Drones interceptores Sting de la empresa ucraniana Wild Hornets permanecen listos para su uso en un lugar no revelado de Ucrania.

Drones interceptores Sting de la empresa ucraniana Wild Hornets permanecen listos para su uso en un lugar no revelado de Ucrania. Reuters

Observatorio de la Defensa

Ucrania capitaliza su pericia militar y aprovecha la guerra de Irán para exportar drones e interceptores al Golfo Pérsico

Zelenski impulsa su ofensiva diplomática en el Golfo: Arabia Saudí y Catar ya firmaron acuerdos de defensa, y Emiratos Árabes evalúa sumarse.

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Las claves

Ucrania utiliza su experiencia en la guerra para exportar drones e interceptores antiaéreos al Golfo Pérsico, aprovechando el auge de la guerra de drones en la región.

El presidente Zelenski ha cerrado acuerdos de cooperación en defensa con Arabia Saudí y Catar, y negocia con Emiratos Árabes la posible venta de tecnología militar.

Sistemas como el dron interceptor Sting y el dron naval Magura, probados en combate, despiertan interés en países del Golfo por su bajo coste y eficacia contra amenazas aéreas y marítimas.

La industria ucraniana podría exportar hasta 2.000 millones de dólares en drones este año, proyectando alcanzar los 10.000 millones anuales en cinco años y consolidando a Ucrania como referente global en guerra de drones.

La guerra en Ucrania no solo ha redefinido el campo de batalla europeo, sino que ha convertido al país en un laboratorio de innovación militar. Con el conflicto entre Israel y EEUU e Irán reavivando la guerra de drones en Oriente Próximo, Kiev detecta una oportunidad para capitalizar su experiencia y ganar peso en el mercado global de defensa.

El uso masivo de drones en Irán ha demostrado su eficacia como armas de bajo coste y alto impacto, al tiempo que ha revelado la fragilidad de los sistemas antiaéreos tradicionales. Ucrania, reforzada por más de dos años de combate, busca proyectar esas capacidades.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha intensificado su ofensiva diplomática con una gira por el Golfo Pérsico. Arabia Saudí y Catar ya han sellado acuerdos de cooperación en materia de defensa, mientras Emiratos Árabes evalúa sumarse a la iniciativa.

“El conocimiento no es un dron, es una capacidad integral: estrategia, sistema y entrenamiento”, explicó Zelenski en una reciente entrevista en Reuters, subrayando que Ucrania no solo vende tecnología, sino un modelo completo de defensa aérea adaptado a las nuevas amenazas.

Tras más de dos años enfrentándose a oleadas masivas de drones rusos —muchos de ellos derivados de los modelos iraníes Shahed (ahora modernizados y convertidos en los temibles Gerán-2, capaces de alcanzar objetivos a 2.500 km)—, Ucrania ha desarrollado una industria emergente basada en la interceptación de estos sistemas, entre ellos el Sting.

Aunque se trata realmente de una aeronave remotamente tripulada,el Sting es un sistema de bajo coste especialmente concebido para la interceptación de cualquier amenaza aérea.

Desarrollado por la ucraniana Wild Hornets, es un dron interceptor de alta velocidad optimizado para la defensa antidrón de corto alcance, capaz de alcanzar al blanco a varios kilómetros de distancia mediante guiado FPV y una cabeza de guerra integrada en el propio fuselaje.

Sin embargo, expertos advierten de que la exportación de estos sistemas no es inmediata. La creación de unidades operativas requiere meses de formación, integración de radares y coordinación táctica.

Aun así, el aprendizaje en los países del Golfo podría ser más rápido que en Ucrania, que desarrolló estas capacidades en plena guerra. En noches de máxima intensidad, cientos de drones han obligado a las fuerzas ucranianas a innovar a contrarreloj, combinando capacidades militares y talento del sector privado.

El resultado es una nueva generación de drones interceptores, más baratos —con costes de apenas unos miles de dólares— y diseñados para neutralizar amenazas antes de que alcancen sus objetivos. Aunque no son infalibles, han demostrado ser un elemento clave en la defensa de infraestructuras críticas.

Empresas como UForce, Wild Hornets o SkyFall ya reciben consultas de países del Golfo interesados en replicar este modelo. Sin embargo, el Gobierno ucraniano ha impuesto un férreo control: cualquier exportación debe contar con autorización estatal, evitando así errores previos que dañaron la reputación del país por falta de formación adecuada a los clientes.

Drones navales

Uno de los sistemas que más interés ha despertado es el dron naval Magura, desarrollado por UForce. Concebido inicialmente para hostigar a la flota rusa en el mar Negro, este sistema ha evolucionado hasta integrar drones interceptores, creando una plataforma híbrida capaz de defender espacios marítimos.

Su aplicación en el Golfo es evidente: estaciones automatizadas desplegadas en la costa podrían detectar y neutralizar drones enemigos con un número reducido de operadores. Según fuentes del sector, este tipo de soluciones encaja especialmente bien en países con extensas infraestructuras energéticas vulnerables.

Vehículos marinos no tripulados Magura en Kiev.

Vehículos marinos no tripulados Magura en Kiev. Valentyn Ogirenko Reuters

“Está probado en combate, no es un prototipo”, aseguran desde la industria ucraniana, que ya lo emplea para proteger la ciudad portuaria de Odesa frente a ataques nocturnos.

De hecho, en un reciente ejercicio de la OTAN, este tipo de drones ucranianos, los Magura V7 modificados, se impuso en todos los escenarios del ejercicio, desempeñando el papel de fuerza adversaria —el denominado equipo rojo— frente a unidades aliadas de la OTAN.

Este tipo de drones se han convertido ya en símbolo de una guerra que ha obligado a reinventar la guerra en el mar y que aporta a la OTAN un conocimiento en drones difícil de replicar en tiempo de paz.

Una industria en espera…

Pese al interés internacional, el sector vive en una suerte de limbo regulatorio. Asociaciones como Tech Force in UA, que agrupa a cerca de un centenar de empresas, advierten del riesgo de perder una ventana de oportunidad única.

“El mercado internacional no espera”, señalan fuentes del sector a Reuters, que reclaman al Gobierno mayor agilidad para autorizar exportaciones y definir una política clara.

Suhail bin Mohamed Al Mazrouei, ministro de Energía e Infraestructura de los Emiratos Árabes Unidos, recibe al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski.

Suhail bin Mohamed Al Mazrouei, ministro de Energía e Infraestructura de los Emiratos Árabes Unidos, recibe al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Hamad Al Kaabi/UAE Presidential Court Reuters

Las cifras son elocuentes: Ucrania produjo 40.000 drones interceptores en enero y, con suficiente financiación, podría alcanzar una capacidad de 2.000 unidades diarias. De ellas, solo la mitad serían necesarias para su propio esfuerzo defensivo, lo que abriría un amplio margen para la exportación.

El potencial económico es significativo. Según estimaciones de la industria, las exportaciones podrían alcanzar los 2.000 millones de dólares este año y escalar hasta los 10.000 millones anuales en un plazo de cinco años.

Apuesta de posguerra

Más allá del impacto inmediato, Kiev contempla esta industria como un pilar de su reconstrucción futura. La exportación de tecnología militar no solo generaría ingresos, sino que consolidaría a Ucrania como referente en un ámbito —la guerra de drones— que define ya los conflictos del siglo XXI.

La cuestión ahora no es si existe demanda, sino si Ucrania será capaz de aprovechar el momento. En un mercado global cada vez más competitivo, la rapidez —y la claridad estratégica— serán tan decisivas como la propia tecnología.