificios.

La Aeronáutica Civil suspendió las operaciones en los aeropuertos de Pereira, Manizales, Quibdó, Armenia, Cartago y Buenaventura mientras técnicos inspeccionaban pistas, terminales y otras infraestructuras. Las carreteras comenzaron también a ofrecer los primeros problemas.

Hospitales evacuaron pacientes por precaución. Bomberos, Defensa Civil y Cruz Roja se movilizaron en distintas ciudades y Cali pidió refuerzos especializados a Bogotá y Medellín para colaborar en la búsqueda de personas atrapadas. La emergencia había dejado de ser local. A esas alturas, los organismos nacionales habían recibido reportes procedentes de nueve departamentos y constancia de que el movimiento había sido percibido en las 32 capitales departamentales.

La gente pasa junto a los escombros que yacen en la acera, procedentes de un edificio dañado tras un terremoto, en Manizales, este lunes.

La gente pasa junto a los escombros que yacen en la acera, procedentes de un edificio dañado tras un terremoto, en Manizales, este lunes. Andrés Camilo Valencia / Reuters.

Cada minuto que pasaba cambiaba además el significado de las cifras. Durante las primeras informaciones, el terremoto había sido una magnitud: primero 6,7, luego 7,4. Después se convirtió en edificios derrumbados. Más tarde aparecieron los heridos. Finalmente comenzaron a llegar los muertos.

Hacia media mañana, las autoridades de Pereira y Manizales empezaron a comunicar públicamente las víctimas. El balance pasó rápidamente de dos fallecidos a una veintena. Reuters confirmó a las 14.54 UTC al menos 20 muertos: 18 en Pereira y dos en Manizales. Las cifras permanecían todavía abiertas porque había personas atrapadas y operaciones de rescate en marcha, de modo que aquellos números no eran definitivos.

En los lugares donde habían caído edificios comenzó entonces otro tipo de trabajo. Ya no consistía únicamente en evacuar, sino en buscar. Las imágenes procedentes de Cali mostraban a grupos de rescatistas y vecinos sobre montañas de hormigón y ladrillos, retirando cascotes y tratando de localizar supervivientes.

En determinados momentos se pedía silencio alrededor de los escombros para intentar escuchar una voz, un golpe o cualquier señal procedente del interior. Cada edificio colapsado se transformó durante unas horas en una carrera independiente contra el reloj: primero averiguar cuántas personas podían encontrarse dentro; después localizar huecos entre las estructuras; finalmente decidir por dónde entrar sin provocar un segundo derrumbe.

Mientras aquello ocurría sobre el terreno, las autoridades intentaban construir desde Bogotá una fotografía completa de una emergencia que cambiaba prácticamente por minutos. Se activó un Puesto de Mando Unificado y los diferentes departamentos comenzaron a enviar sus evaluaciones de daños.

Pero la particularidad de aquel terremoto dificultaba incluso explicar dónde había ocurrido realmente la catástrofe. El origen estaba en el Chocó. La mayoría de los muertos conocidos, sin embargo, aparecieron inicialmente en Pereira y Manizales. Cali acumulaba algunos de los derrumbes más espectaculares. Y a cientos de kilómetros, en Bogotá, miles de personas habían tenido que abandonar edificios pese a encontrarse muy lejos del epicentro.

La explicación estaba precisamente bajo tierra.

Los vecinos rebuscan entre los escombros de un edificio derrumbado tras un terremoto, en Cali.

Los vecinos rebuscan entre los escombros de un edificio derrumbado tras un terremoto, en Cali. Camilo Rodríguez / Reuters.

Tierra de choque

Colombia se encuentra en uno de los entornos tectónicos más complejos del continente americano, en una región condicionada por la interacción de las placas de Nazca, Sudamericana y del Caribe. El país registra miles de movimientos sísmicos, la enorme mayoría tan pequeños que nadie llega a percibirlos.

El terremoto del lunes fue distinto no sólo por su magnitud, sino también por su profundidad. Al producirse a unos 96 kilómetros bajo la superficie, sus ondas pudieron propagarse a enorme distancia y hacer que la sacudida fuese percibida simultáneamente en territorios muy alejados de San José del Palmar.

Los colombianos conocen bien lo que puede significar esa geografía. En enero de 1999, un terremoto de magnitud 6,2 destruyó buena parte de Armenia y dejó alrededor de un millar de muertos en el Eje Cafetero. En 1983, Popayán sufrió otro terremoto devastador que acabó con la vida de centenares de personas.

Aquellos desastres transformaron la legislación, la construcción y la gestión del riesgo sísmico del país. Este lunes, casi tres décadas después de Armenia, algunas de las mismas montañas volvieron a moverse. Pero las magnitudes y los antecedentes sólo permiten entender una parte de lo ocurrido.

El terremoto del Chocó fue, sobre todo, una sucesión de minutos. Las 7.34: la tierra empieza a sacudirse bajo San José del Palmar. Los minutos siguientes: Colombia entera trata de averiguar dónde ha ocurrido. Después llegan los primeros edificios derrumbados en Cali, Quibdó, Pereira y Manizales. A las 8.18: una réplica devuelve a las calles a quienes habían pensado ya en regresar a sus casas.

Vecinos y personal de emergencias excavan entre los escombros de un edificio derrumbado tras el terremoto, en Cali.

Vecinos y personal de emergencias excavan entre los escombros de un edificio derrumbado tras el terremoto, en Cali. Camilo Rodríguez / Reuters.

Después de las ocho y media: los servicios de emergencia multiplican los rescates, varios aeropuertos suspenden operaciones y algunas ciudades empiezan a perder comunicaciones y suministros. Y, finalmente, llegan los nombres que ningún boletín sismológico puede medir: los muertos.

Cuando avanzó la mañana, la ciudad de Pereira acumulaba ya 18. Manizales contaba otros dos. Los rescatistas seguían entrando entre edificios destruidos y el balance continuaba siendo provisional. Horas después de que el suelo dejara de moverse con la violencia de las 7.34, Colombia seguía pendiente de los escombros.

Sin embargo, todos esos números son inservibles hasta que haya un conteo oficial. El epicentro continuaba figurando en los mapas como un punto preciso: San José del Palmar, Chocó. Latitud, longitud, magnitud 7,4 y 96 kilómetros de profundidad. Pero para entonces el terremoto hacía tiempo que había dejado de caber dentro de esas coordenadas.

Había recorrido el país entero en cuestión de minutos y había dejado su verdadera medida varios cientos de kilómetros más allá: en las calles vaciadas de Cali, en los edificios abiertos de Manizales, en los equipos de emergencia trabajando sobre los escombros y, sobre todo, en Pereira, donde una mañana que había comenzado a las 7.34 acabó convirtiéndose en la más mortífera de Colombia en años.

Y todo tan sólo 47 días después del doble seísmo de La Guaira que dejó un recuento de más de 5.000 personas fallecidas.