El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno.

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. EP Huelva

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Juanma Moreno quiere un nuevo sistema sanitario: ahora toca demostrarlo

La parte difícil es sostener esa determinación cuando lleguen las resistencias sindicales, corporativas, ideológicas e internas. Reformar de verdad significa incomodar hasta que se empiecen a ver resultados y la población los note.

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El presidente de Andalucía ha manifestado públicamente que, en la próxima legislatura, quiere "transformar el sistema sanitario andaluz para hacerlo más flexible, más digital, menos rígido y menos opaco. Para traerlo al siglo XXI". Y lo ha dicho antes de las elecciones para que la gente lo sepa.

Añadió que "quien no le quiera votar, que no le vote; y quien quiera modernizar el sistema sanitario, que lo haga".

Si yo pudiera votar en Andalucía, tendría mi voto sin dudarlo. Creo que el mayor problema de nuestro país, sin lugar a dudas por su efecto sobre la salud y el estado de bienestar, así como por la complejidad para solucionarlo, es el que afecta a nuestro sistema sanitario.

El mayor problema estructural de los sistemas de salud de nuestras comunidades autónomas no es económico ni político. Es organizativo. Pero decirlo por sí solo, aunque ya es valiente, no basta. Ahora toca explicar cómo hacerlo.

En los últimos diez años, el presupuesto sanitario andaluz ha crecido de forma muy significativa, superando incrementos acumulados del 50 %. De hecho, Andalucía ha pasado de estar en la parte baja del gasto sanitario por habitante a situarse en posiciones intermedias-altas del ranking autonómico.

No obstante, ese esfuerzo no se ha notado en términos de productividad, al ser el número de intervenciones quirúrgicas o estancias hospitalarias similar al de hace diez años.

Por eso, no es una cuestión de dinero. Nadie le podrá reprochar al presidente andaluz —aunque, haga lo que haga, lo van a hacer— que no haya invertido en el sistema público. La pregunta es: ¿qué ha pasado?

Y ahí es donde la política sanitaria, a la luz de los resultados, ha fallado. No se ha actuado sobre el modelo. Porque modernizar no es gastar más; modernizar es gestionar mejor.

Delegados de Satse se concentran para exigir la retirada de la Orden de tarificación de convenios y conciertos del SAS.

Delegados de Satse se concentran para exigir la retirada de la Orden de tarificación de convenios y conciertos del SAS. Satse

La primera legislatura ya empezó mal cuando lo primero que hizo el gobierno andaluz fue trasladar las empresas públicas sanitarias de la comunidad —las llamaban "chiringuitos sanitarios", pero competían en indicadores y eficiencia con los mejores hospitales públicos— al modelo estatutario de gestión pública directa por la presión sindical, lo cual supone un auténtico freno a la productividad y a esa eficiencia.

De los resultados en calidad asistencial no podemos hablar porque, en el modelo de gestión pública por la administración, no se miden o, al menos, no se publica ninguno. A partir de ahí, bajo la presión del ruido social y el miedo político, se sucedieron decisiones erráticas y acomplejadas que llegaron a cuestionar los conciertos —o a presumir de haberlos reducido— o a criticar al PSOE de Baleares por apoyar medidas para que la sanidad privada gestionara a los turistas de esa comunidad de forma organizada en verano.

Así que, si de verdad se quiere un sistema sanitario del siglo XXI desde una comunidad autónoma, hay que tomar medidas de mucho calado. Aquí, sin pretender dar lecciones al Presidente de la Junta y desde mi humilde opinión, van algunas propuestas que no deberían seguir esperando:

1. Reformar el modelo de gestión y el régimen laboral

El modelo actual está diseñado para controlar el gasto y gestionar un presupuesto, no para maximizar resultados. El régimen estatutario rígido, homogéneo y poco flexible impide premiar el mérito, diferenciar la productividad y atraer talento, lo que resulta incompatible con incrementar una productividad que está por los suelos. Un sistema moderno necesita:

- Dirección profesionalizada.

- Evaluación objetiva de resultados.

- Incentivos ligados al desempeño.

- Flexibilidad organizativa real.

Sin eso, cualquier reforma será cosmética.

2. Transparencia real en resultados

Cuando el presidente habla de opacidad, no es una metáfora. Hoy en Andalucía —como en casi toda España— el ciudadano no puede consultar de manera clara y accesible:

- Resultados clínicos ajustados por complejidad.

- Tiempos reales por centro.

- Indicadores comparativos entre hospitales.

- Resultados en calidad y seguridad del paciente.

Modernizar significa publicar datos comparables, auditados y comprensibles. La transparencia no debilita al sistema; al contrario, lo hace mejorar.

3. Compromiso real con las listas de espera

No se puede hablar de modernización mientras más de un millón de andaluces esperan meses para una intervención o una prueba diagnóstica. Reducir listas exige:

- Utilizar todos los recursos disponibles.

- No dogmatizar la colaboración público-privada.

- Incorporar, cuando proceda, a las mutuas laborales en el control y seguimiento del absentismo.

- Establecer objetivos medibles y plazos claros.

No es una cuestión de ideología; se trata de resolver los problemas a la gente para que lleguen a tiempo. Esto es lo que más agradecerán los andaluces y lo que más efecto tendrá en las próximas elecciones.

4. Digitalización e innovación con IA

No puede hablarse de transformación digital ignorando que una parte muy significativa de la provisión asistencial es privada. En Andalucía hay conciertos, derivaciones y colaboración estructural. Los pacientes circulan entre sistemas; la información clínica debe hacerlo también. Un modelo del siglo XXI exige:

- Historia clínica interoperable real.

- Integración de datos públicos y privados.

- Uso avanzado de analítica poblacional.

Además, hay que implementar la innovación con Inteligencia Artificial con planificación.

La IA no es marketing, es una herramienta clínica. Puede reducir errores, optimizar agendas, mejorar diagnósticos y liberar tiempo médico. Pero necesita gobernanza, evaluación y despliegue ordenado.

Andalucía, si de verdad quiere modernizarse, no puede quedarse como espectadora mientras otros sistemas avanzan ante la falta de un proyecto nacional común.

"Si el modelo organizativo no cambia, las listas de espera seguirán, la frustración profesional continuará, la percepción de opacidad no desaparecerá y el gasto seguirá creciendo sin resultados proporcionales"

5. Acceso más ágil a la innovación farmacéutica y tecnológica

La lentitud en incorporar terapias innovadoras genera desigualdad y pérdida de oportunidades clínicas.

Hay una parte que obviamente no depende de la Junta —la autorización oficial de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios o lo relacionado con la comisión de precios—. Pero una vez pasados estos filtros, lo que sí está en su mano es homogeneizar los protocolos y simplificar los procesos para que la innovación llegue a la vez a todos los andaluces, y el acceso a la medicación no dependa de la provincia o incluso del hospital de turno.

6. Prioridad real para mayores y dependientes

El envejecimiento es el gran reto. Necesitamos:

- Integración sociosanitaria real desde el punto de vista presupuestario.

- Atención domiciliaria potente.

- Redistribución del gasto hacia la cronicidad.

- Coordinación efectiva entre salud y servicios sociales.

Y esto no es solo eficiencia; es dignidad y justicia social.

7. Atención Primaria con autonomía y pago por resultados

No basta con contratar más médicos. Hay que:

- Dar autonomía organizativa a los profesionales.

- Medir resultados en salud.

- Incentivar la prevención y la resolución.

- Integrar equipos multidisciplinares.

Sin autonomía, la Primaria seguirá siendo el cuello de botella del sistema.

8. Concentrar la alta complejidad

La evidencia es clara: a mayor volumen, mejores resultados. No todos los hospitales deben hacer de todo. La equidad no consiste en dispersar la complejidad; la equidad es garantizar el mejor resultado posible. Replanificar recursos no es cerrar hospitales; es organizar mejor y ser más eficiente.

Al final debe imperar un principio rector claro. Cualquier modelo futuro debe priorizar, por este orden:

1. Productividad.

2. Resultados en salud.

3. Eficiencia.

Porque gastar más sin resultados no es progreso; es complacencia.

El presidente andaluz ha dicho que quiere cambiar el sistema y que quien no esté de acuerdo no le vote. Está perfecto. Pero cambiar exige tocar estructuras, asumir resistencias y enfrentarse a inercias históricas.

Y ahora viene la parte difícil: sostener esa determinación cuando lleguen las resistencias. Porque vendrán: sindicales, corporativas, ideológicas e internas.

Reformar de verdad significa incomodar; incomodar hasta que se empiecen a ver resultados y la población los note de primera mano. Y ahí todo cambiará.

Presupuesto sin reforma es más de lo mismo. Andalucía ha aumentado su inversión sanitaria, y eso era necesario. Pero si el modelo organizativo no cambia, las listas de espera seguirán, la frustración profesional continuará, la percepción de opacidad no desaparecerá y el gasto seguirá creciendo sin resultados proporcionales.

No basta con gastar más: hay que gestionar mejor. Y hace falta coraje, coherencia y disciplina. Ahora toca demostrarlo.

*** Juan Abarca Cidón es presidente de HM Hospitales.