Felipe VI y Juan Antonio Kast, presidente de Chile, en marzo de este año.

Felipe VI y Juan Antonio Kast, presidente de Chile, en marzo de este año. CASA REAL Europa Press

Tribunas

Chile necesita volver a pensar en grande y España puede ser uno de sus socios fundamentales

El nuevo embajador de Chile en España llama a convertir la tradicional cercanía de ambos países en nuevas oportunidades para crecer juntos.

Publicada

Madrid volvió a ser sede del Chile Day esta semana. Más de setecientas personas, entre autoridades, empresarios e inversionistas de ambos países, se reunieron para hablar de Chile, de España y, sobre todo, de las oportunidades que tenemos por delante.

Pero el verdadero valor del encuentro va más allá de las cifras, los anuncios o las reuniones empresariales. Nos recuerda algo que a veces, precisamente por evidente, podemos perder de vista: Chile y España mantienen una relación excepcional, construida sobre una historia común, una lengua compartida, profundos vínculos culturales y, cada vez más, intereses también compartidos.

España ha sido durante más de dos décadas uno de los grandes inversionistas extranjeros en Chile. Hoy es el tercer inversor en nuestro país, con un stock que supera los 20.000 millones de dólares y una presencia especialmente relevante en sectores como la energía, las telecomunicaciones, la banca, el agua y la infraestructura.

Pero detrás de esas cifras hay algo quizás más importante: décadas de conocimiento mutuo.

Las empresas españolas han participado activamente en la modernización de nuestra infraestructura, en el desarrollo de las telecomunicaciones y en la transformación de nuestra matriz energética. No llegan a Chile desde cero: conocen nuestro país, sus instituciones y sus posibilidades.

Y el camino se recorre también en sentido inverso. Cada vez más empresas y emprendedores chilenos miran a España no solo como un mercado, sino como una plataforma natural para proyectarse hacia Europa.

José Antonio Kast.

José Antonio Kast. Europa Press

Esa doble condición —España como socio de Chile en América Latina y como puerta de Chile hacia Europa— otorga a nuestra relación un potencial especialmente interesante.

Chile tiene hoy ante sí el desafío de iniciar un gran segundo tiempo.

Durante varias décadas, nuestro país consiguió avances económicos y sociales extraordinarios. Redujimos la pobreza, multiplicamos nuestro ingreso por habitante, nos abrimos al mundo y construimos instituciones que hicieron de Chile un destino confiable para la inversión. Chile necesita volver a crecer, invertir, emprender y pensar en grande.

Ese segundo tiempo no significa desconocer lo construido ni empezar nuevamente desde cero. Significa recuperar aquello que hicimos bien, modernizar lo que sea necesario y, sobre todo, aprovechar una oportunidad que quizás pocas veces había sido tan evidente.

Porque el mundo cambió. Y con él cambió también el valor de nuestra geografía.

Probablemente nunca los intereses de Chile y los del mundo habían estado tan alineados como ahora. Descripción del destacado...

En la era de la electromovilidad y la transición energética, el mundo necesita cobre y litio, dos recursos en los que Chile posee ventajas excepcionales.

Necesita energías renovables, y pocos lugares reúnen las condiciones solares de nuestro desierto o el potencial eólico de nuestro territorio.

Necesita alimentos producidos de manera sostenible, conocimiento, innovación y nuevas tecnologías.

Probablemente nunca los intereses de Chile y los del mundo habían estado tan alineados como ahora.

Pero los recursos naturales por sí solos nunca han hecho próspero a un país, y si Chile quiere jugar bien ese segundo tiempo, España puede ser uno de sus socios fundamentales.

Buena parte de las capacidades que necesitamos para transformar esas ventajas en desarrollo son áreas en las que España ha acumulado experiencia, tecnología y empresas de primer nivel: energías renovables, infraestructura, transporte, gestión del agua, telecomunicaciones, ingeniería y servicios financieros.

Hay, por tanto, una complementariedad evidente. España puede aportar capital, tecnología, conocimiento y experiencia empresarial. Chile puede ofrecer oportunidades de inversión, recursos estratégicos y una plataforma estable desde la cual seguir proyectándose hacia América Latina.

Pero reducir nuestra relación a una suma de intereses económicos sería un error.

Lo que distingue el vínculo entre Chile y España es que debajo de todo ello existe algo mucho más profundo. Compartimos una lengua, una historia y una cultura que llevan siglos cruzando el Atlántico.

Miles de chilenos viven, trabajan y estudian hoy en España, mientras miles de españoles han hecho de Chile su hogar. Nuestros empresarios se conocen, nuestros profesionales trabajan juntos y nuestros estudiantes cruzan cada año el océano en ambas direcciones.

Ese conocimiento mutuo genera algo particularmente valioso en el mundo actual: confianza.

Por eso el Chile Day celebrado esta semana en Madrid no debe entenderse simplemente como un encuentro destinado a atraer inversión hacia Chile. Es la expresión de algo mayor: dos países que se conocen, que confían el uno en el otro y que tienen ante sí la oportunidad de construir una relación todavía más moderna y ambiciosa.

Desde la Embajada de Chile en España queremos contribuir precisamente a eso: ser un puente. Ayudar a que las oportunidades chilenas encuentren en España capital, conocimiento, innovación y socios; y que las empresas y emprendedores españoles encuentren en Chile oportunidades para crecer y proyectarse hacia nuestra región.

Víctor Hugo decía que no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo.

Creo que a Chile y España les ha llegado el tiempo de pensar en grande. Tenemos una historia que explica por qué confiamos el uno en el otro, capacidades que se complementan y desafíos que comienzan a converger.

La tarea ahora es transformar esa cercanía en más proyectos, más inversión, más innovación y más oportunidades para nuestros dos países.

*** Juan Antonio Coloma Correa es embajador de Chile en España.