Situación actual Ceuta

Reportajes SOBRE EL TERRENO

Miles de migrantes siguen en las calles de Ceuta con la población en 'shock': Interior dice que ya han vuelto 48.300

El Ejército vacía el centro y conduce a los recién llegados hacia el Tarajal, mientras quienes tienen familiares o conocen la ciudad buscan refugio en los barrios para evitar el regreso

Más información: Los ceutíes, abandonados a su suerte y aterrorizados: "Los militares están en los tanques jugando al Clash Royale"

Publicada

Una tanqueta del Ejército avanza despacio por el centro de Ceuta. No necesita abrirse paso: la avenida, que unas horas antes estaba cubierta de jóvenes empapados, bolsas de plástico, mantas y cuerpos tumbados sobre el césped, aparece ahora casi vacía.

Los militares miran desde la parte superior del vehículo, recorren las aceras y continúan hacia la siguiente plaza. A su paso, los pocos migrantes que todavía caminan a la vista se apartan, bajan la cabeza o se introducen en una calle lateral.

Quienes han decidido permanecer en la ciudad han comprendido que quedarse exige dejar de ser visibles.

Un miembro del ejército español vigila junto a una valla mientras varias personas avanzan, este viernes, con dificultad por el agua intentando entrar en España

Un miembro del ejército español vigila junto a una valla mientras varias personas avanzan, este viernes, con dificultad por el agua intentando entrar en España Jon Nazca / REUTERS.

La imagen cambia al acercarse al Tarajal. En la carretera que conduce hacia la frontera todavía caminan numerosos grupos, algunos con las mismas bolsas transparentes que recibieron al llegar y otros cargando mantas, botellas de agua o prendas que han conseguido durante sus primeras horas en España.

Unos regresan voluntariamente después de comprobar que no pueden continuar hacia la Península; otros avanzan bajo la vigilancia de militares y policías que les indican el camino. El centro se ha vaciado, pero la crisis continúa desplazándose por esa carretera.

Ceuta permanece este viernes en estado de shock, bajo un control militar que se extiende desde la frontera hasta las principales avenidas. Las tanquetas y los vehículos de transporte recorren la iub ciudad, efectivos del Ejército peinan parques y descampados.

Y las fuerzas de seguridad reúnen a los grupos que encuentran para conducirlos hacia Marruecos. El Ministerio del Interior asegura que 48.300 de las aproximadamente 50.000 personas que entraron durante la avalancha ya han regresado. Juan Vivas, presidente de la ciudad, elevó el número de llegadas hasta las 60.000.

Dispersos por la ciudad

Entre ambas estimaciones existe una diferencia de 10.000 personas que ninguna administración puede aclarar todavía. Durante las horas de mayor descontrol, miles de jóvenes cruzaron el Tarajal sin ser identificados, alcanzaron la playa y se dispersaron por una ciudad de apenas 19 kilómetros cuadrados.

Tampoco existe un recuento preciso de quienes duermen bajo techo, han encontrado alojamiento entre familiares o se han desplazado hacia barriadas alejadas del centro.

En las calles principales quedan pocos. Ya no avanzan por cientos ni celebran ante las cámaras que han alcanzado España. Caminan de dos en dos o en pequeños grupos, miran antes de cruzar las avenidas y preguntan dónde se encuentran los militares.

Algunos tienen un hermano, un tío, un primo o un amigo residente en Ceuta; otros buscan un portal, un garaje o cualquier lugar en el que esperar a que disminuya el despliegue. Para ellos, continuar dentro de la ciudad implica apartarse de los espacios que el Ejército está recorriendo.

Unos migrantes caminan hacia la frontera con Marruecos para salir de España, en medio de los cruces masivos de migrantes a pie y por mar desde Marruecos hacia territorio español.

Unos migrantes caminan hacia la frontera con Marruecos para salir de España, en medio de los cruces masivos de migrantes a pie y por mar desde Marruecos hacia territorio español. Fabian Bimmer / REUTERS.

Durante la mañana todavía estaban por todas partes. Ceuta amaneció llena de cuerpos dormidos. Había jóvenes tendidos sobre el césped de los parques, bajo los soportales, en los bancos y junto a las persianas de los comercios que habían decidido no abrir.

Algunos conservaban la ropa con la que habían atravesado el espigón del Tarajal; otros se cubrían con mantas demasiado pequeñas o utilizaban como almohada las bolsas entregadas por las organizaciones humanitarias.

Dentro llevaban agua, algunas galletas, jabón, pañuelos y poco más. Habían dormido allí donde terminó la energía que les quedaba después de cruzar desde Marruecos y caminar durante horas por una ciudad que no tenía ningún lugar al que conducirlos.

Las plazas del CETI estaban agotadas antes de la entrada masiva, el sistema autonómico de menores funcionaba muy por encima de su capacidad y los servicios de emergencia trataban de recuperarse de una jornada en la que atendieron ahogamientos, heridas y patologías previas.

"Tenemos hambre", repetían al despertar. Algunos compartían la comida que quedaba en las bolsas. Otros recorrían las calles buscando un supermercado, una tienda de ropa o algún establecimiento en el que comprar unos zapatos secos, pero Ceuta había amanecido cerrada.

Los grandes almacenes, los supermercados, los comercios de moda y buena parte de la hostelería mantuvieron las persianas bajadas mientras sus propietarios observaban desde casa la evolución de una situación que nadie sabía todavía medir.

Apenas abrieron unas pocas cafeterías regentadas por marroquíes y varias tiendas de telefonía. Frente a ellas se formaron colas que ocupaban toda la acera. Los jóvenes querían comprar una tarjeta SIM para llamar a sus familias, localizar a los amigos que habían cruzado antes y averiguar si existía alguna manera de viajar hacia la Península.

A falta de alojamiento, comida y documentación, el teléfono era el único recurso que podía ofrecerles una dirección.

Varias personas que llevan flotadores hinchables caminan hacia la frontera con Marruecos para salir de España, en medio de los cruces masivos de migrantes a pie y por mar desde Marruecos hacia territorio español.

Varias personas que llevan flotadores hinchables caminan hacia la frontera con Marruecos para salir de España, en medio de los cruces masivos de migrantes a pie y por mar desde Marruecos hacia territorio español. Jon Nazca / REUTERS.

Callejón sin salida

Uno sostenía una bolsa con la ropa mojada que se había quitado al amanecer. Otro intentaba encender el móvil que había protegido del agua envolviéndolo en varias capas de plástico. Pulsaba el botón, esperaba unos segundos y volvía a intentarlo.

A su alrededor se hablaba de Algeciras, Madrid, Barcelona y Francia. Muchos habían atravesado una frontera exterior de la Unión Europea sin comprender que el Estrecho era otra frontera y que alcanzar la playa del Tarajal no les permitía embarcar hacia la Península.

La celebración del jueves se había apagado. Entonces salían del agua gritando "¡Viva España!", se abrazaban y llamaban a sus familias para anunciar que habían conseguido cruzar.

Decenas de personas siguen intentando cruzar la frontera, a 31 de julio de 2026.

Decenas de personas siguen intentando cruzar la frontera, a 31 de julio de 2026. Marcos Moreno / Europa Press.

Este viernes descubrieron que Ceuta podía ser una llegada y, al mismo tiempo, un callejón sin salida. No había camas suficientes, la comida escaseaba y el puerto permanecía bajo control. Regresar a Marruecos se convirtió para muchos en la única decisión posible.

El retorno comenzó como un goteo y terminó adquiriendo el aspecto de una marcha. Jóvenes que habían pasado una noche en parques y aceras caminaron por la carretera hacia el Tarajal con las mismas bolsas que recibieron al llegar.

Conforme avanzaba la tarde, el flujo se hizo constante: grupos pequeños, familias y muchachos que unas horas antes preguntaban cómo llegar al puerto recorrían ahora el trayecto inverso.

Otra ciudad

La operación ha cambiado el aspecto de Ceuta en pocas horas. Los parques se han vaciado, las grandes concentraciones han desaparecido y los servicios de limpieza recogen mantas, botellas y cartones allí donde por la mañana apenas quedaba espacio para caminar.

En las avenidas céntricas apenas se ven ya recién llegados. En el camino hacia Marruecos, sin embargo, el movimiento continúa y la presencia de jóvenes sigue siendo numerosa.

El regreso masivo permite a Interior sostener que la crisis está encauzada, aunque sus cifras no terminan de explicar lo que sucede dentro de la ciudad. Si entraron 50.000 personas y han vuelto 48.300, quedarían unas 1.700.

Si, como mantiene Vivas, llegaron 60.000, quienes permanecen en Ceuta superarían los 11.000. El margen es demasiado amplio para que la desaparición de las multitudes del centro pueda interpretarse como el final de la crisis.

Decenas de migrantes que han pasado la frontera entre Ceuta y Marruecos pasan la noche en la calle.

Decenas de migrantes que han pasado la frontera entre Ceuta y Marruecos pasan la noche en la calle. Marcos Moreno / Europa Press.

Ceuta mantiene vínculos familiares profundos con Tetuán, Castillejos, Tánger y otras localidades del norte de Marruecos. Muchos de quienes cruzaron tenían a alguien a quien llamar.

Las tarjetas telefónicas que por la mañana sirvieron para anunciar que estaban en España comenzaron a utilizarse por la tarde para pedir una habitación, un sofá o un lugar donde pasar la noche.

Otros, sin esa red, se han desplazado hacia zonas periféricas, descampados y barriadas en las que pueden esperar sin permanecer expuestos en una plaza.

Su objetivo continúa siendo acercarse al puerto, encontrar una forma de viajar a la Península o aguardar hasta que las patrullas reduzcan la presión. Algunos evitan caminar juntos y tratan de mezclarse con los residentes. Otros permanecen durante horas fuera de las avenidas principales y salen únicamente para conseguir agua o comida.

"No voy a volver a Marruecos", decía el jueves uno de los jóvenes, todavía con la camiseta pegada al cuerpo y los zapatos llenos de arena. Entonces lo acompañaban decenas de muchachos que repetían la misma idea y celebraban haber llegado a España.

Mantener esa decisión exige ahora otra cosa: abandonar los parques, encontrar a alguien que abra una puerta y evitar los lugares por los que pasan las tanquetas.

Policías sin órdenes

La Policía Local trata mientras tanto de recuperar una normalidad elemental. Sus agentes controlan el tráfico, piden a los jóvenes que respeten los semáforos y evitan que los grupos bloqueen las rotondas.

"No sabemos qué más hacer", reconocía uno de ellos durante la mañana. La gestión de la crisis supera sus competencias, aunque son ellos quienes responden a las llamadas de vecinos, comerciantes y taxistas que todavía preguntan qué zonas pueden atravesar.

Los policías nacionales encadenan jornadas de hasta 16 horas después de haber trabajado, durante las primeras horas, sin instrucciones claras sobre el procedimiento de Extranjería que debía aplicarse.

Un hombre sostiene un flotador mientras se encuentra de pie en el agua, con la Guardia Civil española al fondo, en medio de los cruces masivos de migrantes, tanto a pie como por mar, desde Marruecos hacia territorio español, en Ceuta.

Un hombre sostiene un flotador mientras se encuentra de pie en el agua, con la Guardia Civil española al fondo, en medio de los cruces masivos de migrantes, tanto a pie como por mar, desde Marruecos hacia territorio español, en Ceuta. Jon Nazca / REUTERS.

Miles de personas entraron sin pasar por ningún control y cada expediente exige una identificación individual, determinar la edad en los casos dudosos y permitir la solicitud de protección internacional.

Los agentes patrullan, localizan a quienes pueden y aplican órdenes que han ido cambiando al ritmo de las conversaciones entre Madrid y Rabat.

La población observa el despliegue con una mezcla de alivio y desconfianza. Muchos vecinos continúan en casa y buena parte de los negocios no ha levantado todavía la persiana.

Los hoteles mantienen controlados sus accesos y algunos taxistas rechazan servicios hacia barrios o zonas próximas a la frontera. El miedo ha disminuido desde que las grandes concentraciones desaparecieron del centro, pero Ceuta todavía no ha recuperado su vida habitual.

Desde el interior de un taxi, Abde mira una de las tanquetas estacionadas junto a la carretera. Ha pasado dos días recorriendo una ciudad que dice no reconocer, evitando algunas zonas y escuchando las llamadas de compañeros que prefirieron dejar de trabajar. "El que diga que no tiene miedo, miente", sostiene a EL ESPAÑOL.

Un ataque

Pedro Sánchez llegó a la ciudad cuando la operación de retorno estaba ya en marcha. El presidente calificó lo ocurrido como un "ataque" y una "violación de la integridad territorial de España", agradeció la colaboración marroquí y anunció la colocación de boyas en el espigón del Tarajal para impedir nuevas entradas por el mar.

También abrió la puerta a modificar la legislación después de que una sentencia del Tribunal Supremo limitara el rechazo en frontera para quienes son interceptados nadando.

Las declaraciones trasladaron la crisis al terreno de la soberanía nacional, pero en las calles las preguntas continúan siendo más inmediatas: cuántos jóvenes permanecen dentro, dónde están, qué harán cuando llegue la noche y de qué manera pretende el Estado tramitar la situación de quienes rechazan regresar.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, hace unas declaraciones en Ceuta, España, en medio de los cruces masivos de migrantes a pie y por mar desde Marruecos hacia territorio español.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, hace unas declaraciones en Ceuta, España, en medio de los cruces masivos de migrantes a pie y por mar desde Marruecos hacia territorio español. Fabian Bimmer / REUTERS.

El control militar ha vaciado los parques y despejado las principales avenidas, pero no permite saber cuántos han encontrado refugio fuera de la vista.

Vivas había pedido la declaración de una situación de interés para la Seguridad Nacional y la creación de un mando único. El Gobierno consideró que podía responder con los mecanismos ordinarios, pero acabó enviando a Ceuta al presidente, al ministro del Interior, refuerzos de Policía y Guardia Civil y unidades del Ejército.

La frontera se encuentra ahora bajo vigilancia y el regreso continúa, mientras la crisis se desplaza desde el centro hacia el camino del Tarajal, las barriadas y las viviendas donde algunos pretenden quedarse.

La mayor crisis

La dimensión de la entrada supera cualquier precedente reciente. En mayo de 2021 cruzaron unas 8.000 personas en dos días. Esta vez, las estimaciones oscilan entre 50.000 y 60.000 en poco más de una jornada.

La magnitud explica la imposibilidad de identificarlas a todas y la incertidumbre que persiste incluso después de que Interior asegure que 48.300 han regresado.

Otra tanqueta atraviesa el centro de Ceuta mientras los militares observan unas aceras casi vacías. Los comerciantes miran desde detrás de las persianas y los últimos jóvenes visibles se pierden por calles laterales.

Decenas de migrantes celebran haber traspasado la frontera entre Ceuta y Marruecos.

Decenas de migrantes celebran haber traspasado la frontera entre Ceuta y Marruecos. Marcos Moreno / Europa Press.

En los parques quedan las marcas de quienes durmieron allí: cartones aplastados, botellas, envoltorios y alguna manta abandonada.

En la carretera hacia el Tarajal, en cambio, todavía caminan numerosos grupos hacia Marruecos bajo la vigilancia de policías y soldados. Interior sostiene que la inmensa mayoría ya ha regresado y el centro vuelve poco a poco a parecerse al de antes. La normalidad termina donde comienzan esas filas.

Más allá de ellas quedan quienes han encontrado una puerta abierta, un barrio en el que esperar o un rincón desde el que seguir mirando hacia el puerto. Al caer la noche, Ceuta parece más vacía. Nadie puede decir todavía cuántos siguen dentro.