Columnas de humo cubriendo A Coruña tras el hundimiento del Urquiola en 1976.

Columnas de humo cubriendo A Coruña tras el hundimiento del Urquiola en 1976. IMBS

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50 años del hundimiento del petrolero Urquiola en A Coruña: "No se me olvida ese día"

Medio siglo después del hundimiento del barco, varios coruñeses recuerdan aquel fatídico día en el que una marea negra cubrió la costa y el humo oscureció la ciudad

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Un 12 de mayo, pero de 1976, el petrolero Urquiola encallaba frente a A Coruña. El buque procedía del Golfo Pérsico y, debido a una mala señalización, chocó contra una aguja rocosa cerca de la ciudad coruñesa, hundiéndose y explotando posteriormente, dando lugar a un incendio y a un vertido de crudo que contaminó la costa.

En el primer momento del accidente, el Urquiola no sufrió grandes daños, por lo que pidió ser llevado a puerto.

Sin embargo, la decisión tomada por los organismos competentes fue que se alejara 200 millas de la costa. Fue durante esas maniobras que el buque terminó de dañarse y se declaró un incendio, con unas columnas de humo que cubrieron por completo la ciudad.

Santiago García recuerda bien aquel día. Tenía 17 años y ese día, un miércoles cualquiera, había estado por la zona de San Amaro, donde estaba realizando el examen del permiso de conducir de moto.

"Ya entonces me llamó la atención el barco porque estaba torcido", cuenta al teléfono.

Todavía era por la mañana. Poco tiempo más tarde, hacia el mediodía, Santiago se encontraba ya en su casa en el barrio de Eirís comiendo cuando escuchó una de las seis explosiones que sufrió el buque: "Supe entonces que se trataba del barco. No se me olvida ese día".

Debido al accidente y a las llamas que cubrieron el barco, el capitán del mismo, que no abandonó el petrolero en ningún momento, acabó falleciendo.

Y tras las explosiones, la ciudad se cubrió de humo.

Era un día caluroso de mayo y quedó aquello como si fuera de noche

Fran López, coruñés testigo del hundimiento del Urquiola

Ese es precisamente uno de los recuerdos más vividos que tiene Amparo Gómez de aquel día.

Tenía 25 años y acababa de empezar a trabajar en la sede central de Caixa Galicia: "Recordo moito revuelo pola columna de fume que se formou. Na oficina empezaron a falar de que un barco encallara e de que había un vertido moi grande. Non saímos á rúa, pero algúns compañeiros subiron ao alto do edificio, en San Andrés, e víase todo o fume negro".

"Foi algo tremendo", continúa la coruñesa, recordando que "o fume foi entrando na cidade e foi algo impactante e impresionante. Víase desde todas partes".

También lo recuerda así Fran López. Él tenía entonces 13 años y fue su madre a la hora de la comida quien le informó tras escuchar la noticia en la radio. "Al mediodía estaba la ciudad toda negra por el humo. Era un día caluroso de mayo y quedó aquello como si fuera de noche", cuenta ahora.

Por eso, por la tarde, en su colegio cancelaron las clases y su grupo de amigos decidió acudir a la zona de la Torre para ver bien el barco.

"En la Torre todas las piedras estaban manchadas de negro. Bajamos desde ahí hasta Adormideras, en la zona del Club del Mar, aunque en aquel momento no había nada de eso allí. Había una cantidad de gente enorme. Fue un espectáculo total. Todavía tengo grabada en la cabeza la imagen del barco ardiendo", rememora.

"El barco estuvo ardiendo durante bastante tiempo y caían manchas de chapapote o de petróleo como si fuera lluvia. El olor a chapapote era muy fuerte y manchaba la ropa", cuenta por su parte Santiago García.

Trabajos coordinados contra la marea negra

Este desastre medioambiental derivó en un vertido de 100.000 toneladas de combustible destinado inicialmente a la refinería, entonces de la empresa Petrolíber, y que contaminaron las rías de Betanzos, Ferrol y Ares.

Para hacer frente a este derramamiento, se instaló un dique en el mar para frenar el avance del petróleo. En alta mar, se utilizaron detergentes para disolver unas 15 toneladas.

En Petrolíber trabajaba el padre de Fran López, que aquel día no pisó su casa al mediodía. "Justo le pilló en el turno de mañana y claro, ya no vino a comer a casa porque tuvieron que mandar refuerzos de todos lados".

Aquel verano si ibas a la playa acababas manchado de petróleo

Santiago García, coruñés testigo del hundimiento del Urquiola

Él fue uno de los que acudieron en pequeñas embarcaciones, como las lanchas de los prácticos, a la zona donde estaba el petrolero accidentado para echar en el mar un detergente biodegradable e intentar disminuir así la contaminación y evitar también nuevos focos de incendio.

En la costa también se organizaron trabajos de limpieza en distintas playas.

"Aquel verano si ibas a la playa acababas manchado de petróleo", recuerda Santiago. Amparo rememora también que aquel año sus padres optaron por veranear en la Costa da Morte, en una zona en la que las playas a penas se vieron afectadas por el accidente.

Pepe Gómez, que tenía entonces 24 años, participó en una de las tareas de limpieza que se llevaron a cabo, en su caso en la playa de A Magdalena, en Cabanas.

"Mi tío trabajaba en el Puerto y recuerdo que se contrató a un grupo de obreros. Yo los organizaba y lo que hicimos fue distribuirlos en dos grupos, se delimitaba una zona y cada uno empezaba en un extremo hasta que se juntaban", rememora ahora, 50 años después.

Los trabajos en esa playa fueron muy precarios, con los obreros recogiendo con palas en la parte superficial de la arena lo que podían del vertido y llenando unos bidones que luego se retiraban del arenal. "No me acuerdo de cuantas semanas estuvimos, pero sí puedo decirte que cuando se terminó nuestro trabajo aún quedaba mucho que retirar", señala.

Las consecuencias de esta contaminación marcaron la vida en la costa y en la ría en los siguientes meses. La regeneración natural en lugares como la ría do Burgo llevó años. Fran López, de familia marinera, recuerda que sus abuelos y otros familiares llegaron a recibir una indemnización: "No podían ir a mariscar ni a faenar. En aquel momento iban a las almejas y a los berberechos en O Burgo y les tuvieron que dar una compensación económica por no poder ir a mariscar. Fue una brutalidad".