Elvira Sastre durante la entrevista con EL ESPAÑOL

Elvira Sastre durante la entrevista con EL ESPAÑOL David Morales

Reportajes

Elvira Sastre: "El sistema en España es muy opresivo, he visto a gente dejar de escribir o de cantar por pura burocracia"

"Sin traductores no habría escritores: no podríamos leernos entre lenguas... La IA amenaza la cultura cuando no hay regulación que la proteja" // "Tengo todo mi interés puesto en lo rural, me interesa más una Castilla que irme a las Maldivas de vacaciones"

Más información: Elvira Sastre: "Hay mucha poesía fácil que ni me llega ni me conmueve".

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Ser Elvira Sastre: a ratos bendecida por miles, otras veces encajando invectivas directas al mentón. Llenando un día el WiZink cuando era el WiZink, teniendo que leer al siguiente que su poesía es "efectista y vacua". O que su narración va cargada de "sabiduría postiza". Cuenta que claro que le afecta este balancín alocado de opiniones, pero que logra salir adelante recordando que, al final, nadie es tan importante. Tampoco ella. 

En El Español la hemos entrevistado tras la publicación de su último libro, En defensa de la memoria (Alfaguara), que reúne algunos textos y fotografías analógicas que ha disparado durante los últimos cuatro años. Un tiempo revoltoso que ha revolcado más de una vez a la joven autora.  

Elvira Sastre durante la entrevista con El Español

Elvira Sastre durante la entrevista con El Español David Morales

PREGUNTA.- ¿Qué cosas recuerda Elvira Sastre que querría olvidar? 

RESPUESTA.- Yo creo que nada, fíjate, porque podría pensar en las cosas que me han hecho daño, pero siento que también son las cosas más importantes que me han pasado, porque de alguna manera son las que no te esperas que sucedan. Intento sacar mucho aprendizaje de ahí, aunque cada vez lo romantizo menos y no considero que sea necesario. Y también ahí aparece un poco la escritura como mecanismo para transformar eso o conservarlo de una manera diferente. 

P.- Y al revés, ¿qué cosas olvidas que dices "esto sí que debería recordarlo"? 

R.- Pues me pasa mucho con los recuerdos. Mis amigas se ríen mucho porque siempre dicen que agrando mucho las historias que cuento; yo siempre digo que les meto un poco de ficción porque así la vida es un poco más divertida. Entonces es verdad que me fío poco de mi memoria, pero me hace gracia también contar las cosas así, y la fotografía me sirve un poco para eso. La fotografía analógica apareció como una manera de guardar las cosas físicas, la cara de mi abuela, por ejemplo, o incluso lo que no es físico, como la emoción que sentí un día de verano en el pueblo. Siento que, si no le hubiera hecho una foto, eventualmente esos recuerdos se podrían transformar en otra cosa, y fue perfecto tal cual.

P.- En el libro hay muchos retazos de tu vida íntima, hablas de tu abuela, de tu pareja cuando aludes al "pelito rizado de la loba", o del fallecimiento de tu perro Tango. Pero a la vez creo que eres una persona muy reservada, ¿cómo llevas esa dualidad?

R.- Pues creo que por una parte es fundamental que yo elijo lo que muestro. Esa libertad todavía existe hoy en día y yo la pongo bastante en práctica. Es verdad que para mí son canales diferentes: un libro pasa un proceso narrativo y, cuando hay texto, pasa un proceso de edición y, de vuelta sobre lo mismo, de retrospección también. Entonces es diferente eso a la intimidad expuesta, por ejemplo, en las redes sociales, en las que a lo mejor sí que tengo esa intimidad más relegada. Digamos que lo que cuento va hacia algún sitio, es decir, busco algo con cada cosa que cuento.

Elvira Sastre durante la entrevista con EL ESPAÑOL

Elvira Sastre durante la entrevista con EL ESPAÑOL David Morales

P.- Hay un momento en el que hablas de los paseos por Buenos Aires. Dices "nunca me sentí tan sola como en aquellos paseos por Buenos Aires, la ciudad quebró algo dentro de mí que aún no he logrado reconstruir". Hablaba hace poquito con Espido Freire de que muchas veces romantizamos el viaje y pensamos que es necesariamente un momento de encuentro, cuando no tiene por qué.

R.- Sí, para mí hay como algo cotidiano en estos viajes y la suerte, también, que tengo de que por trabajo he ido mucho a allí. No fue mi primer viaje a Buenos Aires y eso te permite de pronto vivir las ciudades de una manera diferente. No difiere de la sensación que yo pueda haber tenido un día saliendo por Madrid sintiéndome la persona más sola del planeta por lo que fuera. En ese momento me pasaba eso. Justo, además, yo estaba de gira, tenía unos aforos muy grandes de gente y esos son los momentos en los que más sola me siento porque hay una cosa muy extraña en el hecho de que durante unas horas tengas a miles de personas que te están mirando, que te respetan y que te abrazan, y al segundo después estás sola completamente en ese momento del camerino. 

P.- ¿Y lo de sentirte tan expuesta y vista cómo lo llevas?

R.- Bueno, no me doy mucha cuenta, creo que quizá si me psicoanalizo o si me psicoanalizan, pues saldrían cosas. Sí que es verdad que esa exposición, en momentos en los que he estado muy vulnerable a nivel personal, me ha pasado mucha factura, porque sí que he tenido momentos en los que he pensado "no quiero que me mire nadie, no quiero que nadie me vea ahora mismo, no quiero que nadie me diga nada incluso", pero porque a lo mejor no me quería ver ni yo a mí misma, querría desaparecer y no puedo. Pero es verdad que tengo un trabajo que, al final, permite, por suerte, esos momentos de introspección, de los cuales siempre suelen salir cosas, literarias o de otro estilo, que me permiten canalizar un poco todo eso.

Intento medio equilibrar las cosas, a mí me ayuda mucho la rutina también, hacer todos los días  las mismas cosas, una vida tranquila y sencilla. Mis perros me bajan bastante a tierra. Siento que así equilibro toda esa otra parte.

P.- Escribes también "cuando no sé cómo me siento, miro algo que esté mar adentro y me pregunto si está flotando o hundiéndose". Los demás a veces también nos pueden dar pistas de lo que nos sucede. ¿Te pasa con algunas personas también, que te hagan de espejo?

R.- Sí, puede ser. Pienso en mis sobrinos, sobre todo en León, que ya es un poquito más mayor, tiene dos años, y que ha despertado una cosa en mí que no conocía hasta ahora, que es el cuidado desde la alegría y desde la felicidad. Me ha revelado una parte de mí que no sobrepiensa tanto las cosas. Siento que es muy parecido al final a convivir con un perro, esta cosa animal e instintiva que no está tocada por nada más. Son momentos en los que conectas con una parte de ti que también fue mamífero, cachorro, niño, y que, de repente, dices no hay lugar en el mundo en el que quiera estar que no sea este parque, balanceando el columpio de mi sobrino. 

Ejemplar de 'En defensa de la memoria', el último libro de Elvira Sastre.

Ejemplar de 'En defensa de la memoria', el último libro de Elvira Sastre.

P.- Hay un guiño también especial a tu abuela Sote. Dices que le prohibiste que se muriera porque no podrías asimilarlo. ¿Qué tienes de ella todavía, Elvira? No sé si vive. 

R.- No, murió este verano. Ya me quedé sin abuelos. Pero bueno, no fue una muerte muy traumática en el sentido de que mi abuela ya era muy mayor y tampoco estaba bien… De mis abuelos tengo todo. Creo que esta cosa también muy castellana, muy del pueblo, del valor de esas cosas pequeñas, de las raíces.

En este libro salen muchas fotos también de Segovia, de cosas del campo y del pueblo. A través de este libro me he dado cuenta de que tengo todo mi interés puesto ahí, en lo rural. Hace poco estuve también en una aldea de Sigüenza, vacía completamente, cayó una nevada impresionante y, de repente, es como, vale, esto también es una realidad, esto también existe, no el vértigo de Madrid, que estamos todos que vomitamos la realidad casi. Me interesa más una Castilla que irme a las Maldivas de vacaciones. Siento que esa parte un poco más grande la tengo viviendo en Madrid, pero cada vez vuelvo un poco más a esta cosa de mis abuelos, de las raíces, de Castilla, de los campos de trigo, y prefiero estar ahí. 

P.- ¿Crees que la tierra determina el carácter? Pienso en el poema de Machado, Castilla, que dice "El ciego sol, la sed y la fatiga/ por la terrible estepa castellana/, al destierro, con doce de los suyos/ -polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga".

R.- Sí, sí, sí. Los castellanos, sin querer generalizar, porque luego tengo a mi hermana que es una persona súper abierta y yo soy mucho más reservada, tenemos esa parte predeterminada de la gente del interior, en terrenos muy extensos. Casi todos mis amigos son andaluces, mi pareja es andaluza e hija de argentinos, tiene esta mezcla y al principio fue un choque para ambas partes. En España te cambias de comunidad y son maneras de comportarse completamente diferentes. Es verdad que los castellanos tenemos esta cosa muy diferente que viene marcada por el clima, claramente. Cuando fui a Sevilla la primera vez, allí las casas siempre están abiertas y llaman al timbre y suben a las diez de la noche. A mí me daba algo. Y ahora en cambio mi casa todos los días es jornada de puertas abiertas porque todo el mundo pasa por ahí y me encanta. He sabido coger esa parte, pero al mismo tiempo siendo muy casera como soy. Entonces para mí la mezcla siempre es buena.

P.- ¿Cómo es para ti la amistad en este momento de tu vida?

R.- Pues es familia totalmente. Siento que con mis amigas hay una relación casi de comadres. Ahora además que tengo planes de ser madre, pues hay esta relación de comadreo. Hablamos de una maternidad y es la maternidad de todas prácticamente. Está muy manido esto de familia elegida, pero es así totalmente.

El mundo te hace vivir un poco en tu burbuja y replegarte, pero es que estamos muy cómodas, estamos muy seguras ahí. Nosotras cuando nos mudamos ya planteamos tener una habitación de invitados, y cada vez que pasa alguien por ahí tiene el nombre de una persona diferente. Ahora yo es verdad que tengo a mis padres muy cerca, pero la mayoría de mi gente no. Entonces vas buscando esos espacios. Creo que en las ciudades grandes es casi un requisito indispensable para no sentirte totalmente abandonada.

Elvira Sastre durante la entrevista con EL ESPAÑOL

Elvira Sastre durante la entrevista con EL ESPAÑOL David Morales

P.- ¿Qué te ilusiona y qué te da miedo de ser mamá? 

R.- Es un proceso que está empezando. Como he venido de una época de muchos cuidados, con mi sobrino, mis abuelos, mi perra, que ha estado enferma muchos años también y nos ha requerido muchísimo cuidado, estoy en un proceso de intentar despojar la palabra cuidado de la maternidad, que la hay, pero la quiero enfocar a esta cosa luminosa, de algo que crece, que se desarrolla.

No me angustian los miedos porque estoy acostumbrada a convivir con ellos y siento que sabré más o menos canalizarlos y, si no, sabré pedir ayuda. Pero me estoy preparando. Tengo ganas de pasármelo bien. La relación con mis sobrinos es de juego totalmente. Es verdad que como madre cambiará, yo sé que me lo voy a pasar muy bien. Tengo muchas ganas. Como dice mi chica, quiero que mis hijos me caigan bien. 

P.- ¿Y el amor romántico cómo ha cambiado para ti desde, por ejemplo, los 20 años? 

R.- No ha cambiado demasiado. Yo soy una persona que, no porque lo haya buscado, sino porque se ha dado, casi siempre he estado en pareja. Yo con mi chica llevo ocho o nueve años y nos veo un poco fuera de la norma, porque incluso después de tanto tiempo siento que las relaciones ya no duran tanto en parte porque hay unos requisitos y unas exigencias que me parecen bien y, en parte, porque creo que, en general, la manera de relacionarse es como mucho más rápida y más consumista.

Estando en una relación tan estable que también he intentado proteger mucho, en la que practicamos mucho las dos la responsabilidad afectiva, en la que hay muchísimo diálogo -a veces demasiado incluso-, también he aprendido mucho a soltar a veces, yo que soy muy castellana, muy cabezona. Estando en una relación de tanto tiempo aprendes a soltar, aprendes qué batallas te merecen la pena y cuáles no. Para mí una relación de amor tan larga se convierte en algo que es el contexto de muchas otras cosas, donde aprendes cosas que también tienen que ver contigo misma. Es un marco bonito en el que poder desarrollarte.

P.- Y de la IA, ¿qué piensas? Me refiero estrictamente en lo creativo, no en otros ámbitos.

R.- Claro, sí, porque además yo me beneficio bastante de eso, porque soy diabética. Pero a nivel de creación me parece que el sector principal más perjudicado ahora mismo es el de los ilustradores, el de la gente que hace las creatividades, las portadas…  Si no lo hay, debería haber un marco que proteja todo eso. Y no sé si ya ha llegado o no al sector de la traducción, que ya de por sí es un sector muy mal pagado y muy injustamente tratado, pero creo que esto ya es como el remate final y me parece que también es una profesión que se debería proteger porque sin los traductores es que no habría escritores, básicamente, porque no podríamos leer otras lenguas. Creo que la IA amenaza todo ese mundo en el momento en el que no hay una regulación, entonces a mí me parece que está bien siempre que hagas un buen uso de ellas. La cultura es lo poco que nos queda que todavía es genuino, emocional y puramente humanista, en el momento en el que metes una máquina también lo perdemos.

Elvira Lindo durante la entrevista con EL ESPAÑOL

Elvira Lindo durante la entrevista con EL ESPAÑOL David Morales

P.- ¿Usarías Inteligencia Artificial para alguna parte del proceso, o es algo que descartas? 

R.- Sí, no lo rechazo. Yo creo que a lo mejor para algunas cosas sí puede ser útil, no estoy tan familiarizada pero creo que en todo lo que no es un proceso creativo si te puede servir para hacer algo mejor no tiene por qué estar mal, lo que pasa es que creo que sería importante entender de dónde viene eso, lo que supone, el gasto que tiene y también qué hace quien sea que esté detrás de eso con toda esa información que tú le estás dando. 

P.- Max Estrella, el gran poeta, el protagonista de la obra de Luces de Bohemia de Valle-Inclán decía "en España no se premia el mérito, se premia solo al que roba y al sinvergüenza". ¿Cuál dirías tú que es el gran mal que tenemos ahora en España? ¿De qué se quejaría Max Estrella en pleno siglo XXI? 

R.- Creo que hay que proteger más todo lo humanista, todo lo que es puramente humano que hacemos como personas: creo que hay que proteger mucho más la cultura y eso pasa por favorecer las cosas. Es un sistema muy opresivo a nivel económico y burocrático. Los autónomos muchas veces no saben dónde se tienen que dar de alta o si tienen que pagar autónomos porque han publicado un libro pero se dedican a otra cosa… He visto a tanta gente que ha dejado de escribir poesía, de publicar, de hacer ilustraciones o de cantar por este tipo de cosas. Yo tengo una editorial con unas amigas y es tremendo lo que hay que hacer. Y hay ayudas, pero te las dan cuando a lo mejor llevas un año y has publicado no sé cuantísimos libros. Nosotras publicamos mucha gente también de América Latina y no hay asistencia para eso, al final todo depende de la inversión que hacen cuatro chavalas de 30 años. Luego pues ves que pagan una millonada de repente a alguien que aparece nuevo que es genial y que su trabajo lo merece y demás, pero a lo mejor podría haber un poco más de reparto de fondos destinados a nuevos creadores.

P.- Tienes una trayectoria ya muy larga y leía estos días críticas que te han hecho de todo tipo. Decían, por ejemplo, que tu poesía es efectista o que tu narración tiene a veces un exceso de sabiduría postiza. Son críticas duras, ¿cómo las has interiorizado y cómo las procesas a la hora de seguir con tu trabajo creativo? 

R.- Sí, creo que va un poco por épocas. El otro día leía de Paula Melchor, que es una poeta que me encanta, o de Elisa Fernández, las dos poetas muy jóvenes, que cuando empezó a escribir y nadie la leía lo hacía de un modo mucho más libre. Sería imposible decirte que no me afecta, soy permeable a muchísimas cosas y a eso también, por supuesto. Depende un poco también del momento en que me encuentre, ahora he pasado una época muy mala a nivel personal y he sentido esto de no querer que nadie me mire ni me hable. En ese momento todo lo que te entra malo te hace polvo, como un tuit de alguien que te dice cualquier burrada o cuando compartes algo y te cae la mundial. 

Creo que es parte del trabajo, a veces una se rebela un poco porque hay otros trabajos en los que nadie opina constantemente sobre lo que haces. A mí me gustaría tener la capacidad de discernir entre las críticas constructivas y las que no lo son. También hay momentos en los que me interesa leerlas porque quiero saber en qué puedo mejorar y otros en los que prefiero seguir mi camino porque no me hace bien y quedarme con la gente que me dice cosas bonitas. Siempre pienso es que no soy tan importante y realmente lo creo, es una manera de bajar también esa importancia de lo que otra persona pueda pensar. 

P.- ¿Ahora mismo estás con algún otro proyecto?

R.- Sí, estoy a tope con este libro, como es algo diferente siento que es un terreno nuevo. 

Tengo ganas también del reencuentro con la gente y estoy muy a tope con la editorial. En este tiempo de reclusión estoy haciendo también un taller literario, con muy poquitas personas, que me ha devuelto la autoestima. Poder compartir lo que sé y saber que va a algún sitio, esto que ssiento de tener una deuda por todo lo que me han ayudado a mí y ponerlo al servicio de los otros. Me parece importante en la escritura ser colaborativos. Y luego se han despertado las ganas de seguir escribiendo. Tengo un proyecto que no sé si será más narrativo o más ensayístico. Iremos viendo.