Aitana Sánchez-Gijón, durante su entrevista con EL ESPAÑOL. EL ESPAÑOL
Aitana Sánchez-Gijón: "Los chavales se ven amenazados por el feminismo porque están bombardeados por las redes"
"En el cine, las mujeres siempre hemos sido un cuerpo. El teatro ha sido mi revancha" // "Fuerzas autócratas y violentas están accediendo al poder por vías democráticas; el lobo está aquí".
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Su elegancia y tono sereno y dulce dotan a Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 1968) de un aura especial, casi mística. "El teatro refleja la vida misma", dice mientras observa detenidamente el imponente escenario del Teatro Español donde en unos días interpretará a Raimunda en La Malquerida, una de las grandes obras de Jacinto Benavente y de la historia del teatro patrio.
Lo hará treinta años después de haber debutado sobre estas mismas tablas encarnando a Acacia, la hija de Raimunda. "Me siento emocionada y sorprendida por haber cerrado este círculo". Un círculo vital que le ha permitido explorar a esas madres complejas, contradictorias, lejos del ideal perfecto.
"Somos mucho más comprensivos con los padres irresponsables. Mientras, juzgamos con una crueldad inaudita a las madres", denuncia la actriz en entrevista con EL ESPAÑOL.
Aitana Sánchez durante la entrevista con EL ESPAÑOL EL ESPAÑOL
Su trayectoria atraviesa el cine, el teatro y la televisión. De Hollywood —donde protagonizó Un paseo por las nubes junto a Keanu Reeves— a los grandes nombres del cine español: Pedro Almodóvar, con quien ha vuelto a trabajar en su última película; Bigas Luna, Pilar Miró o Vicente Aranda. Fue también la primera mujer en presidir la Academia de Cine y, en 2025, recibió el Goya de Honor más precoz de la historia del premio.
Pero Sánchez-Gijón nunca ha querido limitarse a interpretar. También habla. Opina y denuncia. Incluso a la industria que tan bien conoce: "En el cine, las mujeres siempre hemos sido fundamentalmente un cuerpo". Y cuando "ese cuerpo deja de encajar en el canon de juventud", explica, "pasas a ocupar un lugar secundario".
"Para mí, el teatro ha sido mi revancha", exclama.
A Aitana le alarma el auge de los discursos reaccionarios entre los jóvenes y su mala comprensión del feminismo. "Hay chavales que se sienten amenazados por el feminismo porque están muy bombardeados por las redes. Creo que son mucho más permeables y vulnerables a este tipo de manipulación por parte de los reaccionarios", señala.
La intérprete se declara "más a la izquierda" que el Gobierno actual, al que hay que exigirle resolver "problemas tan acuciantes como el problema de la vivienda".
"Eso provoca desesperanza, hay gente que votaba a la izquierda y que ahora se deja embaucar por los discursos de ultraderecha sin medir las consecuencias", apunta.
Consecuencias, según la actriz, que hemos podido presenciar hace unos días cuando una concejala del PP intentó censurar un monólogo feminista de una actriz. "Es algo absolutamente inconstitucional".
Por eso, para ella, el arte siempre sería una herramienta con la que reivindicar. "No me molesta que nos llamen titiriteros y bufones. Hay que ser el bufón que señala al rey y le diga que va desnudo", expresa.
PREGUNTA.– En 1988 interpretó a Acacia en este mismo escenario y ahora regresa como Raimunda. ¿Cómo se vive ese "círculo vital" de pasar de hija a madre dentro de la misma historia?
RESPUESTA.– Pues es como en la vida. Primero fui hija y también me convertí en madre en un momento determinado de mi vida. Y el teatro refleja la vida misma. Me siento emocionada y sorprendida por haber cerrado este círculo. Cuando Natalia me lo propuso, le dije que me lo iba a pensar, porque no sabía si quería volver a esta obra. Y ahora tiene todo el sentido. El personaje de Raimunda es uno de los grandes personajes del teatro. Y esta obra, La Malquerida, aún nos interpela en el siglo XXI y eso es muy poderoso.
P.–Raimunda es una madre que busca la verdad. Está cargada de conflicto. ¿Qué le permite explorar Raimunda como madre en la vida real?
R.– Bueno, es una madre con claroscuros. Es el tronco que vertebra esa familia de segundas nupcias, con una hija de su primer matrimonio. Ella simboliza la solidez y es la que sostiene esos vínculos familiares. Y al mismo tiempo mantiene una contradicción en la relación entre madre e hija. Cuando fui Acacia trabajé mucho ese desencuentro entre las dos, ese vínculo dañado. Hay amor pero no está bien vehiculizado.
Y, aunque no representen mi vida personal, sí que me ha interesado siempre indagar en esas maternidades imperfectas. A lo largo de mi carrera, sobre todo en teatro, he representado mucho a esas madres imperfectas.
P.– Ha hablado mucho de romper el mito de la madre abnegada. ¿Por qué cree que culturalmente seguimos siendo más duros con las "malas madres" que con los "malos padres"?
R.– Porque lo tenemos metido en el ADN. Hay algo que arrastramos a pesar de avanzar en derechos y en conciencia. Pero hay algo muy arraigado, incluso en las propias mujeres feministas que tenemos una conciencia clara sobre cuál debe ser nuestro lugar en el mundo y en la sociedad. Eso te genera una culpa espantosa. Y esa vara de medir no se aplica a los hombres, pero ni de lejos.
Seguimos siendo mucho más comprensivos con los hombres que no ejercen su paternidad de forma responsable. Mientras, juzgamos con una crueldad inaudita a las madres que se alejan de esos modelos de perfección.
P.–Estamos viendo que, entre los más jóvenes, hay una gran cantidad de discursos de reacción contra el feminismo. Según datos recientes, el porcentaje de jóvenes que se identifican como feministas ha disminuido del 50% en 2021 al 38% en 2025. ¿Por qué no se termina de entender el mensaje?
R.– No lo sé, y a mí me resulta muy alarmante. Pero no sé dónde está la respuesta. Creo que tiene que haber mucha pedagogía todavía. Creo que también hay factores que minan esa comprensión tan básica de lo que supone defender que todos debemos tener los mismos derechos. Los chavales se sienten amenazados por el feminismo porque también están muy bombardeados por las redes.
Además, siempre que hay un avance en derechos por parte de las mujeres o diferentes grupos sociales hay una reacción reaccionaria, valga la redundancia. Y los jóvenes creo que son mucho más permeables y vulnerables a este tipo de manipulación.
Aitana Sánchez-Gijón: “En el cine, las mujeres siempre hemos sido un cuerpo. El teatro ha sido mi revancha” EL ESPAÑOL
P.–En el mundo del cine, las actrices denuncian que, a partir de cierta edad, muchas desaparecen de la pantalla o sus papeles quedan relegados a perfiles secundarios. Pasan de ser objeto del deseo a ser la madre del objeto del deseo. ¿Por qué?
R.– Las mujeres siempre hemos sido fundamentalmente un cuerpo. Y cuando ese cuerpo deja de estar dentro del cánon reproductivo o de belleza y de juventud deseado pasas a ocupar un lugar secundario. Por suerte, para mí el teatro ha sido una tabla de salvación donde, desde hace 15 años más o menos, he podido interpretar a los personajes más complejos y más poderosos.
Y, a pesar de seguir cumpliendo años, puedo seguir interpretando a estos personajes femeninos tan valiosos. El teatro ha sido mi revancha (sonríe).
P.–En el cine y las series siempre ha sido más difícil encontrar ese tipo de personajes femeninos protagonistas. Aunque parece que está cambiando la tendencia.
R.– Sí, por fortuna se están incorporando muchas voces de mujeres tanto en la dirección, guión y producción audiovisual. Y se están explorando otras vías ofreciendo una gran variedad de mujeres de todas las edades y condiciones. También hay hombres que lo hacen, por supuesto.
No significa que para contar historias de mujeres tengas que ser mujer, ni mucho menos. Pero es una riqueza el ver que haya más espacio, y es algo que tenemos que celebrar.
P.–A lo largo de su carrera nunca ha escondido su posicionamiento ideológico. En un mundo
con tensiones globales crecientes y cada vez más polarizado, ¿qué es lo que más le indigna o le preocupa?
R.– Me preocupa el retroceso en libertades y el terror, que no quiero que me paralice. Me preocupa la dinamitación de las democracias desde dentro. Y ver cómo fuerzas autócratas y violentas están accediendo al poder por vías democráticas. Creo que tenemos el lobo ya aquí, no hace falta mirarnos en los espejos de fuera.
P.–Hace unos días, la concejala de cultura del Partido Popular de Collado Villalba intentó censurar un monólogo feminista de una actriz. ¿Qué le pareció?
R.– Es algo absolutamente inconstitucional, lógicamente. Y ella lo hizo porque le parecía ofensivo e inapropiado. Afortunadamente ha tenido que dimitir, de lo cual me alegro. Debemos explicarle a la gente más joven lo más básico de los pilares de nuestra democracia, como es la libertad de expresión.
No podemos perder de vista que si no nos cultivamos en democracia estamos destinados a destruirla.
P.–Ha mostrado su apoyo a la postura diplomática del Gobierno español en el conflicto de Irán. Sin embargo, también ha dicho que está más a la izquierda que el Gobierno actual. ¿Qué le exige a este Gobierno?
R.– Yo a este Gobierno lo critico en muchas cosas. Por ejemplo, en su posicionamiento con respecto al Sahara. Me parece una falta de elocuencia para un partido que históricamente ha defendido la independencia del Sahara. Un pueblo, el saharaui, que es pacífico y que lleva muchos años viviendo en tierra de nadie o colonizados por Marruecos y sin reconocerse su derecho a la autodeterminación por parte de los organismos internacionales.
Me parece que un Gobierno pretendidamente de izquierdas no puede fallar en ese apoyo al pueblo saharaui. Dicho esto, ahora estamos en una emergencia mundial y creo que han hecho lo correcto, sencillamente lo correcto.
P.–¿Cree que también ese avance de la ultraderecha del que hablaba tiene como responsable a la izquierda actual?
R.– Creo que hay que hacer un examen continuo. Las divisiones internas siempre han minado mucho a la izquierda. Y creo que hay problemas tan acuciantes que la izquierda tampoco está pudiendo resolver, como el problema de la vivienda. Por desesperanza hay gente que votaba a la izquierda y ahora se deja embaucar por los discursos de ultraderecha sin medir las consecuencias.
No se dan cuenta de que no van a velar por nuestros intereses. Es mentira. La izquierda no lo está sabiendo hacer, pero te aseguro que la ultraderecha está mirando por el poder del más fuerte, del capital, y no hay más.
Aitana Sánchez-Gijón durante la entrevista con EL ESPAÑOL EL ESPAÑOL
P.–Vemos también cómo miembros del Gobierno, presuntamente de izquierdas, pervierten esos supuestos ideales hasta llegar a ser condenados tanto moral como judicialmente. ¿Por qué esa hipocresía?
R.– No lo sé, qué quieres que te diga. Ahí tienes a Shakespeare para contarnos cómo el poder distorsiona y corrompe y te hace perder el sentido de la realidad y, sobre todo, olvidarse de que eres un representante de los ciudadanos y que estás al servicio de ellos.
P.–Como expresidenta de la Academia de Cine y Goya de Honor el año pasado, ¿qué le parece que, otro año más, se levante esa polémica de que la gala de los Goya se haya convertido más en un espacio para reivindicar y no en una celebración del cine?
R.– Bueno, creo que los actores somos ciudadanos y tenemos derechos a expresarnos. Creo que el arte y la cultura son un vehículo para señalar lo que nos pasa como sociedad y como individuos, desde el ámbito más íntimo al más social. Claro que estamos ahí para entretener, pero también para contar lo que nos pasa y para abrir ventanas al mundo y para decir que el rey está desnudo. Ese siempre ha sido el rol del bufón y del titiritero.
P.–¿No le molesta que os llamen titiriteros de forma despectiva?
R.– No, porque cuando nos llaman titiriteros y bufones, yo lo reivindico como algo poderoso y necesario. Cada uno de nosotros (los actores) somos de nuestro padre y de nuestra madre. No nos dan un carnet de ningún partido por ser actores, cineastas o teatreros, pero creo que hay una necesidad de aportar nuestro granito de arena para que las cosas sean mejores, y lo hacemos desde ámbitos que trabajan en colectivo y para el colectivo.
Cuando hay un patio de butacas lleno o una sala de cine llena, donde nos juntamos 800 o 1.000 personas de ideologías y sensibilidades diferentes, nos ponemos de acuerdo para tener una experiencia colectiva y dejarnos emocionar y cuestionar sobre lo que ocurre delante de nuestros ojos. Con lo cual, creo que teniendo un arma tan poderosa y constructiva, tenemos derecho a pronunciarnos.
P.–¿Se ha autocensurado alguna vez a la hora manifestar una idea por miedo a represalias?
R.– Nunca. Desde que tengo usa de razón, y viniendo de la familia de la que vengo, con unos padres que sufrieron el franquismo... Mi padre estuvo en la cárcel por antifranquista. Entonces, yo en democracia cómo voy a tener miedo. Y si pierdo un trabajo por esto es que ese trabajo no lo tenía que hacer.
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P.–¿Le ha pasado alguna vez?
R.– Si me ha pasado no he sido consciente, no me he enterado.
P.–Vuelve a trabajar con Pedro Almodóvar en su última película, Amarga Navidad. ¿Qué le
emociona más, cuando se levanta el telón del Teatro Español para hacer una gran obra clásica de Benavente, o volver a formar parte del elenco de otro grande como Almodóvar?
R.– Bueno, son dos emociones distintas pero complementarias. Aquí, en el teatro, yo me tengo que subir cada día al escenario a defender y a dejarme atravesar por esta tragedia que me deja literalmente tirada por el suelo. Y tengo que hacer que el público viaje conmigo. La experiencia de trabajar con Pedro sucede en el rodaje, y fue extraordinaria y volvería a trabajar con él todas las veces que él quisiera. Trabajar con Almodóvar es una de las cosas más importantes que me han ocurrido en esta profesión.