Óscar Puente durante una comparecencia ante los medios. Fuente: TV
"Ahora, sí, prudencia, respeto y no politización”
De los autores de "Mazón, asesino", "Ayuso, mataviejos" y "Aznar, golpista", ha surgido un nuevo mantra, pero esta vez pidiendo contención.
De los autores de "Mazón, asesino", "Ayuso, mataviejos" y "Aznar, golpista", ha surgido un nuevo mantra, pero esta vez pidiendo contención.
Los infatigables tertulianos de la quinta columna sanchista lo han lanzado preventivamente, ya mismo y todos a una, no sea que por entretenerse en disimular la servidumbre se pierda el relato.
Ese que tanto mimaba su camarada y mártir brigadista, el otrora fiscal general de la Moncloa.
Desde el mismo lunes, los antes chequistas de gatillo fácil vienen exigiendo silencio, pasividad y fe. El mismo silencio en la calificación de los hechos que los jueces mantienen en sus instrucciones hasta que estas concluyen.
La misma pasividad que los súbditos guardan en las dictaduras, en las que no caben ni preguntas ni controles.
Y la misma fe que las monjas ursulinas depositan en Dios.
Familiares y amigos de las víctimas del accidente ferroviario del pasado domingo en Adamuz.
Todo ello se resume en las nuevas virtudes que impone la última edición del catecismo sanchista, en su versión post-Adamuz: "prudencia", "respeto a las víctimas" y "no politización".
Ahora, sí.
La prudencia de no anticiparse a reflexionar siquiera sobre las posibles causas de un siniestro que ya se ha cobrado cuarenta y cinco víctimas ni, mucho menos, a verbalizar lo reflexionado. El respeto a las víctimas en el sentido de ocuparse, única y exclusivamente, de lamentar su dolor y homenajear a sus muertos.
Y la no politización entendida como el deber de abstenerse de fiscalizar la actuación del poder.
Salvo para vendidos agradecidos y sectarios irrecuperables, es previsible que la reacción ante la nueva prédica de las terminales sanchistas sea la de una estruendosa carcajada.
"La inversión en la infraestructura ferroviaria está bajo mínimos y los escritos de los maquinistas denunciando el mal estado de la red acumulan polvo en el cajón de un ministro ausente"
Y no sólo por los antecedentes de los predicadores (la dana de Valencia, la pandemia de la Covid-19 o el 11-M), tan contrarios a lo predicado, sino también por las propias circunstancias en las que el sermón se pronuncia.
1. El que fuera ministro de los trenes hasta hace nada, en la cárcel por corrupción.
2. Su mano derecha y consejero del asunto, lo mismo.
3. La anterior presidenta del órgano responsable, imputada por malversación y tráfico de influencias.
4. La empresa encargada de la renovación de la vía siniestrada, investigada por su relación con todos ellos.
5. El ministerio del ramo, usado como asilo de enchufados y datáfono de prostitutas.
6. Y, además, la inversión efectiva en la infraestructura ferroviaria, bajo mínimos, y los escritos de los maquinistas denunciando el mal estado de la red, acumulando polvo en el cajón de un ministro ausente.
Pero hay motivos para mucho más que para una carcajada. Los hay para la repulsa.
Vista de los vagones del tren Alvia accidentado en Adamuz (Córdoba). Efe
Y es que, aunque no fueran aquellos los antecedentes ni estas las circunstancias, los comportamientos que tan solemnemente reclama la troupe sanchista son radicalmente antidemocráticos, profundamente inmorales y definitivamente estúpidos.
En una democracia, ante una catástrofe con víctimas mortales y una posible responsabilidad de la Administración, la prudencia no puede consistir nunca en callar, sino en que cada ciudadano pueda libremente preguntarse sobre sus causas, analizar los datos suministrados por los técnicos y, por qué no, verbalizar públicamente las conjeturas (que no conclusiones) a las que su razonamiento le lleve.
Simplemente, porque todos tenemos derecho a preguntarnos por qué fallan los servicios públicos que pagamos y a expresar nuestra opinión sobre qué debe corregirse para no morir cuando los usemos la próxima vez.
El respeto a las víctimas tampoco puede reducirse a ejercer de plañideras de su desgracia, como si un accidente de tren fuese una catástrofe natural.
Respeto a las víctimas es preocuparse de que sus familiares sepan, lo más rápidamente posible, por qué lo han sido, quién es el responsable y qué va a hacerse para evitar que haya más.
Y la no politización tampoco puede consistir en que los políticos de la oposición no hagan el trabajo por el que se les paga. No politizar es no guiarse por el cálculo electoral del partido y sí por la defensa del interés de los ciudadanos.
Y ello sólo puede conseguirse estando encima de la investigación desde antes de su inicio, asegurándose de que sus tiempos no los marque la conveniencia política, comprobando la independencia del investigador, denunciando sin complejos todo aquello que al político concernido le interese ocultar y, finalmente, exigiendo las responsabilidades que resulten.
En el manual de Sánchez, a quien piensa y se comporta así se le llama "carroñero". Probablemente porque él se sepa el depredador.
*** Marcial Martelo de la Maza es abogado y doctor en Derecho.