La mayor parte de la barrera, unos 140 kilómetros, se encuentra en el sureste de Finlandia; otros 35 kilómetros se sitúan en Carelia del Norte y unos 25 kilómetros se extienden por Kainuu y Laponia.

La mayor parte de la barrera, unos 140 kilómetros, se encuentra en el sureste de Finlandia; otros 35 kilómetros se sitúan en Carelia del Norte y unos 25 kilómetros se extienden por Kainuu y Laponia. -

Observatorio de la Defensa

Finlandia completa el blindaje de su frontera con Rusia: 200 kilómetros de valla frente a la amenaza híbrida

Además, Helsinki estudia ampliar las defensas.

Polonia y los países bálticos también levantan fortificaciones, búnkeres y obstáculos anticarro ante la amenaza rusa.

Más información: Vallas de 280 km en Letonia y búnkeres en Estonia: el miedo a Rusia obliga a los Países Bálticos a blindar sus fronteras

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Las claves

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Finlandia ha completado una valla de 200 kilómetros en su frontera con Rusia, reforzando la seguridad ante amenazas híbridas y militares.

La valla forma parte de una estrategia defensiva de la OTAN en su flanco oriental, con proyectos similares en Polonia y los países bálticos.

Polonia y los países bálticos están construyendo sistemas defensivos avanzados, combinando barreras físicas, fortificaciones y tecnologías de vigilancia.

Las nuevas defensas europeas buscan dificultar una eventual agresión rusa y responder a amenazas como la instrumentalización de la migración y los ciberataques.

Finlandia ha completado una valla de 200 kilómetros en tramos clave de su frontera con Rusia, la mayor obra de blindaje fronterizo en Europa desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania. Tras más de tres años de trabajos, el proyecto refuerza el control de una frontera de 1.340 kilómetros, la más larga que Moscú comparte con un país de la UE y la OTAN.

La frontera oriental europea se está convirtiendo así en algo más que una línea administrativa: es la primera capa de una arquitectura defensiva que la OTAN está levantando frente a Rusia, desde el Ártico hasta el Báltico y el flanco nororiental de Europa.

Los líderes de Estonia, Finlandia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumanía y Suecia ya han definido este flanco como la “primera línea de defensa” frente a una eventual agresión.

La finalización de las obras de la valla de Finlandia fue anunciada el 7 de septiembre por la ministra del Interior, Mari Rantanen, durante una visita a la zona fronteriza de Nuijamaa, en el sureste del país.

La ministra dejó abierta además la posibilidad de ampliar la barrera en el futuro: “En algún momento deberíamos evaluar si necesitamos más de esto”, señaló Rantanen, que defendió también la necesidad de que la UE financie proyectos de este tipo en sus Estados miembros del este.

La construcción de la valla comenzó después de que los partidos políticos finlandeses alcanzaran en octubre de 2022 un acuerdo para reforzar físicamente determinados tramos de la frontera. Las primeras obras piloto arrancaron en abril de 2023.

El proyecto ha supuesto una inversión aproximada de 380 millones de euros. La mayor parte de la barrera, unos 140 kilómetros, se encuentra en el sureste de Finlandia; otros 35 kilómetros se sitúan en Carelia del Norte y unos 25 kilómetros se extienden por Kainuu y Laponia.

La frontera como primera línea de defensa

La decisión finlandesa no responde únicamente al temor a una eventual incursión militar. Helsinki ha situado la guerra híbrida y la instrumentalización de la migración entre las principales amenazas para su seguridad fronteriza.

Finlandia cerró sus pasos fronterizos con Rusia a finales de 2023 después de acusar a Moscú de facilitar la llegada de solicitantes de asilo hacia su frontera. El Gobierno finlandés pretende ahora ampliar durante otros dos años la vigencia de su Ley de Seguridad Fronteriza, diseñada para hacer frente a intentos de presión mediante la llegada organizada de migrantes.

En esta situación, cada Estado debe ocuparse de su propia seguridad y de la inviolabilidad de sus fronteras”, afirmó Rantanen.

La estrategia finlandesa va, sin embargo, mucho más allá de levantar una valla. El Gobierno estudia recuperar humedales drenados para convertirlos en obstáculos naturales frente a una eventual ofensiva terrestre y las Fuerzas Armadas han recurrido también a reservistas voluntarios para reforzar la vigilancia de las zonas fronterizas y del espacio aéreo.

Es la expresión de una transformación que se está extendiendo por el flanco oriental de la OTAN: las fronteras vuelven a incorporar elementos que durante décadas habían quedado relegados a los libros de historia militar.

Polonia construye su propio 'Escudo Oriental'

Finlandia no es el único país que está fortificando sus fronteras. Polonia está levantando el denominado Escudo Oriental (Eastern Shield), un ambicioso sistema defensivo que cubre aproximadamente 700 kilómetros de frontera con Bielorrusia y el enclave ruso de Kaliningrado.

El proyecto no consiste en una única línea de hormigón, sino en una red escalonada de fortificaciones, obstáculos anticarro, zanjas, sistemas de vigilancia, depósitos, infraestructuras logísticas y medidas para dificultar el movimiento de fuerzas enemigas.

El Gobierno polaco ha destinado unos 10.000 millones de zlotys al programa, cuya finalización está prevista para 2028. La Bundeswehr alemana se ha incorporado además a los trabajos y ya presta apoyo a Polonia en la construcción de las fortificaciones.

La filosofía es clara: hacer más difícil una eventual penetración rusa, canalizar los movimientos de una fuerza atacante y proporcionar tiempo a los ejércitos de la OTAN para desplegar refuerzos.

Línea defensiva báltica

Estonia, Letonia y Lituania han puesto en marcha, por su parte, la Baltic Defence Line, un sistema coordinado de fortificaciones destinado a reforzar sus fronteras orientales con Rusia y Bielorrusia.

La iniciativa contempla búnkeres, puestos defensivos, zanjas anticarro, obstáculos, depósitos de munición y otras infraestructuras de apoyo, además de sistemas de vigilancia y medidas de contramovilidad. Los tres países aprobaron el proyecto en enero de 2024.

Estonia, por ejemplo, ha comenzado a construir zanjas anticarro y búnkeres en el sureste del país. Su planificación contempla alrededor de 600 búnkeres, además de obstáculos conocidos como dientes de dragón.

Letonia también ha reforzado físicamente su frontera. A las infraestructuras militares se suman sistemas destinados a responder a nuevas amenazas, como los drones, después de varios incidentes registrados en los últimos meses.

La lógica común es la misma que inspira los proyectos finlandés y polaco: convertir el terreno en un multiplicador de la defensa y ganar tiempo ante una eventual agresión.

Europa vuelve a fortificar sus fronteras

El fenómeno no se limita a estos países. Polonia, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania han reforzado sus fronteras con Rusia y Bielorrusia, mientras que otros Estados europeos han desarrollado barreras por motivos de seguridad vinculados a la presión migratoria y las amenazas híbridas.

Un estudio reciente sobre la fortificación de las fronteras europeas identifica precisamente esta tendencia hacia una nueva generación de barreras físicas en el este del continente.

La diferencia respecto a la Guerra Fría es que estas nuevas defensas no pretenden levantar una muralla continua. Son sistemas por capas, que combinan obstáculos físicos, sensores, vigilancia, posiciones fortificadas, reservas de materiales, infraestructuras logísticas y elementos naturales como bosques, ríos y humedales.

Incluso Finlandia está recuperando conceptos de defensa territorial que parecían pertenecer a otra época. El país conserva la histórica línea Salpa, construida durante la Segunda Guerra Mundial frente a la Unión Soviética, y mantiene una amplia infraestructura de refugios y protección civil.

Ahora, sin embargo, la amenaza es diferente. Drones, sabotajes, ciberataques, presión migratoria -como la que padece la ciudad de Ceuta (en la frontera sur de Europa)- y una eventual ofensiva convencional forman parte de un mismo escenario de seguridad.