Un agente de policía israelí pasa junto a vehículos dañados en el lugar del impacto de un misil iraní contra Israel, en Ramat Gan, Israel. Reuters
Así se vive en Israel a la espera del ataque de Irán
En pocos días pueden volver a sonar las alarmas antiaéreas en Israel que conminan a entrar en los refugios porque misiles disparados por Irán vuelan hacia el país.
Una de las particularidades del pueblo de Israel es su desafío constante de la adversidad.
No se trata de inconsciencia o de olvido de los retos con los que hay que lidiar, sino de la convicción de que bajar los brazos no servirá de nada.
Y como el peligro es constante, se lo enfrenta apostando a la vida. No sin cometer errores, no sin serias discusiones.
Aunque la dirección es clara.
Pero esto no significa en absoluto que no haya tensión, preocupación y nerviosismo. En pocos días pueden volver a sonar las alarmas en Israel que conminan a entrar en los refugios porque misiles disparados por Irán se hallan de camino al país.
Es lo que se estima que sucederá si Estados Unidos ataca Irán, porque Irán ya lo ha dicho: responderá a Estados Unidos atacando a Israel.
Una iraní sostiene una imagen en llamas de Jamenei durante una protesta. Reuters
Si un extraterrestre aterrizara ahora en Israel sin saber qué ocurre en la región, no imaginaría que en este país se vive desde hace semanas, y muy especialmente en los últimos días, con preocupación.
Pero el movimiento en la calle no cesa. Durante este fin de semana ha habido mucha gente en los parques. Los espectáculos programados por todo Israel se celebraron con normalidad.
Por otro lado, la ciudadanía permanece atenta a lo que pueda ocurrir.
Todos escuchan la radio, son conscientes de la alerta en la Fuerza Aérea, observan al primer ministro Benjamin Netanyahu en las redes y por televisión advirtiendo a Irán, ven al comandante en jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel visitando baterías de la defensa antiaérea.
Y entienden.
Los que tienen familiares reclutados de urgencia desde el servicio de reserva militar lo comparten, lo cuentan a amigos y conocidos… y al final, se sabe.
Y se comprende el por qué.
De esta situación de casi cuenta regresiva nace la dinámica en una familia israelí, que puedo compartir (a modo de ejemplo) porque conozco personalmente a sus protagonistas.
La familia en cuestión se reunió este viernes noche, como suele hacerlo, para compartir la tradicional cena judía de Shabat: padres, tres hijos y tres nietos.
El hijo mayor, procurando que sus dos hijos de cuatro y seis años no entiendan, comparte su nerviosismo. "No puedo más con esta espera, pensando si en pocos días, como en junio, se nos altera la vida nuevamente. El trabajo, la escuela y la guardería de los niños, todo".
Este padre tiene habitación blindada en su casa. Pero como vive en una ciudad donde hubo numerosos impactos durante la última guerra, está considerando irse a la de sus padres, que residen en una ciudad menos atacada, como hizo en junio pasado.
"Si tiene que estallar otra guerra, que estalle ya', comenta la nuera, esposa del hijo mayor"
Su hermana dará a luz dentro de un mes. Recuerda con angustia que su primera hija nació pocas semanas después del terrible 7 de octubre de 2023. Mirarla, verla jugar y ver cuán feliz crece casi le permite olvidar cuánto lloró hace algo más de dos años diciendo que había soñado con una situación distinta en el país para cuando llegara al mundo su primera hija.
Y ahora cree que todo se va a repetir.
En su caso hay además un aspecto "técnico" que lo complica todo. No tiene refugio blindado en su piso, sino sólo el refugio común del edificio, al que puede llegar bajando dos pisos.
Hacerlo con una niña de dos años y un bebé en medio de una alarma no es aconsejable, y menos si su esposo es llamado a la reserva del ejército. "Si empieza todo de nuevo, nos iremos a la casa de mis padres", asegura.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Reuters
Su madre le recomendó que no espere a que suenen las alarmas y que lo haga cuando empiece el ataque norteamericano contra Irán.
El menor de los hijos, que vive con su novia, no tiene refugio en su casa ni en su edificio. "El refugio civil está cerca, podemos llegar", sostiene. Su compañera explica que tienen que cruzar el parque ubicado frente a su casa. El refugio está a sólo una manzana de distancia.
Aunque podría ser peor, no es sencillo hacerlo de improviso, cuando la alarma lo puede sorprender a uno en cualquier momento delicado de la rutina diaria. Por eso ya tienen planeado mudarse a la casa de la madre de ella, que sí tiene refugio. "En la casa estarán seguramente mis hermanos y sus hijos, sería un poco complicado tantos juntos, pero así acompañamos a mamá, que vive sola".
Horas después de compartir todos estos planes, cada uno volvió al resto de sus programas de fin de semana. Paseos, visitas, normalidad. Pero siempre con el oído atento.
"Si tiene que estallar otra guerra, que estalle ya", comentó la nuera, esposa del hijo mayor.
"Es difícil, porque recuerdo cuánto sufren los niños, cuánto cuesta después volver a la normalidad. Pero al menos, que esta vez sea en serio. Que terminen con el régimen iraní que difunde odio y quiere destruir a Israel. Que sea la última, para poder después respirar tranquilos y vivir en paz".
*** Jana Beris es periodista.