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Costa da Morte

Verdes: un refugio natural a dos pasos de la Costa da Morte

El verdor del entorno coincide con el cromático topónimo de esta pequeña parroquia de Coristanco en la que se ubica uno de los refugios naturales más entrañables de toda la provincia. Visitamos con entusiasmo este edén gallego tan próximo a Carballo, la capital comarcal de Bergantiños.
Refugio de Verdes
Concello de Coristanco
Refugio de Verdes

Ocupando la fachada interior más septentrional de la Costa da Morte se halla el refugio de Verdes, un espacio natural de ensueño. Este singular paraje de alto valor ecológico, botánico y etnográfico, ubicado en el norte de Coristanco (a tan solo 40 kilómetros de A Coruña), cuenta con todas las características propias de un auténtico remanso de paz.

La armoniosa ribera del río Anllóns

El parque, en proceso de mejora por las administraciones local y autonómica, se extiende por un tramo de 500 metros de largo a orillas del río Anllóns entre los molinos de Pose y Sangueiroas. El paseo de 1,5 kilómetros que recorre los principales recovecos del lugar se presenta como un buen remedio antiestrés para desconectar de la rutina y el bullicio.

Imagen otoñal del espacio natural de Verdes (Turismo de Costa da Morte)

Varios senderos de tierra se combinan con puentes de madera sobre las ramificaciones del río Anllóns que, a su paso por Verdes, se diluye sobre el terreno para dar lugar a numerosos islotes repletos de vegetación entre los nuevos canales que toma el agua. Como resultado se observa una bucólica postal en la que solamente resuena el discurrir de la máxima fuente de vida.

La abundante vegetación que cubre la zona provee de frescor a una carballeda en la que también se contemplan fresnos, sauces, alisos y avellanos, entre otros árboles. Esto ofrece la posibilidad de resguardarse continuamente en la sombra a quienes huyan del calor y el sofoco.

Un espacio de construcción rústica

Batán de Verdes (Turismo de Costa da Morte)

En las inmediaciones del parque se encuentran, además, 14 molinos de agua que atestiguan lo poco que queda del "granero" de Galicia en nuestros días. Las ruinas de un gran batán acompañan igualmente este complejo etnográfico que se reparte próximo al curso del agua, donde tampoco faltan antiguos lavaderos ni alguna que otra chimenea de piedra.

Finalmente, un área recreativa dotada de merenderos ultima los detalles una visita obligada a este tesoro coristanqués, ideal para pasar un día de relax en la naturaleza.

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