El brigada Rafael Sánchez Martos en un despliegue en el Líbano.

El brigada Rafael Sánchez Martos en un despliegue en el Líbano. Cabo 1º Romero/BRILIB XXVI

Reportajes Desactivadores de explosivos

La misión del brigada Martos 'en tierra hostil': jugándose la vida entre las minas del Líbano

Los conflictos recientes, especialmente con Israel, han sembrado el territorio de 650.000 cargas explosivas. Rafael Sánchez Martos, soldado español encargado de su desactivación, relata a EL ESPAÑOL sus sensaciones al aproximarse a las minas detectadas: "Sólo puedo pensar en hacer bien mi trabajo". ¿Su mujer y sus dos hijas? "Lo llevan lo mejor que pueden, es el trabajo y hay que asumirlo así".

Un paso en falso, y la muerte.

El brigada Rafael Sánchez -sus compañeros lo conocen por su segundo apellido, Martos- opera únicamente en casos de extrema necesidad. Camina solo. Alrededor, un paraje inhóspito del Líbano. El vaho de su respiración empaña el cristal de su casco. Arrastra un traje de 40 kilos, conocido con el nombre de EOD-9B, forrado con placas metálicas. Cada paso, cada metro ganado, multiplica el riesgo. Mantiene la mirada fija en un punto. Aquel artefacto se convierte en su obsesión. De nada sirve acordarse de su mujer o de sus dos hijas, de 9 y 5 años: “Sólo puedo pensar en hacer bien mi trabajo, en nada más”. No puede ni debe temblarle el pulso porque es su vida la que está en juego.

La historia del brigada Martos se escribe sobre un sinfín de misiones internacionales del Ejército español. Hoy se desempeña en la del Líbano, auspiciada por la ONU. Apenas ha pasado una década tras los últimos enfrentamientos con Israel. En Beirut, capital libanesa, es fácil adivinar dónde se apostaban los francotiradores: no hay más que seguir el rastro de las balas o de la metralla todavía incrustados en viejos edificios. El cese de las hostilidades atrajo de nuevo a los inversores extranjeros, sobre todo sauditas, que compitieron por llevar la prosperidad a la ciudad, levantando construcciones a cada cual más lujosa. Pero muchas de ellas están vacías, sus habitantes han huido. La proximidad del conflicto de Siria ha azuzado los viejos fantasmas de la guerra. Cientos de miles de refugiados ocupan aquel desierto de cemento y asfalto.

El escenario en Marjayoun es todavía más inhóspito. A simple vista se divisan los Altos del Golán; al otro lado, el infierno sirio. Pueblos y aldeas salpican esta región escondida entre montañas al sur del Líbano, congelada en invierno y asfixiada por el calor en verano. Allí, en la base Miguel de Cervantes, vive el grueso del contingente español -compuesto por 620 efectivos- desplegado en la misión de la ONU. El brigada Martos entre ellos. Habla con serenidad, humilde: “Mi trabajo no es más ni tampoco es menos que el de mis compañeros”.

Soldados españoles a bordo de blindados de la ONU en Marjayoun.

Soldados españoles a bordo de blindados de la ONU en Marjayoun. Chema Moya EFE

“Intervención a vida o muerte”

Pero su labor sí es única. No hay otro especialista como él en la misión y actúa cuando no queda ningún otro recurso. La película En tierra hostil, ganadora de seis premios Oscar en 2010 -incluida a la mejor película- refleja la actividad de un artificiero estadounidense en Afganistán. Hablando con otro especialista llegan a una conclusión: “¿Te das cuenta de que cada vez que intervenimos es a vida o muerte?”.

Hablamos con el brigada Martos en Marjayoun:

- Y su familia, ¿cómo lo lleva?

- Pues lo mejor que puede. Es el trabajo y hay que asumirlo así.

Por el momento, en tres meses de operación en el Líbano, no ha tenido que efectuar ninguna desactivación. Cuando el Ejército español se encuentra con un artefacto, informa inmediatamente al Gobierno soberano, que traslada a sus fuerzas armadas hasta el punto señalado. El brigada Martos y sus compañeros sólo actuarán si se trata de un ataque flagrante contra la integridad de la misión de las Naciones Unidas.

El brigada Martos, de 47 años, es natural de Osuna (Sevilla).

El brigada Martos, de 47 años, es natural de Osuna (Sevilla). Gonzalo Araluce

Así se actúa ante una mina

En septiembre de 2016, un vehículo blindado modelo Lince de la ONU pisó una mina rusa que llevaba enterrada desde los 80 en las inmediaciones de Marjayoun. A bordo viajaban cuatro soldados españoles -ninguno resultó herido- que realizaban su patrulla habitual en la Blue Line, la frontera establecida por las Naciones Unidas entre el Líbano e Israel, motivo de serios conflictos entre ambos países. Según los datos del Lebanon Mine Action Center (LMAC), desde 1978 se han camuflado 650.000 cargas explosivas en el territorio y todavía quedan 30 kilómetros cuadrados de “zonas extremadamente peligrosas”.

El teniente Eduardo Díez Vega, de 38 años, es el jefe del grupo de desactivadores desplegado en el Líbano. “No buscamos minas ni desminamos”, incide el militar. Las bombas “son una amenaza real en todos los teatros de operaciones” y éste no iba a ser menos: “Es un país en paz, con tensión y bajo una calma tensa, pero es paz”, valora.

En este estado quedó el vehículo Lince accidentado al pisar una mina.

En este estado quedó el vehículo Lince accidentado al pisar una mina. Defensa

¿Cómo se debe actuar cuando se detecta la presencia de una mina? El teniente Díez detalla el papel del grupo de desactivadores. Un guía coordina los movimientos de Roko y Razi, los dos perros especializados en la detección de artefactos. Otro efectivo despliega, en función del terreno, uno de los dos robots disponibles: el mini-robot, de unos 50 kilos, ligero y de movimientos rápidos al que se le puede incorporar un cañón de agua; o el Teodoro, sobrenombre del Edex Robot Teodor, de unos 400 kilos equipado con una escopeta Remington o un cañón que puede lanzar cualquier tipo de proyectil -gel, arena, piedras-.

El brigada Martos sólo interviene cuando no queda ningún otro recurso. Debe actuar con firmeza y “con la cabeza fría”, explica a EL ESPAÑOL: “Mis compañeros de Infantería establecen un perímetro de control para limpiar la zona y asegurarse de que ningún terrorista active la carga cuando me acerco a ella. Camino con el traje pesado hasta el artefacto y, cuando llego a él, me lo quito de encima: a esa distancia sería imposible que me salvase de una explosión y lo más importante es tener libertad de movimientos”.

Dos especialistas desactivadores, un conductor con capacidades de reconocimiento, el guía canino y el teniente Díez componen el equipo español de desactivadores en el Líbano.

Dos especialistas desactivadores, un conductor con capacidades de reconocimiento, el guía canino y el teniente Díez componen el equipo español de desactivadores en el Líbano. Chema Moya EFE

El Ejército ha inutilizado 4.400 cargas

Las Fuerzas Armadas participan desde hace una década en la misión desplegada en el Líbano por la ONU. Se trata de una misión de paz, pero el balance arroja una cifra de 15 militares del Ejército español muertos. Un total de 22.380 efectivos han participado en el operativo; hoy, el contingente está compuesto por 620 efectivos.

La población libanesa está expuesta al peligro de las minas y artefactos, especialmente en la frontera con Israel, con Marjayoun como epicentro de la actividad. Los soldados españoles han eliminado más de 4.400 cargas. También imparten lecciones a los civiles sobre cómo actuar al encontrar un explosivo: “Retirarse, señalizar la zona e informar a las autoridades” es la regla de oro que transmiten, especialmente a los niños.

Impartiendo clases contra las minas a niños de Marjayoun.

Impartiendo clases contra las minas a niños de Marjayoun. Cabo 1º Romero/BRILIB XXVI

El brigada Martos es uno de los principales activos para transmitir ese mensaje a la población local. Sabe que la vida, con una mina enterrada, baila sobre el alambre. Y que un paso en falso puede ser fatal.

- No será fácil controlar los nervios en una situación así.

- Si le digo la verdad, me ponen más nervioso las preguntas de los periodistas que cuando desempeño mi trabajo como desactivador.

El brigada Rafael Sánchez Martos en la base Miguel de Cervantes, en Marjayoun.

El brigada Rafael Sánchez Martos en la base Miguel de Cervantes, en Marjayoun. Gonzalo Araluce