Paco Salazar, retratado sobre una doble geografía que resume su caída: Argentina, donde fuentes de su entorno sitúan su nueva vida, y Sevilla, donde ha fijado la empresa con la que intenta reordenar su futuro tras salir del PSOE.

Paco Salazar, retratado sobre una doble geografía que resume su caída: Argentina, donde fuentes de su entorno sitúan su nueva vida, y Sevilla, donde ha fijado la empresa con la que intenta reordenar su futuro tras salir del PSOE. Arte E. E.

Reportajes De Ferraz a argentina

La vida de Paco Salazar como 'freelance' en Buenos Aires: una "consultoría política" en Latam que le aleja de su mujer e hijos

Tras el escándalo que marcó su salida del PSOE, el exdirigente ha reorientado su actividad. Constituyó una sociedad en 2025 y trasladó su sede a Andalucía mientras fuentes de su entorno sitúan su operativa en Argentina.

Más información: Viaje a los orígenes de Salazar, el "talibán de Montellano", donde no puede volver: "Era un fullero, estaba siempre en los bares"

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Entre Sevilla y Buenos Aires hay 9.500 kilómetros. La cifra no es anecdótica. Es la distancia exacta que separa, hoy, la vida que distintas fuentes del entorno socialista atribuyen a Paco Salazar de los restos visibles que ha dejado en España.

A un lado, un exdirigente que, tras su caída en el verano de 2025, habría rehecho su actividad como consultor político en Argentina. Al otro, una estructura mínima que permanece aquí: una empresa sin rastro en un coworking del puerto de Sevilla, una residencia vinculada a Dos Hermanas y una familia que no se ha movido.

La historia no es la de una desaparición. Es la de un desplazamiento. Uno incompleto. La presencia de Salazar en Buenos Aires fue adelantada por The Objective, que situó al exresponsable de Coordinación Institucional de la Presidencia del Gobierno trabajando en tareas de consultoría electoral para administraciones públicas y empresas privadas.

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El exdirigente socialista Paco Salazar comparece durante la Comisión de Investigación del ‘caso Koldo’, en el Senado, a 5 de febrero de 2026, en Madrid (España).

El exdirigente socialista Paco Salazar comparece durante la Comisión de Investigación del ‘caso Koldo’, en el Senado, a 5 de febrero de 2026, en Madrid (España). Carlos Luján / EP.

Desde entonces, distintas fuentes del entorno socialista consultadas por este periódico coinciden en ese mismo punto: Argentina como nuevo escenario profesional. No hay confirmación oficial, ni agenda pública, ni rastro directo de actividad bajo su nombre.

Pero el relato es consistente. Salazar, aseguran, se marchó en los meses posteriores a su dimisión, en un momento en el que su nombre había quedado completamente fuera del circuito político español.

"Se marchó él solo", resume una de las fuentes. El matiz es relevante. Porque la salida no ha sido en bloque. Su mujer, Lupe, funcionaria y siempre alejada de la exposición pública, continúa en España.

EL ESPAÑOL ha podido situar su residencia habitual en Dos Hermanas, en una de esas urbanizaciones de chalets adosados que definen el paisaje de la ciudad: calles tranquilas, casas idénticas, una vida que no se altera fácilmente. Según esas mismas fuentes, la relación entre ambos está rota y no mantienen contacto.

Sus tres hijos, ya adultos, viven fuera de Sevilla y no han respondido a las solicitudes de este periódico para hablar sobre la situación de su padre. La imagen que emerge es la de una ruptura doble: política y personal. Una salida que no arrastra consigo el núcleo familiar y que, por tanto, no responde únicamente a una decisión profesional.

El alcalde "fullero"

Para entender ese movimiento, sin embargo, hay que volver atrás. Francisco Salazar (Montellano, 1964) pertenece a esa categoría de políticos que construyen poder sin necesidad de visibilidad. No fue un dirigente orgánico con peso territorial ni un líder con base propia dentro del PSOE.

Fue, más bien, un operador. Un perfil de segunda línea que supo hacerse imprescindible para quienes ocupaban la primera. Su carrera arranca en Montellano, un municipio de poco más de 7.000 habitantes en la sierra sur de Sevilla, donde fue alcalde entre 2003 y 2008.

Hijo de un camionero que abrió un pequeño negocio de ultramarinos, su trayectoria responde al patrón clásico del ascenso desde la periferia. Concejal en los noventa, alcalde en los dos mil, y después, salida abrupta y recolocación en el ecosistema socialista andaluz.

Esa salida dejó un rastro incómodo. En el pueblo todavía se recuerda el episodio de la regularización de los diseminados ilegales, un proceso que, según fuentes locales, implicó la recaudación de varios millones de euros aportados por vecinos que buscaban legalizar sus viviendas.

El resultado, años después, sigue sin resolverse. "Las parcelas continúan sin escriturar y el dinero voló", resume una de las personas consultadas en Montellano. Ese episodio condiciona todavía su relación con el municipio. Lo suficiente como para que su presencia allí sea hoy prácticamente inexistente.

Paco Salazar (izquierda), durante una gala homenaje en 2023 en el municipio de Montellano.

Paco Salazar (izquierda), durante una gala homenaje en 2023 en el municipio de Montellano. E. E. PSOE de Montellano

Montellano explica el origen. Pero no el presente. El siguiente paso es Dos Hermanas. Allí se instala tras dejar la alcaldía y allí encuentra el entorno que impulsa su carrera.

Dos Hermanas no es un municipio cualquiera dentro del PSOE. Es uno de los núcleos de poder más sólidos del socialismo andaluz, articulado durante décadas en torno a la figura de Francisco Toscano y convertido en pieza clave en el regreso de Pedro Sánchez en 2017.

En ese contexto, Salazar se mueve con habilidad. No como líder visible, sino como engranaje. Como alguien que entiende la lógica interna del partido y sabe dónde colocarse. Técnico municipal primero, hombre de confianza después, operador en la campaña de primarias finalmente.

Hay una escena que resume bien ese momento: enero de 2017. Sánchez llega a Dos Hermanas tras su caída. Es Salazar quien lo recoge en la estación y lo pasea en coche por la ciudad para ganar tiempo mientras se organiza el acto que marcará el inicio de su reconquista. No es una metáfora. Es literal.

El fontanero de Sánchez

A partir de ahí, el ascenso. Secretaría de Acción Electoral. Moncloa. Gabinete de Presidencia. Análisis, encuestas, estrategia. Durante años, su nombre se asocia a esa función: leer el clima político, interpretar datos, anticipar escenarios.

Para unos, un perfil útil. Para otros, un personaje inflado. En cualquier caso, alguien que estaba dentro. Y eso, en ese nivel, es suficiente. La caída llega cuando todo parecía encajar.

En julio de 2025, cuando estaba a punto de ser nombrado adjunto a la Secretaría de Organización del PSOE, varias denuncias de acoso sexual y abuso de poder formuladas por trabajadoras de su entorno precipitan su dimisión como secretario general de Coordinación Institucional de la Presidencia del Gobierno y su salida del partido.

El episodio se resuelve con rapidez. Salazar niega los hechos. Pero no se defiende públicamente. El PSOE no lo respalda. Tampoco lo combate. Se limita a aceptar su renuncia. Y su nombre desaparece. A partir de ese momento, el silencio.

Paco Salazar se lleva el vaso a los labios en mitad de su comparecencia, como quien gana unos segundos de tregua antes de responder. Tras las gafas, la mirada fija y contenida, el gesto mínimo de quien mide cada palabra en un escenario donde todo pesa.

Paco Salazar se lleva el vaso a los labios en mitad de su comparecencia, como quien gana unos segundos de tregua antes de responder. Tras las gafas, la mirada fija y contenida, el gesto mínimo de quien mide cada palabra en un escenario donde todo pesa. Carlos Luján / EP.

Un océano de por medio

Quienes han hablado con él describen un corte brusco con su vida anterior. Deja de coger el teléfono, evita el contacto, se aísla. No hay intento de reconstrucción política ni de regreso al sistema. Lo que hay es una retirada.

Es en ese punto donde encaja Argentina. Un destino que ofrece distancia, mercado y anonimato relativo. Donde su perfil puede seguir teniendo valor sin arrastrar el peso de su caída en España. Donde la política, además, se parece lo suficiente como para que su experiencia sea útil.

Pero si Argentina explica el movimiento, Sevilla explica la forma. En septiembre de 2025, apenas dos meses después de su dimisión, Salazar constituye la sociedad Servicios e Ideas Estrategias Sociales y Electorales SL, con un objeto social centrado en la consultoría de gestión, los estudios de mercado y las encuestas de opinión pública.

En febrero de 2026, la empresa traslada su domicilio social de Madrid a Sevilla. La dirección corresponde a un coworking situado en el puerto, un espacio moderno, amplio, ocupado en su mayoría por empresas tecnológicas. Un entorno pensado para estructuras ligeras, para proyectos que no necesitan arraigo físico fuerte. La elección es coherente. No así su ausencia.

El edificio Galia Puerto, en Sevilla, donde Paco Salazar ha fijado el domicilio social de su nueva empresa: un coworking moderno, lleno de actividad tecnológica y oficinas compartidas, en el que, sin embargo, no hay rastro visible de su consultora ni de su presencia.

El edificio Galia Puerto, en Sevilla, donde Paco Salazar ha fijado el domicilio social de su nueva empresa: un coworking moderno, lleno de actividad tecnológica y oficinas compartidas, en el que, sin embargo, no hay rastro visible de su consultora ni de su presencia. Julio César R. A.

En ese espacio no hay rastro de la empresa. Nadie la identifica, nadie la sitúa, no hay actividad visible asociada a ella. En un lugar donde todo el mundo parece estar trabajando en algo, la sociedad de Salazar no está trabajando en nada que pueda observarse. Existe en el registro. No en la realidad. Ese desajuste es la clave.

Porque permite entender su situación actual como una operación a distancia. Una vida que, según su entorno, se desarrolla en Argentina mientras la estructura mínima se mantiene en España. Una forma de seguir operando sin cortar del todo con el país de origen. No es una huida limpia. No es un traslado completo. Es otra cosa.

Entre Montellano y Buenos Aires hay 9.500 kilómetros, pero la distancia real no es geográfica. Es la que separa al alcalde de un pueblo de 7.000 habitantes del hombre que estuvo a punto de controlar la maquinaria del PSOE. 

La que existe entre el operador de Moncloa y el consultor que, según su entorno, trabaja ahora desde otro continente. La que hay entre el poder y el silencio. Paco Salazar no ha desaparecido. Ha cambiado de escenario. Y lo ha hecho dejando detrás lo justo para que, todavía hoy, su rastro siga pasando por aquí. Solo se ha desplazado.