Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno.

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LA TRIBUNA

El laboratorio político de la izquierda podemita

Unidas Podemos, en su ocaso político, se aferra a una nueva fórmula del laboratorio latinoamericano para garantizar su supervivencia: la creación del Frente Amplio español.

25 octubre, 2021 06:05

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón lo dejaron por escrito: América Latina es un laboratorio político para Europa, de donde se pueden extraer “fórmulas para la transformación social”. Primero fue el populismo bolivariano del primer Podemos. “Una pistola con una sola bala”, en expresión de Iglesias.

Ahora esa arma está descargada y quien la sostiene no tiene puntería. En seis años, muy poco tiempo, esa fórmula ha fracasado incluso estando en el poder. Sus políticas son de segunda fila, no transformadoras, y sus ataques a lo político, a las bases de la convivencia, no atraen a nadie.

Ese fracaso ha devorado a los fundadores en un tiempo récord, como si estuvieran en los primeros compases de la Rusia soviética, en la que el retiro político del adversario era de vértigo. La lista de caídos en desgracia es mucho más larga que la de los supervivientes. Tanto que alcanza a todos los fundadores, incluido Pablo Iglesias.

El gatillazo del populismo bolivariano, de los “gobiernos del cambio”, del “partido de la gente” contra “la casta”, ha llevado a la ruina de las confluencias. Tan sólo resisten algunas personalidades, incapaces por sí solas de liderar un proyecto nacional.

Las encuestas electorales e incluso las últimas convocatorias, como la de mayo de 2021 en Madrid, vaticinan que el cuento podemita terminó. No hace falta más que ver la medianía que dirige ahora Unidas Podemos (de Belarra a Verstrynge), que constituye el típico grupo encargado de recoger los restos de la fiesta, bajar las persianas y cerrar la puerta.

Asumido el fin del proyecto, esta izquierda va a traer otra fórmula del laboratorio político latinoamericano. Se trata del Frente Amplio, con experiencia en Chile y Uruguay. El origen de todo es este último país.

"El trasplante del Frente Amplio en España pasa por presentarse como la renovación de la izquierda, moderna y joven, más pegada a la gente"

El Frente Amplio uruguayo es la fórmula de José Mújica y Tabaré Vázquez, constituido como una coalición electoral de comunistas y socialdemócratas, feminista y ecologista, enemiga del “neoliberalismo” y de las “castas”. De hecho, fue uno de los protagonistas en el Foro de São Paulo, convocado por Lula da Silva y Fidel Castro para reanimar el comunismo tras el derrumbe del Muro de Berlín.

El Frente Amplio chileno se formó en 2017 como una coalición electoral de partidos y grupúsculos de izquierdas, y otros no tanto, fundada en la Universidad de Santiago de Chile. Su idea era recoger el voto de centroizquierda que Nueva Mayoría (como aquí el PSOE) no sabía satisfacer.

Los planteamientos del Frente Amplio chileno son tan básicos como conocidos en España gracias al primer Podemos: “Un Chile para todos y todas, respetuoso del medio ambiente y donde los derechos sociales sean la base de una democracia plena”.

Su enemigo es el “modelo económico neoliberal”, y su deseo es una democracia participativa que dé la voz a la gente para constituir “gobiernos del cambio”. Los dos motores que exhiben para acabar con la democracia de libre mercado son el feminismo y el ecologismo, tal y como aquí hacen Podemos y Más Madrid.

El trasplante del Frente Amplio en España pasa por presentarse como la renovación de la izquierda, moderna y joven, más pegada a la gente, que quiere transformar lo existente porque, desde su ideología, su religión secular, esto no funciona.

Vamos. Es la nueva retórica de la izquierda de siempre: la creación del Hombre y la Sociedad nueva acorde a la democracia social y participativa que derrumbe las instituciones representativas conocidas, con el feminismo y el ecologismo dogmáticos para barrenar el sistema.

"La sensación es que la izquierda podemita saca del laboratorio otra fórmula más como instrumento de supervivencia personal que como proyecto nuevo"

Esto lo intentó Más País, pero se ha quedado como la solución de la izquierda cuqui, incapaz de conectar con una mayoría. No pasa de ser una agrupación rojiverde sin carácter. De hecho, Más País quiso funcionar en 2019 como contenedor del voto socialista descontento con el PSOE y Unidas Podemos, al modo del Frente Amplio, y no lo consiguió.

El proyecto que se pretende levantar quiere tener a Yolanda Díaz como candidata, como pasó en Chile con la periodista Beatriz Sánchez. La diferencia es que la española es una comunista declarada, por lo que esa transversalidad que se pretende se antoja harto difícil.

No parece que los de Errejón vayan a aceptar un paso atrás y echarse en brazos del PCE. Es lógico por varios motivos.

Primero, organizativo, ya que el invento de Izquierda Unida, también una coalición al modo del Frente Amplio, se convirtió en el disfraz de los comunistas. Un nuevo ropaje para el mismo cuerpo. Esto se debió a la superioridad organizativa del PCE frente a los partiditos que se sumaron a la coalición. La resurrección de la misma fórmula, acaudillada por Yolanda Díaz y Enrique Santiago, dos comunistas, acabaría siendo su organización particular a costa del resto.

El segundo motivo es que Díaz, además de sostener las dos religiones seculares con más éxito de los últimos tiempos (feminismo y ecologismo), vuelve al discurso rancio de la lucha de clases, del conflicto contemporáneo entre el capital y el proletariado, la burguesía y la clase obrera. Esta retórica, como la que exhibió en la fiesta del PCE, hace imposible que alcance una mayoría significativa.

Otra cosa es que el Frente Amplio español se presente como el bastón del PSOE, la minoría con la que los progresistas puedan gobernar. Pero esto ya lo hemos visto. Se llamaba Izquierda Unida. La sensación, por tanto, es que la izquierda podemita saca del laboratorio otra fórmula más como instrumento de supervivencia personal que como un proyecto realmente nuevo.

*** Jorge Vilches es profesor de Historia del Pensamiento en la Universidad Complutense y autor del libro La tentación totalitaria.

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