Una mujer, trabajadora de una empresa de seguridad privada, es fotografiada mientras observa el control fronterizo entre Marruecos y Ceuta, en una imagen de archivo

Una mujer, trabajadora de una empresa de seguridad privada, es fotografiada mientras observa el control fronterizo entre Marruecos y Ceuta, en una imagen de archivo Archivo

Reportajes

Empresas y vecinos contratan seguridad privada en Ceuta "por miedo" a los invasores: "No podemos esperar a la Policía"

Se estima que en Ceuta hay 450 vigilantes de seguridad habilitados, los cuales han tenido que doblar turnos para cumplir con la demanda.

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Teresa estaba recogiendo a unos vecinos en la sala de oncología del hospital de Ceuta cuando más de 80.000 marroquíes irrumpieron por la frontera.

Al salir de su hospital se dirigió hacia su coche para volver a casa. El reloj marcaba las dos de la tarde cuando se quedó paralizada del temor.

"No sabía lo que estaba pasando. Me vi encerrada y la Policía local me llevó a un sitio seguro", dice.

Desde ese día, Teresa, que está jubilada, sale muy poco de casa. Siente ansiedad. Las calles ya no las puede ver como un espacio seguro.

Lo mismo le pasa a su hija, que a los pocos días de la invasión fue víctima de acoso por parte de un grupo de marroquíes.

Ella iba caminando de regreso a su hogar. "Un tío con una litrona de cerveza se estaba metiendo con mi hija. Le tiraba besos y le decía cosas. Ella tuvo que correr para su casa", asegura Teresa.

Gran parte de la oleada ya pasó y la mayoría retornó a Marruecos. Pero los que quedan en las calles siguen generando el mismo temor. "¡Estamos encerrados! ¡Estamos encerrados!", repite la mujer y continúa: "No hay juventud en las calles. Tenemos miedo".

Ese sentimiento de abandono y miedo lo comparten Jorge y Alejandra. "Todos te van a decir que el panorama es negro", asegura él.

Las calles se ven desoladas. Lo que antes era vívido, lleno de comercios abiertos y con la cotidianidad como aliado, ya no existe. Las aceras ahora están sucias, con basura y los olores de quienes han hecho sus necesidades en público.

Algunas viviendas, en diversos sectores, han sido okupadas. Ahora los vecinos temen perder sus hogares, también ser acosados o robados en la calle.

Frente a ello, los ceutíes retomaron algo a lo que acuden en casos extremos: las patrullas vecinales y la contratación de personal de seguridad privada. Esto porque en algunos barrios, según los moradores, no han visto presencia policial suficiente en los momentos más críticos.

Todo esto ha aumentado la percepción de abandono y vulnerabilidad. Además de que las pérdidas económicas por la crisis migratoria se estiman en 27,7 millones de euros, según la Cámara de Comercio de Ceuta.

Seguridad

Los grupos de marroquíes se van moviendo de barrio en barrio según el acecho de la Policía Nacional y de la Guardia Civil. Si ellos están cerca, entonces cambian de acera, de esquina o de escondite.

Además de las autoridades, Ceuta tiene 450 vigilantes de seguridad que han tenido que doblar sus turnos para proteger los comercios. También muchos han sido contratados para proteger viviendas.

"Durante estos días han tenido que redoblar turnos y esfuerzos. Previo a la Policía y el Ejército siempre están los vigilantes. Ellos son los que siempre están en primera línea", asegura Iván Cantalapiedra, jefe y director de seguridad.

A raíz de esa situación, y que tampoco es una novedad el suceso, en diversos barrios de Ceuta han organizado algunas patrullas vecinales, algo que ya se había hecho en 2021.

"Cuando salgo de trabajar y llego a casa sobre las 22, me cambio de ropa y bajo para hacer guardia con otros vecinos", asegura una mujer, que prefiere guardar su identidad.

Ella no es la única persona que lo hace. Junto con más personas se sientan en los portales de los edificios para evitar que intenten ingresar. "Si al menos ven a unas dos o tres personas allí se abstienen de intentar hacer algo", agrega.

Todo ello lo hacen porque "la Policía no da abasto. No podemos esperarlos". A ello, Jorge agrega que "hay que ir a la calle. Hay que defender. El pueblo defiende al pueblo, entonces aquí vamos a estar defendiéndonos unos a otros. Sobre todo porque si las instituciones no nos defienden, tendremos que hacerlo nosotros".

Algunas de estas patrullas vecinales se están llevando a cabo en grupos, según se ha difundido en vídeos de redes sociales. Las personas que las integran van con bates de béisbol o incluso han placado a personas en plena vía pública.

Incluso, en algunos casos las mismas patrullas vecinales son integradas por guardas de seguridad que los lideran.

Debido a ello se ha planteado como una opción volver a desplegar a auxiliares de seguridad durante las 24 horas para garantizar un control profesional de las zonas más tensionadas y evitar los enfrentamientos entre vecinos e inmigrantes.

"Por lo menos ves un consuelo en que la gente sale a protestar. Como ciudadano español sientes que tu gobierno te ha abandonado. Debe haber un control efectivo de la frontera y eso requiere una gestión eficiente, cosa que a día de hoy no vemos", expresa Jorge, que es entrenador personal.

Jorge, Alejandra y Teresa son residentes. Los tres tienen en común que son ceutíes, también que han residido toda su vida allí y, a la vez, que esta es la situación que mayor miedo les ha generado.

Las calles dejaron de ser sinónimo de seguridad. Lo que les ha quedado durante estos días es, al igual que al resto de afectados, clamar por un mejor futuro y unas condiciones más seguras.

En el caso de Jorge, pese a que en la actualidad ve un panorama "negro", él considera que las cosas pueden revertirse y que una forma de hacerlo es levantando la voz ante las injusticias. Teresa y Alejandra piensan lo mismo.

Entre tanto, y mientras todo vuelve a una "normalidad" que dejará una herida, los vecinos continúan custodiando los portales en los horarios que pueden. Algunos pasan jornadas laborales completas y cuando llegan a casa ya no es a descansar. Es a continuar una vigilia que no saben cómo acabará.

"Quiero pensar que cuando esto acabe vamos a salir más fuertes y con la certeza de que el pueblo defiende al pueblo", concluye Jorge.