Varios alumnos realizan una prueba en el interior de un aula.

Varios alumnos realizan una prueba en el interior de un aula. Reuters

Observatorio de la Educación

Los hijos de las familias ricas bajan más su resultado en PISA que los de las más humildes: las cuatro hipótesis de los expertos

La inteligencia artificial, la inflación de notas, el aprendizaje superficial y la pérdida de esfuerzo explicarían el mayor retroceso del alumnado favorecido.

Más información: Informe PISA: España saca los peores resultados de su historia en Ciencia, Lectura y 'Mates' tras la reforma educativa de Sánchez

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Las claves

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Los alumnos españoles de familias con mayor nivel socioeconómico han sufrido las mayores caídas en los resultados de PISA 2025 respecto a 2022, especialmente en lectura, matemáticas y ciencias.

El retroceso de los estudiantes más favorecidos supera ampliamente al de los alumnos de hogares humildes, con diferencias de hasta el doble en las puntuaciones.

Expertos apuntan como posibles causas la influencia de la inteligencia artificial, la inflación de notas escolares, el aprendizaje superficial y una menor disposición al esfuerzo.

Tener más recursos sigue dando ventaja, pero no ha evitado el mayor deterioro en el rendimiento de los estudiantes acomodados durante este periodo.

Los alumnos españoles procedentes de hogares con mayor nivel socioeconómico han sufrido las caídas más pronunciadas entre PISA 2022 y PISA 2025.

El retroceso se observa en ciencias, lectura y matemáticas y supera ampliamente el registrado entre los estudiantes más vulnerables.

Se trata de uno de los resultados más inesperados del informe: disponer de más recursos continúa proporcionando una ventaja, pero no ha evitado que este alumnado protagonice el mayor deterioro desde 2022.

Los datos del Ministerio de Educación muestran que los estudiantes pertenecientes al cuarto superior del Índice Social, Económico y Cultural (ISEC) perdieron 12,6 puntos en ciencias, 33 en lectura y 24,2 en matemáticas. En el extremo contrario, los alumnos del cuarto más desfavorecido retrocedieron 4,5, 15,1 y 10,5 puntos, respectivamente.

Esto significa que la caída de los más favorecidos fue más del doble en las tres competencias.

En lectura, la diferencia alcanza casi 18 puntos; en matemáticas, cerca de 14; y en ciencias, algo más de ocho. El fenómeno también aparece en el promedio de los 35 países de la OCDE comparables, aunque en España adquiere una intensidad mayor.

El informe oficial no ofrece una explicación causal.

El alumnado español del nivel socioeconómico más alto (Q4) sufrió las mayores caídas en las tres competencias.

El alumnado español del nivel socioeconómico más alto (Q4) sufrió las mayores caídas en las tres competencias. E.E. INEE

Se limita a advertir de un "debilitamiento del rendimiento de los estudiantes tradicionalmente de mayor desempeño".

Los expertos consultados por EL ESPAÑOL también piden prudencia: los resultados acaban de conocerse y todavía no existen análisis que permitan atribuir el desplome a un único factor.

"Estamos todavía, lógicamente, en fase de hacer hipótesis", advierte Daniel González de Vega, creador de Monk, una herramienta para evaluar periódicamente la competencia matemática de los alumnos de Primaria.

En su opinión, "probablemente es algo multifactorial" y habrá que determinar cuánto pesa cada elemento.

La irrupción de la IA

González de Vega considera que la explicación "más plausible ahora mismo" es el impacto de la inteligencia artificial generativa sobre la denominada descarga cognitiva.

A juicio del experto, su expansión se produjo precisamente durante el periodo transcurrido entre las dos ediciones de PISA.

Los adolescentes de entornos acomodados podrían haber accedido antes y con mayor frecuencia a estas herramientas, debido a la disponibilidad de dispositivos y al uso que se hace de ellas en sus hogares.

El problema aparece cuando la tecnología deja de utilizarse como apoyo y sustituye el trabajo intelectual del estudiante.

Los alumnos que emplean estas herramientas para estudiar o completar sus tareas "hacen los deberes mucho mejor" y "mucho más rápido", explica González de Vega, pero pueden terminar aprendiendo menos.

"Están subcontratando, digamos, la labor cognitiva a las propias IA", sostiene.

Esta descarga permitiría al estudiante presentar mejores tareas sin ejercitar necesariamente las capacidades que después debe demostrar en un examen. "Lo único que produce es que el alumno cada vez ejercita menos sus capacidades", señala el creador de Monk.

González de Vega descarta, en cambio, que el acceso general a móviles y tabletas sea suficiente para explicar una caída tan concentrada entre 2022 y 2025.

"No creo que eso explique la caída de estos últimos dos o tres años, porque ese no es un factor que haya cambiado radicalmente", argumenta.

La gran novedad de este periodo sería, a su juicio, el acceso a la inteligencia artificial generativa.

Aun así, reconoce que su relación con los resultados todavía debe ser contrastada específicamente: PISA "podría estar reflejando" un menor aprendizaje derivado de su utilización, pero no permite demostrarlo.

Notas menos fiables

La segunda posible causa es la inflación de las calificaciones escolares. González de Vega considera que "las notas académicas que ponen los colegios cada vez tienen menos valor porque cada vez son menos informativas".

La distribución de las calificaciones se estaría desplazando progresivamente hacia el notable y el sobresaliente.

El fenómeno podría afectar especialmente a las familias de clase media y alta, que interpretan unas buenas notas como garantía de que sus hijos avanzan adecuadamente.

"Puede estar ocurriendo que esas familias de entornos socioeconómicos medio-altos no tengan feedback real de cómo están rindiendo sus hijos en el colegio", explica.

El alumno promociona y acumula calificaciones positivas, pero sus posibles carencias no se detectan hasta que se enfrenta a una prueba externa. "Si la métrica ha dejado de ser fiel a la realidad, los padres y las familias viven un poco con una venda en los ojos", resume González de Vega.

A su juicio, detrás de esta inflación también estaría la resistencia de los centros a comunicar resultados negativos: "Es más cómodo para el colegio no tener conversaciones incómodas con los padres".

Extensión sin profundidad

Gregorio Luri, filósofo, pedagogo y maestro, apunta a una transformación en la manera en que los alumnos de los sectores más favorecidos se relacionan con el conocimiento. "Priorizan la extensión a la profundidad", sostiene.

Su hipótesis apunta a que la multiplicación de contenidos, estímulos y formas de acceso a la información puede llevar a los estudiantes a abarcar más asuntos sin profundizar suficientemente en ellos.

Los hogares con mayores recursos pueden proporcionar más dispositivos, actividades y oportunidades educativas, pero esa abundancia no garantiza por sí sola un aprendizaje más sólido.

Tener acceso a más información no equivale necesariamente a adquirir más conocimiento.

Menos esfuerzo

Francisco López Rupérez, doctor en Políticas Educativas y expresidente del Consejo Escolar del Estado, plantea una cuarta posibilidad: "También podría ser una reducción en la disposición al esfuerzo, que suele ser mayor en los entornos favorecidos".

El experto relaciona esta evolución con cambios culturales y de hábitos, así como con la influencia de las tecnologías.

Al preguntarle si podría referirse a una disminución de la lectura o la concentración, una reducción del esfuerzo o nuevas formas de estudiar vinculadas a las TIC, López Rupérez respondió: "Exacto, efecto contagio entre adolescentes".

Ese contagio permitiría que determinadas actitudes frente al estudio se extendieran dentro de los grupos de iguales.

López Rupérez insiste, sin embargo, en que no existe todavía evidencia suficiente para determinarlo: "Quizás cambios de hábitos por efectos culturales e influencia de las TIC podrían estar detrás, pero son conjeturas hasta que no se estudie con garantías".

Las cuatro hipótesis no son excluyentes. La descarga cognitiva asociada a la IA, unas calificaciones menos informativas, un aprendizaje más superficial y el debilitamiento del esfuerzo podrían estar actuando simultáneamente.

PISA tampoco dice que los alumnos desfavorecidos hayan pasado a obtener mejores resultados que los acomodados. La brecha socioeconómica continúa existiendo.

La novedad es que, entre 2022 y 2025, quienes partían de la posición más ventajosa fueron quienes más terreno perdieron. Tener más recursos sigue ayudando, pero ya no basta para impedir la caída.