Salim Malla, uno de los activistas de la Global Sumud Flotilla retenidos la noche del 29 de abril.

Salim Malla, uno de los activistas de la Global Sumud Flotilla retenidos la noche del 29 de abril. Cedida

Reportajes

Salim Malla, tripulante español de la flotilla a Gaza detenido por Israel: "Fue un secuestro... Si te resistías te daban palizas"

El profesor y artista vitoriano relata a EL ESPAÑOL el abordaje israelí de la Global Sumud Flotilla en aguas internacionales frente a Creta.

Más información: Saif Abukeshek, el activista de la flotilla liberado por Israel, llega a Barcelona: "Todavía no hemos terminado"

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"¡Manos arriba! ¡Es el Estado Israelí!"

Durante la noche del 29 de abril, en mitad del Mediterráneo, solo se escuchaba el motor de lanchas rápidas acercándose en la oscuridad del mar.

A más de 600 millas de la costa gazatí, los drones israelíes llevaban horas sobrevolando la flotilla.

Sin embargo, nadie imaginaba que la intervención podría llegar tan pronto: a cientos de millas de lo que sus integrantes consideran la "zona roja", donde Israel acostumbra a interceptar embarcaciones.

Entre los activistas que aquella noche acabarían detenidos estaba Saif Abukeshek, el hispano-palestino que este domingo aterrizó en Barcelona tras pasar diez días retenido por Israel en la prisión de Shikma, en Ashkelon, en mitad de la crisis diplomática abierta entre Madrid y Tel Aviv.

Embarcaciones de la Global Sumud Flotilla zarpan desde Barcelona rumbo a Gaza el 15 de abril de 2026 en una misión civil integrada por más de 70 barcos y un millar de participantes de distintos países.

Embarcaciones de la Global Sumud Flotilla zarpan desde Barcelona rumbo a Gaza el 15 de abril de 2026 en una misión civil integrada por más de 70 barcos y un millar de participantes de distintos países. Europa Press

Cuando Salim Malla, uno de los tripulantes a bordo de uno de los 22 veleros interceptados, salió de su camarote, los punteros láser de varios fusiles recorrían ya las paredes de la embarcación.

Los soldados apuntaban a los cuerpos de sus compañeros, deteniéndose en sus cabezas. También en la suya.

"Nos hicieron salir a la cubierta y ponernos de rodillas mirando al suelo con las manos en la cabeza", narra a este medio Malla, tripulante de la Global Sumud Flotilla.

Durante las siguientes horas, mientras varios militares los encañonaban, otros comenzaron a registrar el barco.

Salim Malla, uno de los activistas de la Global Sumud Flotilla retenidos la noche del 29 de abril.

Salim Malla, uno de los activistas de la Global Sumud Flotilla retenidos la noche del 29 de abril. Cedida

"Destrozaron el sistema de comunicación satelital, el Starlink, que utilizábamos para coordinarnos en el mar".

"También rompieron las cámaras, las velas, vaciaron nuestras mochilas y revolvieron toda la ropa y material humanitario", añade

A lo lejos, entre la oscuridad, ya distinguían las luces del buque militar israelí.

Así, asegura Salim, comenzó un "secuestro" de varios días marcado por el "frío", las "amenazas", las "humillaciones" y los "golpes".

El Gobierno de Israel rechaza esas acusaciones.

El Ministerio de Exteriores israelí sostiene que la operación estaba dirigida contra una flotilla vinculada a organizaciones próximas a Hamás y acusa a algunos de sus líderes de colaborar con estructuras utilizadas por el grupo islamista palestino.

Mientras los activistas denuncian "secuestros" y "crímenes de guerra", el Gobierno israelí habla de "seguridad nacional", "financiación clandestina" y "propaganda internacional".

Entre ambas versiones, hay 175 detenidos, una crisis diplomática entre Madrid y Tel Aviv y al menos 28 embarcaciones que todavía continúan fondeadas frente a Creta tras escapar del operativo israelí.

En varios de esos barcos siguen activistas españoles —al menos tres vascos y cinco catalanes, según la organización— que están siendo asistidos por Open Arms y Greenpeace ante la falta de agua y suministros.

La flotilla que zarpó de Barcelona como una misión civil humanitaria terminó convertida en otra batalla más de la guerra de Gaza. No solo en el mar. También en los tribunales, las cancillerías y las redes sociales.

Disturbios durante una concentración en protesta por el ataque del ejército de Israel a la Global Sumud Flotilla, en la Plaza de Sants, a 30 de abril de 2026, en Barcelona.

Disturbios durante una concentración en protesta por el ataque del ejército de Israel a la Global Sumud Flotilla, en la Plaza de Sants, a 30 de abril de 2026, en Barcelona. Europa Press

De Barcelona al radar israelí

La Global Sumud Flotilla había zarpado de Barcelona el 15 de abril con la ambición de reunir decenas de embarcaciones desde Grecia y Turquía.

En total, más de 80 barcos y alrededor de un millar de participantes de distintas nacionalidades.

Oficialmente, la expedición pretendía romper el bloqueo israelí sobre Gaza y transportar ayuda humanitaria hasta la Franja.

Extraoficialmente, muchos de sus propios participantes asumían desde el principio que lo más probable era no llegar nunca.

Embarcaciones de la Global Sumud Flotilla zarpan desde Barcelona rumbo a Gaza el 15 de abril de 2026 en una misión civil integrada por más de 70 barcos y un millar de participantes de distintos países.

Embarcaciones de la Global Sumud Flotilla zarpan desde Barcelona rumbo a Gaza el 15 de abril de 2026 en una misión civil integrada por más de 70 barcos y un millar de participantes de distintos países. Global Sumud Flotilla

La misión, en realidad, consistía en colocar de nuevo el conflicto en el centro de la conversación internacional.

La flotilla fue creciendo durante el trayecto. Primero salieron embarcaciones desde Cataluña.

Después, se fueron sumando barcos en Italia, Grecia y Turquía hasta formar un convoy marítimo de más de 80 embarcaciones y alrededor de un millar de participantes de distintas nacionalidades.

Entre los participantes de la flotilla había perfiles muy distintos: activistas propalestinos habituales, sanitarios, artistas o profesores universitarios como el propio Salim Malla, doctor en Bellas Artes y docente en la Universidad de Salamanca.

El activista y miembro de la Global Sumud Flotilla, Salim Malla, saluda a una familiar a su llegada a Bilbao tras ser retenido por Israel, a 4 de mayo de 2026.

El activista y miembro de la Global Sumud Flotilla, Salim Malla, saluda a una familiar a su llegada a Bilbao tras ser retenido por Israel, a 4 de mayo de 2026. Europa Press

Según el activista vasco, en las embarcaciones convivían personas "desde 20 años hasta 70", procedentes de diferentes países y con distintos grados de implicación política.

"Había personas de toda índole, algunas de ellas politizadas, pero muchos de nosotros somos solo gente que no soporta ya más ver cómo la situación va peor y nadie hace nada", asegura el vitoriano.

Israel sostiene que la mayor parte de la organización está vinculada a estructuras próximas a Hamás y defiende que la operación no es únicamente una misión humanitaria, sino una acción política coordinada para desafiar el bloqueo naval sobre Gaza.

El ambiente de los primeros días, según varios participantes, se parecía más al de una movilización internacional que al de una operación clandestina.

Había conciertos improvisados en algunos puertos, talleres, asambleas y retransmisiones constantes en redes sociales.

Precisamente esa exposición pública acabaría convirtiéndose también en uno de los principales argumentos de Israel contra la expedición.

'La flotilla de los preservativos'

La tensión comenzó a escalar días antes del abordaje.

El 20 de abril, parte de la flotilla interceptó al MSC Maya, un carguero operado por Mediterranean Shipping Company que transportaba materiales destinados a la industria militar israelí.

Aquello colocó definitivamente a la expedición en el radar político y mediático israelí.

Desde entonces, las autoridades israelíes comenzaron a presentar la misión como una operación coordinada por activistas vinculados a organizaciones próximas a Hamás.

Parte de la prensa internacional bautizó la expedición como "La flotilla de los preservativos" después de que el Ministerio de Exteriores israelí difundiera vídeos y mensajes asegurando que en algunas embarcaciones se habían encontrado "condones" y "droga".

"Como decía un compañero que es médico, llevar condones no es malo. Es una medida de protección. Lo malo sería no llevarlos, ¿no? Por otro lado, en cuanto a lo de las drogas... pueden haber cogido harina. La gente lo que toma para estos viajes es biodramina, no cocaína", declara Salim.

Los organizadores de la flotilla denunciaron una campaña deliberada de descrédito cuyo objetivo era desactivar el impacto internacional de la expedición y restar credibilidad a las denuncias posteriores sobre el abordaje.

Israel respondió difundiendo imágenes de barcos prácticamente vacíos y acusando a la flotilla de buscar "titulares y seguidores en redes sociales" más que llevar ayuda humanitaria porque los barcos llevaban poca carga visible.

La organización de la Global Sumud Flotilla defiende que la ayuda humanitaria era limitada porque el verdadero objetivo consistía en abrir una ruta marítima estable y atraer atención internacional sobre el bloqueo de Gaza.

"Llevábamos ayuda humanitaria, pero esta debería llegar masivamente. Nosotros queremos visibilizar la causa para que llegue mucha más", explica Salim.

Mientras tanto, en mitad de esta batalla por el relato, en el Mediterráneo decenas de embarcaciones seguían navegando hacia el este.

Varios participantes de la Global Sumud Flotilla llegan a Bilbao tras ser retenidos por Israel, a 4 de mayo de 2026.

Varios participantes de la Global Sumud Flotilla llegan a Bilbao tras ser retenidos por Israel, a 4 de mayo de 2026. Europa Press

El abordaje

"Fue totalmente un secuestro, no una retención como dicen muchos medios", afirma Salim Malla.

La versión de lo ocurrido aquella noche cambia radicalmente según quién la cuente.

Para los integrantes de la flotilla, fue una operación militar desproporcionada en aguas internacionales contra civiles desarmados.

Para Israel, una intervención de seguridad sobre una expedición que, según sostiene, estaba coordinada por activistas vinculados a organizaciones próximas a Hamás.

"No llegaron a cortar los cables del motor porque después de robarnos y de destrozar todo, incluidas las velas, nos llevaron en nuestro propio barco hacia una lancha rápida con la que nos acercaron a su barco de guerra, cuyas luces veíamos a lo lejos", explica.

Según el relato de la organización, al llegar fueron identificados con bridas en las muñecas, cacheados y distribuidos en un recinto improvisado con contenedores de carga instalados sobre la cubierta del barco.

"A algunos nos quitaron las chaquetas y los zapatos nada más subir. Después, nos hicieron avanzar de rodillas", recuerda Salim.

El activista y miembro de la Global Sumud Flotilla, Salim Malla, muestra la brida de identificación a su llegada a Bilbao el 4 de mayo de 2026.

El activista y miembro de la Global Sumud Flotilla, Salim Malla, muestra la brida de identificación a su llegada a Bilbao el 4 de mayo de 2026. Europa Press

"Hacía mucho frío y había muchísima humedad", subraya. "Para dormir solo teníamos espumas de obra".

Según su relato, los soldados "mojaban el suelo constantemente" cuando los activistas intentaban descansar "hacinados" dentro de los contenedores.

El acceso al agua y la comida, añade, también fue mínimo.

Había baños portátiles repartidos por cubierta. "Aproximadamente uno por cada 35 personas. Fue totalmente infrahumano", resume.

Comenzaba así la parte más dura del relato de la retención.

Desde arriba, varios militares armados los vigilaban permanentemente con fusiles y megáfonos. Otros grababan vídeos y tomaban fotografías.

Cada cierto tiempo, asegura, los obligaban de nuevo a salir, colocarse de rodillas y permanecer durante horas con las manos en la cabeza.

"A quien no aguantaba o se resistía le daban una paliza", afirma.

La organización Global Sumud asegura que una treintena de participantes necesitaron atención médica tras desembarcar en Creta.

Algunos activistas hablan de costillas rotas, clavículas fracturadas y golpes en la cabeza provocados durante las horas de retención en el barco militar.

Israel rechaza esas acusaciones y ha negado públicamente que los detenidos fueran sometidos a torturas.

Pero los relatos sobre lo ocurrido en el barco militar siguieron multiplicándose durante los días posteriores.

Malla asegura que, en un momento dado, varios soldados comenzaron a recorrer los contenedores leyendo nombres por megáfono. Uno de ellos era el suyo.

"Me sacaron del grupo y me metieron en una especie de camarote-celda", declara.

Relata que perdió la noción del tiempo, que no sabía si era de día o de noche, que lo despertaban constantemente, que escuchaba golpes y gritos al otro lado de las paredes.

Entre los nombres que los soldados israelíes gritaron aquella noche hubo dos que terminarían concentrando toda la atención diplomática y mediática de la operación.

Saif Abukeshek y Thiago Ávila fueron los únicos integrantes de la flotilla trasladados finalmente a Israel.

Mientras el resto de activistas interceptados, incluido el propio Malla, acabaron siendo desembarcados en Creta y deportados desde Grecia a sus lugares de origen, ambos permanecieron diez días detenidos, hasta este domingo.

Primero en el buque militar Nahshon y, después, en la prisión israelí de Shikma, en Ashkelon.

Su caso transformó definitivamente el abordaje en un conflicto político internacional.

Saif Abukeshek, de origen palestino y nacionalidad hispano-sueca, nació en el campo de refugiados de Askar, en Nablús, y lleva años viviendo en Barcelona junto a su mujer y sus hijos.

Dentro de la flotilla ejerce labores de coordinación logística y observación marítima.

Israel sostiene, sin embargo, que es un miembro destacado de la PCPA —la Conferencia Popular de Palestinos en el Extranjero—, una organización que Washington acusa de actuar como estructura vinculada a Hamás.

Thiago Ávila es, probablemente, la cara más conocida de toda la expedición.

El nombre de este activista brasileño de 39 años, veterano de otras flotillas hacia Gaza y figura habitual del movimiento propalestino internacional, lleva tiempo convertido en un personaje polémico.

Su nombre había aparecido meses antes en medios israelíes y estadounidenses por su presencia en el funeral del líder de Hezbolá Hassan Nasrallah, acusado de dirigir durante décadas la milicia chií libanesa vinculada a atentados y ataques contra Israel.

También, por sus fotografías junto a figuras históricas de organizaciones palestinas armadas.

Recientemente ha protagonizado polémicas internas dentro de la propia flotilla después de varias acusaciones de comportamiento sexual inapropiado durante la travesía.

Thiago Avila, miembro de la Flotilla Global Sumud, llega para asistir a su juicio por una extensión de la prisión preventiva en el Tribunal de Magistrados de Ashkelon en Ashkelon el 3 de mayo de 2026.

Thiago Avila, miembro de la Flotilla Global Sumud, llega para asistir a su juicio por una extensión de la prisión preventiva en el Tribunal de Magistrados de Ashkelon en Ashkelon el 3 de mayo de 2026. EFE

Es por esta razón por la que, para Israel, ambos hombres no eran simples activistas.

Durante los interrogatorios, las autoridades israelíes los acusaron de "ayudar al enemigo en tiempo de guerra" y de pertenecer o colaborar con organizaciones terroristas.

Sus abogados rechazaron las acusaciones y denunciaron que ninguno de los dos había sido detenido en territorio israelí, sino en aguas internacionales frente a Grecia.

La organización Adalah, encargada de su defensa legal en Israel, aseguró que ambos habían sido sometidos a "aislamiento", "golpes" y "privación del sueño" prolongadas durante el traslado.

Según los testimonios recogidos por los abogados, Thiago Ávila afirmó haber "perdido el conocimiento" durante una agresión y Saif Abukeshek inició una huelga de hambre para protestar por su detención.

Israel negó las acusaciones.

España y Brasil reaccionaron casi de inmediato exigiendo explicaciones y reclamando la liberación de sus ciudadanos.

El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, durante una sesión plenaria en el Congreso, el 7 de mayo de 2026.

El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, durante una sesión plenaria en el Congreso, el 7 de mayo de 2026. Europa Press

El Ministerio de Asuntos Exteriores español calificó la detención de Saif Abukeshek de "ilegal" al considerar que se produjo fuera de la jurisdicción israelí y en aguas internacionales.

"Debe ser puesto en libertad inmediatamente", afirmó José Manuel Albares en varias entrevistas radiofónicas durante los días posteriores al abordaje.

Pedro Sánchez también denunció públicamente una nueva vulneración del derecho internacional por parte de Israel y volvió a endurecer el tono diplomático con Tel Aviv en pleno contexto de tensión creciente por la guerra de Gaza.

"Las declaraciones de Sánchez me parecen palabras huecas. Dice que el Gobierno no acepta que secuestren a ciudadanos españoles, pero cuando mi familia llamó a la Embajada Española preguntando por mí se rieron de ellos", sostiene Salim Malla.

La tarde de este domingo, Saif y Thiago fueron deportados. Thiago Ávila salió hacia Egipto antes de regresar a Brasil y Saif Abukeshek aterrizó en Barcelona rodeado de familiares, banderas palestinas y cámaras de televisión.

"Volveré a hacer las maletas para reunirme con mis compañeros en Turquía", dijo este domingo nada más bajar del avión.

Hoy mismo ha asegurado que se reunirá este martes con otros activistas de la Global Sumud Flotilla en Turquía y que denunciará a Israel por violar "todos sus derechos" durante su detención en el Estado hebreo.

El activista de la Global Sumud Flotilla Saif Abukeshek (c) junto a su esposa Sally Issa (i) y el miembro de la Global Sumud Flotilla Eduard Lucas (d) a su llegada al Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, a 10 de mayo de 2026, en Barcelona, Catalunya (España).

El activista de la Global Sumud Flotilla Saif Abukeshek (c) junto a su esposa Sally Issa (i) y el miembro de la Global Sumud Flotilla Eduard Lucas (d) a su llegada al Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, a 10 de mayo de 2026, en Barcelona, Catalunya (España). Europa Press

'Todavía quedan 33 barcos'

La flotilla no ha finalizado con los arrestos, ni con las deportaciones, ni siquiera con el regreso de Saif Abukeshek a Barcelona.

Ahora mismo todavía quedan barcos atrapados en el Mediterráneo oriental. Algunos continúan fondeados frente a Creta desde hace días, otros intentando reorganizarse para salir hacia Turquía.

"De los 22 barcos asaltados todavía quedan otros 33. Los depósitos son limitados y si te tienen retenido mucho tiempo te quedas sin agua, sin comida y sin nada", asegura Salim.

Según la organización, el Gobierno griego ha impedido durante días que parte de las embarcaciones desembarquen libremente en tierra.

Manifestantes portan pancarta con lema 'Rompamos el bloqueo' durante una concentración de apoyo a la flotilla, frente al Ministerio de Asuntos Exteriores, a 10 de mayo de 2026, en Madrid (España).

Manifestantes portan pancarta con lema 'Rompamos el bloqueo' durante una concentración de apoyo a la flotilla, frente al Ministerio de Asuntos Exteriores, a 10 de mayo de 2026, en Madrid (España). Europa Press

"Están tratando de organizarse, pero como el gobierno griego ha colaborado con los israelíes no les está dejando bajar a tierra. Les han dicho que el que baje a tierra no vuelve a subir al barco".

Algunos participantes han decidido abandonar y regresar en avión. Otros continúan allí, mirando hacia el horizonte desde la cubierta de barcos inmóviles, esperando noticias e instrucciones para entrar a puerto. Entre ellos todavía hay españoles.

Open Arms y Greenpeace han empezado a asistir a varios barcos para evitar que la situación empeore. Les llevan agua, suministros básicos y apoyo logístico mientras las tripulaciones permanecen detenidas frente a Creta.

Los activistas creen que todavía hay vigilancia israelí en la zona y que cualquier movimiento puede volver a acabar en otro abordaje.

Aun así, continúan reuniéndose en cubierta para decidir la siguiente ruta. Turquía, Marmaris y, después, otra vez hacia el este.

"Esto no se acaba aquí", repiten varios participantes en los grupos internos de coordinación.

La idea ahora es reagrupar las embarcaciones que siguen dispersas entre Grecia y Turquía y volver a intentarlo con nuevos barcos.

"Hay otros seis barcos griegos que también se van a unir y en Turquía, en Marmaris, les esperan otros 16 entonces, serían unos 55 barcos que están dispuestos a salir desde Marmaris hacia Gaza próximamente", asegura Malla.

Ya no es solo la ruta de una misión humanitaria frustrada. Frente a Creta decenas de barcos continúan balanceándose sobre un Mediterráneo cada vez más oscuro y silencioso.

Entre radares, ONG trasladando agua, gobiernos cruzándose acusaciones diplomáticas y activistas esperando instrucciones desde cubiertas improvisadas como campamentos en mitad del mar, la flotilla no ha logrado llegar a Gaza o, al menos, no todavía.

Sin embargo, su guerra sí ha terminado extendiéndose al mar y flotando frente a Europa.