Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. Jesús Hellín / Europa Press

Columnas SIN SOLTAR AMARRAS

Los nietos de Sánchez se avergonzarán de él

Este agosto, mientras Sánchez y su señora se dedicaban al buceo y se daban baños de sol, Juan Jesús Vivas conocía a su nieto por las imágenes de móvil que le iba mandando su hijo.

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El pasado dos de agosto nació en Fuengirola el segundo nieto de Juan Jesús Vivas.

En condiciones normales, Vivas hubiese tomado el primer avión a la península para conocer al niño, abrazar a los felices padres y presumir de bebé, como cualquier abuelo del mundo.

Pero resulta que el dos de agosto estaba invadida la ciudad de la que Vivas es presidente, y aunque habría tenido derecho a cumplir con sus obligaciones familiares ("las vacaciones son mi derecho", susurraba Sánchez para disimular esa ira eterna de Norman Bates que lleva en todo lo alto desde hace tiempo), se quedó en Ceuta, en su despacho, con su gente, haciendo llamadas desesperadas a Moncloa hasta que le dijeron que dejase de dar el coñazo.

Mientras todos aquellos que deberían haberle prestado soporte se dedicaban al dolce far niente, de Sánchez a su jefe de gabinete, pasando por el impresentable Marlaska y todos y cada uno de los ministros, el verano de Vivas consistió en noches sin dormir y desesperadas jornadas de trabajo mientras su ciudad se encaminaba al desastre.

Ahora, Sánchez y su banda lanzan toda su artillería contra un hombre que se está dejando la vida en cumplir con rigor la tarea que le han encomendado los ceutíes. "Eso, a Vivas", dijo Sánchez, crispado el gesto, cuando le preguntaron en el Congreso por los menores no acompañados que vagan por Ceuta.

Aún le dura un poco el moreno de Pepito Piscinas después de las larguísimas vacaciones en Lanzarote, rodeado de amigos y familia que veranean de gorra gracias a usted y a mí.

Pero mientras Sánchez y su señora se dedicaban al buceo y se daban baños de sol, Juan Jesús Vivas conocía a su nieto por las imágenes de móvil que le iría mandando su hijo.

Cuando pase el tiempo, ese niño preguntará por qué no tiene fotos con su abuelo en el día de su nacimiento. Será un orgullo para cualquiera explicarle que porque estaba cumpliendo escrupulosamente con su deber de gobernante.

Sin embargo, el álbum veraniego de la familia Sánchez estará plagado de imágenes idílicas de las largas vacaciones del 2026: puestas de sol, barbacoas y chapuzones en la piscina del palacio de la Mareta, animadas tertulias, inmersiones en el atlántico, almuerzos y cenas al aire libre, mientras a menos de hora y media en Falcon (ese que Sánchez usa para no perderse un concierto o la boda de un cuñado) los ceutíes pasaban el peor verano de sus vidas.

Quizá algún nieto de Sánchez también se haga preguntas el día de mañana, y quiera saber dónde estaba el abuelito, a la sazón presidente del gobierno de España, mientras invadían el país.

A ver quién es el guapo que le da una respuesta.