Manuela Chavero desapareció el 5 de julio de 2016. Tenía 42 años y dos hijos.

Manuela Chavero desapareció el 5 de julio de 2016. Tenía 42 años y dos hijos.

Reportajes

El misterio de Manuela Chavero: tres años sin saber de ella, 100 sospechosos y sin pistas

Tres años después de su desaparición, el caso sigue siendo un enigma; la familia insiste en que los investigadores están cerca de resolverlo.

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-¿Qué pasa, que ya no te acuerdas de mí?

-Sí, pero estoy aquí, muy liado. 

-Pensaba que ya no te acordabas de mí.

-Sí, siempre te tengo en mí pensamiento.

-¿Dónde andas?

-Trabajando, cansado.

-Nos podemos ver esta noche?

-Esta noche no. Me voy para casa porque me duele mucho la rodilla.

-Jajaja.

El móvil se quedó junto a la televisión encendida de la cocina. El aparato estaba sin bloquear. Seguía recibiendo mensajes. Era martes, cinco de julio del año 2016. Ese día, alguien llamó a la puerta de la casa de Manuela Chavero en Monesterio (Badajoz). Era de madrugada y estaba sola. Sus hijos estaban ese día en Sevilla con su ex. Ella estaba en pijama, viendo la tele, sentada en una silla. Y entretanto se enviaba mensajes con un joven con el que estaba quedando últimamente. Son los que anteceden estas líneas. Fue la última persona que habló con ella antes de que desapareciese para siempre.

Han pasado tres años. La vida de Emilia, la hermana de Manuela, ha cambiado mucho desde entonces. Acude a programas de televisión a relatar novedades en el caso. Queda con responsables de la investigación.

Sigue viviendo en su pueblo, San José de la Rinconada (Sevilla), pero cada poco tiempo, dice a EL ESPAÑOL, llegan a ella noticias esperanzadoras. Casi siempre tienen que ver con las indagaciones de los responsables de la Unidad Central Operativa (UCO) en el pueblo donde vivía su hermana. Dentro del cuerpo creen que es uno de los casos más complicados a los que se han enfrentado nunca. 

Quienes investigan el caso están convencidos de que no se marchó por su propia voluntad. No huyó intencionadamente de su domicilio. Alguien se la llevó por la fuerza. Alguien llamó a la puerta esa noche. La cerradura no estaba forzada. Tanto tiempo después, la casa en la que vivía Manuela sigue precintada y los agentes acuden cada poco al lugar para continuar investigando los hechos. En total, han barajado entre sus manos más de 100 sospechosos distintos en una localidad con algo más de 4.000 habitantes donde todos se conocen. 

El mensaje a la 1.55 de la madrugada

Manuela recibió el último mensaje a la 1.55 de la madrugada. Los investigadores creen que desapareció antes de las tres. Había quedado a la mañana siguiente con una de sus hermanas para ir a cambiar a una tienda la ropa de los niños. En la casa nadie cogió el teléfono. Era raro, dicen desde la familia. Siempre contestaba las llamadas. 

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A continuación, su hermana llamó a una amiga de Manuela, Manoli para los más allegados. Esta mujer se acercó a la casa. Nadie abrió la puerta. Llamó entonces por teléfono y recibió la respuesta del silencio. Entonces uno de los hermanos de la desaparecida acudió a la casa con unas llaves. La puerta estaba intacta, y dentro no había rastro alguno de la mujer. No había signos de violencia. Ni muebles tirados, ni cristales rotos. Solo las luces y la televisión encendidas. 

Las cosas de su hermana estaban allí. Si se hubiera ido ella por su propio pie, pensaron, no lo habría dejado todo atrás. Y menos a sus hijos, de 4 y 7 años en aquel entonces. Quienes la conocen saben que eran todo para ella. Los pequeños pasaban las vacaciones con su padre. Ambos se habían divorciado dos años atrás, pero llevaban más tiempo separados. 

La casa de Manuela no está, precisamente, en el centro urbano de Monesterio. Se encuentra un tanto alejada, en una zona con pocos residentes. Esa noche, cuentan desde la familia, apenas había un vecino cerca de la zona. Al parecer, casi nadie vio o advirtió nada. No hay huellas. Tampoco demasiadas pistas en la casa que den pie a comprender lo sucedido.  

Lo que más hay son testigos que saben lo que hizo los días previos a su desaparición. Como la noche anterior. Manuela había estado hablando con su mejor amiga para ir juntas a la mañana siguiente hasta Zafra y conseguir un abogado de oficio que le asistiera en un juicio que tenía días después. De hecho, ya tenía preparados los papeles para esa comparecencia en la que se tenía que dilucidar una cuestión relacionada con el exmarido. El matrimonio, divorciado desde hace un par de años, hizo dinero con el boom de la construcción. Vivían de forma acomodada. Pero no eran ricos. 

Verano de desapariciones

Un mes más tarde, en agosto del año pasado, desapareció en Galicia  Diana Quer. Desde entonces, el caso de Manuel Chavero quedó opacado por el perfil de la joven madrileña a la que se le perdió el rastro mientras veraneaba junto a su madre y su hermana: mujer, joven, de familia adinerada, enfrentada con su hermana, con padres separados... 

El caso de Manuela pasó desapercibido en los primeros meses después de que a la joven se la tragase la tierra. Sucede que determinados delitos, si no hay presión en los medios de comunicación social, no consiguen mayor resonancia y al poco tiempo entran en vía muerta. En cambio, si saltan a la popularidad, toda la maquinaria policial tensa los resortes. Eso sucedió con Diana Quer y, en mucha menor medida, con Manuela Chavero. 

Ahora, cuando se cumplen tres años del inicio del caso, la familia da un nuevo impulso al caso. Un vídeo con testimonios de los vecinos y distintas personalidades recordó la noche del pasado jueves a la mujer de 42 años en un acto en Monesterio. Entretanto, están esperanzados de que pronto habrá novedades en el caso. "Todo puede resolverse pronto -dice su hermana-. La UCO es un cuerpo de élite. No pasan semanas sin que nos llamemos. Están que no paran. Todo en lo que están lo resuelven. Y el de mi hermana lo van a resolver".