Shakira reúne 50.000 seguidores cada día de concierto.

Shakira reúne 50.000 seguidores cada día de concierto. Nicolas Gerardin

Tribunas Lateralia

Shakira arrasa en Madrid convertida en un himno global de la redención

La colombiana brilla en su regreso al escenario y, más allá del increíble espectáculo, canta por todos aquellos a quienes alguna vez lastimaron. Su show corroe a mordiscos la conciencia de los malos ex.

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Madrid anda revuelta con los conciertos de la gira 'Las mujeres ya no lloran World Tour'. Que más que conciertos son espacios de refección donde cada noche hasta 50.000 personas cantan sus himnos, imitan sus coreografías pero, sobre todo, conectan sus almas con el habilidoso espíritu que tiene la artista para cobrarse el desamor en nombre de todos los ex. Los malos, las malas.

Y lo hace como las divas: sobre un escenario, con pantallas XXL que se pueden ver desde la otra punta de Villaverde y con atuendos con el mismo significado, pero bastante más brilli, que el vestido de la venganza de la princesa Diana. Ver cantar a Shakira con un Versace morado o con un romantic drama de Zuhair Murad hace que quieras que toda esa grandiosidad llegue hasta la pantalla del móvil de quien un día te hizo daño.

Porque tú quizá no tengas ni el valor ni las ganas de vengarte. Tú no eres así. Pero agradeces que una valiente se suba a un escenario y grite al mundo, también por ti, lo vilmente que se han portado contigo. Y que nadie haga un ejercicio de arqueología sentimental porque ese tú o ese yo abraza el plural más amplio posible, no una historia autobiográfica.

Sólo alguien como ella puede reunir a 600.000 seguidores en el espacio Macondo a lo largo de cuatro fines de semana consecutivos. Hay sed de Shakira. La había a los 12 años, a los 30, a los 45 y a los cincuenta y tantos. Porque ha atravesado a todas las generaciones sin quedarse atrapada en una sola. Ella es transgeneracional. Transfronteriza. Transfraternal. Transempoderada.

Hemos escuchado a la Shakira rockera en cintas de cassette, a la Shakira global a través de las televisiones, a la Shakira loba en las discotecas, a la Shakira enamorada en nuestras aplicaciones y a la Shakira abatida, a la que hemos llevado en nuestros propios brazos al quirófano de cardiocirugía para curarle el dolor de corazón.

Hoy, en Madrid, vemos a la Shakira engrandecida, museística, que canta para ella y para todos los que han padecido las mismas heridas. Para quienes también necesitaron puntos de sutura después de querer a quien no se lo mereció: "Ya saben que mi vida no ha sido nada fácil estos últimos años, pero de las caídas nadie se salva. Lo que sí sé es que nosotras, las mujeres, cada vez que nos caemos nos levantamos un poquito más sabias".

Shakira interpreta 'Ahí te dejo Madrid'

Shakira interpreta 'Ahí te dejo Madrid' Nicolas Gerardin

Todos hemos sido ella y por eso su canto suena más fuerte y entra más profundo. Ya sea un Waka, Waka, un Te dejo Madrid o Acróstico junto a sus pequeños Milan y Sasha. No se puede disociar su música de su historia personal y lo que sería un hándicap para otros artistas, ella ha logrado convertirlo en virtud, acompasando sus ritmos cardíacos con los del público.

Toma a mi ex

Todo en la colombiana es espectáculo. Su forma de moverse sobre el escenario, esos ochos de cadera y tobillos, sus ojos como dos imanes mirando al público a través de la cámara, los brillos del vestuario, su séquito de bailarines, su orquesta y hasta las pantallas gigantes que multiplican en máxima calidad el pálpito de los seguidores. Su dos piezas de lentejuelas rosa mientras canta Loca por mi tigre o el mono rojo Ferrari de Ahí te dejo Madrid. Hasta se cambia de ropa en pleno directo: se va al camerino mientras una cámara la persigue y ella sigue cantando porque no existe el fuera de cámara.

Actúa para que nos extasiemos con ella, pero hay algo más. "Bailarás y cantarás para sanar", reza el tercer mandamiento de Shakira. Y Madrid cumple.

La veo sobre el escenario invocar Las mujeres ya no lloran y mi cuerpo sólo pide entregarle las cenizas de mi ex para que haga con ellas lo que yo no tengo valor de hacer. Quiero que Shakira vengue el dolor por mí y por todas nuestras compañeras y compañeros que sufrieron una canallada. Toma, te lo entrego para que le cantes al oído lo que yo no me atreví.

Porque Piqué fue un cabrón con todas las letras pronunciadas con acento alemán. Nadie juzga que te puedas enamorar de otra persona, pero sí la manera en la que te embarcas en una nueva aventura. Son las formas, no el hecho. Y si bien no existe una ruptura sana para todas las partes, las hay más y menos elegantes. La del exjugador del Barça reconvertido en futbobro fue una auténtica chapuza.

Y en esta ecuación de dos siempre aparece un tercero o tercera que se interpone a plena conciencia en una relación consolidada. Aquí también se puede juzgar la decisión de entrar. Porque esto se elige desde el primer nanosegundo en el metaverso. "Una loba no condiciará los bienes ajenos", mandamiento IX.

La canción de la venganza, la BZRP Music Sessions #53/56, con esa estética retro noventera, podía provocar hasta cierto pudor por la explicitud de la letra. Para quienes prefieren irse de los sitios descalzos y sin dar un portazo, haciendo el menor ruido posible, escuchar a la admirada Shakira disparar contra ella, contra él y contra todos sus compañeros podía tensar hasta el músculo del meñique del pie.

Lo que entonces removía ha evolucionado hacia una catarsis grupal. Porque no hay nada más ascético que la redención en alma ajena. Miro a la colombiana comprendo esa furia que antes sonrojaba. La quiero grande, guapa, liberada, transformando el daño en espectáculo millonario para corroer a mordiscos la conciencia de los despreciables.

Sigue chirriando el cerebro, eso sí, la conexión entre Shakira y Karol G. Porque mientras una ha levantado una torre musical sobre las ruinas de una infidelidad, la otra encumbra la traición sibilina con aquello de ‘¿Qué hubiera sido? Si antes te hubiera conocido seguramente estarías bailando esta conmigo. No como amigos […]. La novia suya me pone celosa… No te va a tratar como yo, no te va a besar como yo, ella es tímida y yo no…]’. ¡Para! Qué manía con convertir el allanamiento de pareja en canción del verano.

Me quedo con Shakira y la acompaño de la mano adonde necesite. Vestida de negro y plata y con gafas oscuras en modo manada, como tuve la oportunidad en el concierto del pasado domingo o reproduciendo en bucle esas canciones que una pone cuando necesita sacar la artillería.

Hay quienes se sienten ofendidos y asignan su música y sus espectáculos a un aquelarre. Pero sólo son los que tienen mal remordimiento.

El resto abrazamos sus temas en una muestra de hermandad en la que bailar sirve para alimentar el gozo pero también para celebrar a quien ha decidido protegerse con las mejores herramientas de las que dispone. "Una loba no ataca, se defiende", mandamiento V.

Es sanador ver a Shakira hablar sin pudor de su vida privada sobre el escenario: “Pensarán… con la cara que te fuiste y con la cara que volviste”. Y después, a medida que avanza el concierto, la confesión se va escurriendo de la lengua: “Cuando una familia se disuelve, como fue mi caso, te quedas como sin brújula, hasta que te das cuenta de que sí se puede y ves la soltería como una oportunidad que se nos da para aprender sobre uno mismo”.

Terminar con confeti y fuego mientras canta su gran tema Las mujeres ya no lloran las mujeres facturan es el broche perfecto para una descarga colectiva. No va a cambiar lo ocurrido, pero expresar el ardor de estómago a través de las letras parece bastante más artístico y elegante que muchas de las opciones que se le pasan a una por la cabeza cuando sufre una traición. “Es increíble cómo algo puede despertar en mí un ser tan malvado”, decía una amiga de esas que jamás malmeterían contra nadie, un ser de luz blanca, a propósito de una felonía sentimental.

Nunca buscó venganza. Como tantas otras, tragó en pro de la discreción y la paz. Así que acompañar a la artista y bailar con ella es una manera de dar salida a todo aquello que se quedó dentro.

Por supuesto, Shakira es mucho más que su historia personal. Pero coinciden en el tiempo los elementos suficientes para considerarla un himno de la redención. Y, si encima se acompaña en el escenario de Laura Pausini o Alejandro Sanz, la euforia se multiplica. ¡Todos con la reina!

La gira ‘Las mujeres ya no lloran World Tour’ ha demostrado que las lágrimas se pueden reciclar. La diva colombiana ha tenido el valor de exponer las suyas delante de todo el mundo, convertirlas en himnos y hacer bailar y emocionar a millones de personas. Por eso ella sabe y se merece facturar. Y hacerlo obscenamente. Mandamiento XI.