Nadja Manjón jugando al tenis

Nadja Manjón jugando al tenis Cedida

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Nadja Manjón, la gallega que soñó con ser la número 1 del tenis y lo dejó a los 17 años: "Llegué a entrenar llorando"

No pudo con la presión por ganar y decidió abandonar este deporte para el que se estaba formando desde los 5 años

Cambió su vida, estudió marketing y ahora está a punto de empezar un nuevo reto profesional vinculado al tenis, mientras sigue ayudando a otros a través de un libro en el que relata su historia

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Con solo cinco años, Nadja Manjón ya empuñaba una raqueta con un objetivo: convertirse en la número 1 del mundo. Dejó todo de lado para dedicarse al tenis, su gran pasión, pero a los 17 años decidió abandonar una prometedora carrera ante la presión y las exigencias de la competición. Durante sus dos últimos meses como tenista llegó a "entrenar llorando", una situación que sabía que no podía mantener en el tiempo.

Cambió de vida, volvió al instituto y estudió Marketing. Hoy, tras años trabajando en el extranjero, está a punto de afrontar un nuevo reto profesional vinculado a ese deporte que sigue amando. Además, escribió un libro, Los que no llegaron, en el que relata su historia personal con el objetivo de ayudar a otros a sobrellevar el fracaso y verlo desde una perspectiva diferente: como un aprendizaje.

Nacida en Santiago de Compostela, se fue muy joven a Mallorca para desarrollar su carrera como tenista. Al abandonar este deporte, regresó a su tierra, pero pronto se marchó a Estados Unidos y, posteriormente, a Madrid, donde sigue viviendo actualmente.

Su historia es un claro ejemplo de que no llegar a alcanzar el objetivo marcado no significa rendirse, sino seguir luchando, aprender de la experiencia y encontrar otro camino.

¿Cómo surgió tu afición por el tenis y cuándo decidiste apostar realmente por convertirte en tenista profesional?

Todo empezó cuando eres pequeño y tienes cinco actividades extraescolares. Al final, tus padres están un poco locos llevándote a todas, así que tienes que decidirte por una. En mi caso, se decidió por el tenis porque en mi familia siempre hemos hecho deporte. Además, si eres muy bueno en ese deporte y puedes llegar a vivir de él, el tenis, comparado con disciplinas como el patinaje artístico o la gimnasia rítmica, sí ofrece esa posibilidad. Empecé a jugar con cinco años y, a los nueve, por el trabajo de mi madre y porque en Mallorca había mejores academias y entrenadores, decidimos apostar realmente por intentar que fuese tenista. Ahí empezó todo.

Después fui ganando partidos, trabajando con mejores entrenadores y pasando por mejores academias. Poco a poco te vas envolviendo en este mundo en el que, de repente, tu objetivo es ser tenista y no piensas en estudiar, en tener una carrera o en cualquier otra cosa. Solo quieres jugar al tenis.

Con nueve años te trasladas de Galicia a Mallorca junto a tu familia. ¿Cómo recuerdas aquel momento?

Yo era muy pequeña, tenía nueve años. Lo que me dijeron fue que nos íbamos a Mallorca por el tenis, porque allí había mejores oportunidades y, si realmente quería ser tenista, tenía que demostrarlo allí. Al principio fue lo típico cuando eres pequeño: tienes tus amigos, tu vida y todo lo conocido. Pero era muy pequeña, así que lo viví como un cambio y, en cierto modo, como una aventura. Como yo quería ser tenista y toda la familia estaba apostando por ello, sabía que era algo que no importaba sacrificar. Todo era por jugar al tenis.

Con 17 años tomaste la decisión de abandonar el tenis. ¿Por qué decides dar ese paso?

En mi familia somos de todo o nada. Desde que era pequeña, desde los cinco años que empecé a jugar al tenis, siempre había una presión enorme en los entrenamientos. Era como si allí solo existieran el cero y el diez: o lo haces perfecto o tienes que entender que no vas a llegar. Y eso ocurría todos los días, en todos los entrenamientos y en todos los partidos. Además, estaba la presión de saber que, si no llegabas, si no dabas el cien por cien y no eras cada vez más crítica contigo misma e intentabas ganar a todo el mundo, fuese quien fuese, ibas a fracasar. No había otra opción. Esa presión se convirtió en una rutina desde los cinco hasta los 17 años. ¿Qué pasó? Que mi familia era muy modesta, y no había dinero. Muchas veces, además de toda esa presión, sabías que tu familia quizá no llegaba a fin de mes mientras tú estabas dedicando todo a jugar al tenis. Ibas a jugar también con esa presión. Todo se convirtió en una olla a presión y a los 17 años exploté.

¿Sentías que habías fracasado al dejar el tenis después de tantos años dedicados a intentar convertirte en profesional?

Fue un fracaso absoluto. No tenía ni idea de quién era, de qué me gustaba, de qué quería hacer ni de nada. De hecho, tuve que acabar el instituto el último año. Lo terminé de vuelta en Galicia, después de haber viajado por toda España, y fue un shock muy grande porque yo iba a ser la número uno del mundo. Para eso estaba entrenando. Estudiaba a distancia y entrenaba. Mi trabajo era entrenar desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde, cuando salía de la academia. Y, de repente, estaba en el instituto con problemas de adolescentes de 17 años. Fue un shock enorme. Llegar allí como nueva y contar que había jugado al tenis, pero que ya no lo hacía, fue un momento muy complicado. Pensaba que simplemente tenía que seguir viviendo lo que me tocase, pero yo ya había fracasado.

"TIba a entrenar llorando durante los últimos dos meses por la ansiedad y por la presión de tener que ganar"

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¿En qué momento deportivo te encontrabas cuando decidiste abandonar?

Con 17 años llevaba apenas dos años jugando en el circuito profesional Witta 10.000, que era el primer nivel que tenías que disputar. Siempre lo digo: tenía el físico, tenía los golpes, tenía absolutamente todo; pero a medida que pasaba el tiempo estaba sometida a un nivel de presión muy alto. Iba a entrenar llorando durante los últimos dos meses por la ansiedad y por la presión de tener que ganar. Se nos acababa el tiempo por el tema económico y era como: "Das el salto ya, eres la bomba, eres la número uno y te ganas la vida con esto o no puedes seguir". Se había convertido también en una carrera contrarreloj.

¿Estabas cerca de dar el salto a la élite?

Sí, totalmente. Estaba al principio de ese camino.

¿Has vuelto a jugar al tenis o cómo es tu relación hoy con este deporte?

Ha pasado por todo. Lo dejé y llegué a odiarlo con toda mi alma. No quería saber nada del tenis. Después me fui a estudiar a Estados Unidos con una beca por el tenis. Pensé que, al menos, me iba de España, me olvidaba de todo y convertía el tenis en un trabajo: yo ganaba partidos y ellos me pagaban la universidad y la carrera. Durante esos cuatro años, entrenaba y jugaba partidos, pero fuera de la pista me daba igual porque desconectaba. Sin embargo, dentro de la pista volvía a ser aquella Nadja que había dejado el tenis a los 17 años. Era como un trabajo que detestaba.

La última temporada, cuando ya no había más tenis y se acababa todo para mí, jugué como en una nube. No tenía ninguna presión y jugué mejor que nunca. Gané absolutamente todos los partidos. Fue increíble. Después llegó el COVID y se acabó todo definitivamente. Volví a pensar que no había sido capaz de estar bien con el tenis. Había vuelto a jugar muy bien, pero ¿para qué, si ya no podía seguir?

Hace un tiempo me puse a escribir toda mi vida porque tenía un cacao mental espectacular. Lo escribí todo en un diario y, en septiembre del año pasado, publiqué esa parte del diario dedicada al tenis. Pensé: "A mí me ha ayudado bastante, ¿puedo ayudar a alguien más?". Si no soy la única, fantástico, y si no, ahí queda.Gracias a ese diario, que estuve escribiendo durante todos esos años, y a haberlo publicado, he vuelto a retomar mi relación con el tenis. Ha sido un año de cambio espectacular: he pasado de no querer saber nada a entrenar con amigos, ir a ver torneos y colaborar con torneos profesionales llevando sus redes sociales y contando historias. Ahora tengo una relación muy buena con el tenis, desde otro punto de vista, pero muy buena.

¿Qué buscas con el libro Los que no llegaron?

De alguna manera, quiero que la persona que lo lea no se sienta sola. Mucha gente, cuando fracasa, tiene ese sentimiento de pensar: "Soy un fracasado, no valgo para nada". Sobre todo ahora, cuando estamos constantemente expuestos a discursos de motivación y parece que todo el mundo tiene una vida increíble menos tú. Luego llegas y lees un libro que trata el fracaso desde una perspectiva diferente y te das cuenta de que aquello que parecía un fracaso en realidad fue un aprendizaje, e incluso estuvo lleno de logros que en ese momento no eras capaz de ver.Quiero trasladar un poco esa idea: que es normal, que a todo el mundo le pasa, que no eres el único y que no tiene por qué ocurrir solo en el deporte, sino en cualquier profesión.

"No llegar de una forma no significa que no puedas llegar de otra. Yo no llegué a ser tenista profesional, pero ahora estoy involucrada en el mundo del tenis de otra manera"

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¿Qué aprendiste de aquella experiencia y qué significa hoy para ti no llegar o no poder con todo?

Lo que aprendí realmente es que se puede llegar de diferentes maneras y que no llegar de una forma no significa que no puedas llegar de otra. Yo no llegué a ser tenista profesional, pero ahora estoy involucrada en el mundo del tenis de otra manera, también muy bonita. Acabo de empezar y todavía puedo seguir creciendo mucho más.

Has creado también la comunidad ‘Los que no llegaron’. ¿En qué consiste este proyecto?

Los que no llegaron en redes empezó también porque, después de publicar el libro, una amiga me preguntó qué más iba a hacer. Le dije: "¿Qué más? ¡Acabo de publicar un libro! ¿Qué más quieres?". Pero me quedé dándole vueltas y pensé que tenía razón. Cuando lees un libro, lo terminas y ya está. Así que decidí intentar contar la historia de otra manera, a través de las redes. Empecé creando 'Los que no llegaron' en redes, contando historias, anécdotas y realidades, sobre todo relacionadas con el mundo del deporte: entrenadores, padres, hijos y diferentes perspectivas. Funcionó muy bien y, poco a poco, empecé a plantearme crear una especie de academia, aunque eso vendrá más adelante. Realmente es una comunidad en la que puedo decir verdades y hablar con sinceridad.

¿Qué respuesta estás recibiendo de la gente?

Me llegan muchas historias. Es curioso porque a veces pienso: "¿Quién va a ver esto? No tiene ni pies ni cabeza". Y luego te llega la historia de un cocinero, por ejemplo, que te dice que le pasó exactamente lo mismo que a ti: que estaba estudiando cocina, explotó, pensó que no valía para nada y ahora está haciendo otra cosa totalmente distinta y a un nivel muy alto. También me ha escrito un padre con su hija, incluso una niña que se ha ido a Estados Unidos. Me llegan un montón de historias y comentarios muy positivos. Mucha gente se queja del odio en redes y de todo lo que hay alrededor, pero en mi caso, de momento, todo está siendo positivo. Son experiencias y mensajes de apoyo.

Después de dejar el tenis, ¿qué camino tomaste? ¿A qué te dedicas?

Estaba perdidísima, tanto que pensaba: "Al final voy a ir a por lo que tenga más dinero". Entonces me metí en Ingeniería de nanosistemas. Un día leí un libro sobre eso y dije: "A eso voy". Duré un año porque no me gustó nada. Hice prácticas y decidí cambiar. Quise estudiar Interiorismo, pero mi madre no me dejó. Me dijo que no me iba a ir a Estados Unidos para estudiar Interiorismo. Así que empecé a estudiar Marketing. En Estados Unidos comencé a trabajar en una startup de moda. Empezamos tres personas y yo comencé doblando camisetas. Soy una persona a la que le gusta ser muy eficiente y siempre doy el cien por cien. Empezamos a crecer, implementamos sistemas y, en tres o cuatro años, llegué a tener 52 personas a mi cargo mientras me sacaba el máster. Pensé: "Perfecto, ya lo tengo, lo he encontrado". Pero en 2023 no me renovaron el visado y tuve que volver de Estados Unidos a Madrid. Fue otro momento de pensar: "Me han echado, ¿y ahora qué voy a hacer?".

Nadja Manjón posa con su libro 'Los que no llegaron'

Nadja Manjón posa con su libro 'Los que no llegaron' Cedida

Y esto hace solo tres años

Mi vida durante estos últimos tres años ha sido increíble. Creo que podría escribir un libro solo sobre este periodo (risas). Estuve trabajando a distancia con la empresa hasta enero y, mientras tanto, también me metí en el sector inmobiliario. Un día se me encendió la bombilla y pensé: "Voy a probar de todo. Lo que no me guste, ya lo he probado y sé que no me gusta, así que estaré más cerca de encontrar lo que sí me gusta". Me metí en el sector inmobiliario porque veía esos programas de Netflix en los que aparecían mujeres muy arregladas ganando millones y pensé: "Si ellas pueden, yo también". Fue un error absoluto. Empecé a formarme, lo di todo, vendí una vivienda, la empresa quebró y no me pagaron. Fue un desastre. Así que dije: "Esto se acabó".

Después, la compañía de moda con la que trabajaba a distancia también quebró y terminé esa etapa. En enero dejé de trabajar con ellos y empecé a trabajar con una empresa farmacéutica francesa en el departamento de marketing. Y ahora voy a cambiar otra vez de trabajo. Ahora estoy entre dos opciones muy buenas que están relacionadas con el deporte y ahí es donde quiero crear mi carrera.

Al final vuelves al deporte.

No hay manera de escapar (risas).

Desde tu experiencia como extenista, ¿qué crees que todavía queda por cambiar en el deporte femenino?

Creo que es un tema al que hay que darle mucha más visibilidad. Además, lo que ocurre con el deporte femenino varía muchísimo de un deporte a otro. En el tenis, por ejemplo, hay algo de lo que se está hablando tanto en la WTA como en la ATP: las jugadoras que están empezando o que están fuera del top 200 del mundo tienen muy pocos recursos en comparación con quienes consiguen entrar entre las 200 mejores. Es muy complicado porque estás en un limbo en el que hay muchas jugadoras que incluso duermen en los coches porque no pueden pagar un alojamiento para acudir a un torneo. Los premios que reciben por ganar son tan bajos que, en ocasiones, incluso pierden dinero participando en el propio torneo. Hay que darles ayudas.

"Mi madre siempre ha sido mi referente: los valores del esfuerzo, el trabajo y el sacrificio los veía muchísimo en ella"

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¿Tuviste alguna mujer como referente durante tu etapa como tenista?

Te voy a dar la respuesta más sincera: soy muy mala para tener referentes. A mí siempre me han educado de una manera muy competitiva, con la idea de que cuando entras en una pista de tenis, tu oponente tiene dos piernas y dos brazos igual que tú. Aquí somos todos iguales. Pero, hablando de mujeres referentes, si tengo que decir una, sería mi madre. Fuera del deporte, mi madre fue quien trabajaba y llevaba el dinero a casa. Mi padre dejó de trabajar para dedicarse a mi hermano y a mí, y ella era quien sostenía económicamente a toda la familia, también todo lo relacionado con el tenis. Los valores del esfuerzo, el trabajo y el sacrificio los veía muchísimo en ella. Siempre ha sido mi referente en ese sentido.

Cada vez que estabas mal en un partido, tenías un mal día de entrenamiento o cualquier problema, ella era un ejemplo para seguir adelante. Pensaba: "Mi madre se ha ido en un autobús a las tres de la mañana y mi padre ha dejado de trabajar por nosotros". Eso me hacía seguir corriendo y esforzándome, independientemente de quién tuviese delante.

Si pudieras sentarte hoy con la Nadja que estaba empezando en el tenis, ¿qué le dirías?

Le diría que siga dando siempre su cien por cien, porque al final lo único que te puedes arrepentir es de no haberlo dado todo. Lo que está fuera de tu control, está fuera de tu control. Yo di el cien por cien durante esos doce años de mi vida y, al final, eso me llevó a Estados Unidos, me permitió tener todas las experiencias que he vivido y me ha llevado hasta donde estoy ahora. Si no hubiese dado ese cien por cien, probablemente no habría llegado hasta allí.