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La televisión, un bumerán para Mariano Rajoy

Cada vez que Mariano Rajoy se atreve a abandonar el plasma, sale escaldado. El sucedáneo de publirreportaje que protagonizó el lunes en Televisión Española apenas fue seguido por un 12% de audiencia, lo que supone el peor resultado obtenido este año por cualquiera de los principales líderes políticos. Sin ir más lejos, el cara a cara en LaSexta entre Albert Rivera y Pablo Iglesias logró el doble de share. El presidente fracasa en los platós porque es incapaz de formular propuestas atractivas y creíbles, por su dificultad para transmitir emociones y por su excesiva rigidez. Cuando Rajoy se exhibe ante las cámaras, deja en evidencia sus escasas dotes de comunicación en un mundo en el que la imagen y la palabra son fundamentales.

El falso triunfalismo económico del Gobierno

El Banco de España ha ratificado el frenazo de la economía que ya anunció el FMI poniendo el acento en dos variables: el consumo de los hogares crece a una velocidad más baja de la prevista y la confianza de los empresarios en el sector industrial avanza al mismo ritmo que en plena crisis, a finales de 2013. Ambos datos ponen de manifiesto que la economía española ha entrado en una fase de desaceleración. Lo cierto es que ya había cifras que cuestionaban el triunfalismo del Gobierno. La producción industrial es más baja ahora que cuando el PP ganó las elecciones y la mejora del mercado de trabajo no es del todo real, ya que ha descendido la población activa y la mayor parte del empleo creado es precario. La caída del precio del petróleo, la drástica bajada del euro y las compras masivas del Banco Central Europeo permitieron un crecimiento incipiente que no termina de afianzarse.

Menos ocurrencias y más propuestas serias

El borrador de reforma constitucional que maneja el PSOE prevé reconocer como "derecho fundamental" la percepción de un "ingreso mínimo vital", lo que supone convertir el debate sobre la modificación de la Carta Magna en una subasta de ocurrencias. Pedro Sánchez ha querido competir con la propuesta de renta básica de Podemos de cara al 20-D para lo que aprovecha un debate fundamental. La reforma de la Constitución tiene sentido para fortalecer el Estado y la propia norma, lo que resulta incompatible con blindar en su articulado una declaración de intenciones cuya concreción será siempre susceptible de crítica y revisión. Lo que de verdad cabe esperar del PSOE es que fije posición sobre el modelo territorial, entre otras propuestas serias. En su defecto, Pedro Sánchez ofrece señuelos: un día anunciando que expulsará de las aulas la enseñanza de religión y al siguiente improvisando un nuevo derecho.

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