Díaz de Mera habla con los jugadores del Madrid tras la roja a Vinicius.

Díaz de Mera habla con los jugadores del Madrid tras la roja a Vinicius. EUROPA PRESS

Columnas LA GALERNA

El sistema odia al Real Madrid porque lo desenmascara

Mientras el sistema busca que el estadio se vuelva contra Florentino, el Bernabéu estalla contra la corrupción federativa y la maquinaria de Tebas.

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Hoy es lunes. El sábado hubo un partido en el cual, por primera vez desde que existe el VAR, se revisó una jugada para anular un gol y expulsar precisamente al autor de dicho gol.

Fue Vinícius por un agarrón de pelo, aunque un plano corto permite más bien hablar de enganchón de un dedo en una cinta en los rizos de Veiga. Presurosas, ávidas, las cámaras del VAR se remontaron al origen de la jugada para desautorizar el tanto.

Si en lugar de ser el Madrid es el Barça, y en lugar de ser Vinícius es Lamine, usted estaría a 24 horas de enterarse del tirón de pelo. Lo habría llegado a ver, finalmente, gracias a las imágenes difundidas por un espectador que captó todo con su móvil y después lo difundió clandestinamente.

El gol se habría dado por bueno. Quizá, en el mejor de los casos, como decía Jesús Alcaide en RMTV, el árbitro habría bromeado con Lamine: “Le das un tirón de pelo que flipas”. No habría importado. Gol en todo caso.

No hace falta especular con lo que habría sucedido si los protagonistas son otros. El tema no da solo para un estudio comparativo de la más grosera doble vara de medir según la camiseta (tenemos ejemplos de jalones de cabello saldados con amarilla), sino que resulta suficientemente chocante en un estudio aislado, con el reglamento en la mano.

Ese reglamento habla del tirón de pelo como posible causa de expulsión. No dice, como se está pretendiendo hacer creer, que todo tirón de pelo es expulsión. Añade que, para ello, debe darse con “fuerza excesiva o brutalidad”. Literal.

La fuerza excesiva o la brutalidad están tan presentes en el agarrón de Vini como la decencia en el Comité Técnico de Árbitros. Puedes anular el gol, pero jamás expulsar al brasileño.

El sábado, los hombres de Mourinho se vieron obligados a ascender un nuevo Tourmalet arbitral para poder ganar un partido.

Casi siempre son capaces de hacerlo, pero hay ocasiones en las que no da, para regocijo del conjunto del sistema, que es lo que busca, o sea, eso, que no le dé, que los medios y redes sociales equivoquen el enemigo y desenfunden su cólera contra el equipo, que el estadio se gire contra Florentino.

En el Bernabéu, sin embargo, el público se giró, pero no contra el mandatario blanco. Se giró contra el sistema. “Corrupción en la Federación”. “Negreira sigue arbitrando”. Cánticos inequívocos.

La gente es menos idiota de lo que el sistema desearía, ese sistema que odia al Real Madrid porque lo desenmascara. Sin perjuicio de que aún lo esté (y haya razones para sospechar que puede estarlo), el sistema no necesita estar untado para perjudicar al Madrid.

Lo hace ya de serie, movido por el odio. No se acepta de buen grado que te llamen corrupto, muy especialmente si lo eres.

En la lógica de Javier Tebas, auténtico factótum del sistema (o fucktótum, en feliz juego bilingüe de palabras de Paco Sánchez Palomares), el madridismo no tiene derecho a hablar así. Lo de Negreira, corrupción con facturas y balcones a la calle, pasó hace mucho tiempo, arguye, de manera que pelillos a la mar.

Sucede que Tebas maneja LaLiga pero también la Federación, de la que dependen los árbitros, y que esos árbitros son básicamente los mismos que ya estaban con Negreira.

Hasta veinte nombres de árbitros actuales (algunos sobre el campo, otros en el VAR y otros en puestos directivos) hicieron gran parte de su carrera con Negreira mientras este, vicepresidente del colectivo, cobraba de uno de los clubes en liza durante 17 años, que se sepa.

Aunque solo fuera por cosmética, unos dirigentes medianamente decentes habrían sustituido a toda esa patulea por árbitros de Segunda o del Kurdistán. No se puede pretender que un club pagara a un alto dirigente arbitral durante 17 años (que se sepa) sin que eso lo contamine todo, y así sigue, contaminado.

Más que antes, de hecho, porque ahora entra en escena la rabia colectiva de la mafia descubierta. Solo hay un dedo que señala, y a por ese dedo va el sistema con su macabro aparataje de trencillas, medios e instituciones. El objetivo es hundir al Madrid, con su presidente a la cabeza, y hará falta hacer uso de los cañones más gordos para evitarlo.