El presidente ruso, Vladímir Putin, comparece desde el Kremlin.

El presidente ruso, Vladímir Putin, comparece desde el Kremlin. Alexander Kazakov Reuters

Europa

Putin convierte las elecciones en un plebiscito sobre la guerra y coloca como candidatos a 200 excombatientes en Ucrania

El jefe del Kremlin promete a los veteranos de la "operación militar especial" cargos de peso en la Federación Rusa y formar parte de la nueva "élite".

Más información: El Supremo de Rusia aparta de las elecciones a los liberales de Yábloko, el único partido que se opone a la guerra en Ucrania

Á. Escalonilla
Publicada
Las claves
Las claves

Putin convierte las elecciones a la Duma en un plebiscito sobre la guerra en Ucrania, promoviendo la participación ciudadana como apoyo a las Fuerzas Armadas.

Más de 200 excombatientes en Ucrania se presentan como candidatos, principalmente bajo el partido Rusia Unida y formaciones aliadas al Kremlin.

El partido liberal Yábloko, crítico con la guerra, ha visto inhabilitada a la mayoría de sus candidatos y solo una docena logra mantenerse en las listas.

Encuestas independientes revelan que más del 60% de los rusos apoyan negociar la paz, aunque la participación y la confianza en el proceso electoral son bajas.

Vladímir Putin instó el pasado miércoles a los rusos a participar en las elecciones a la Duma Estatal que se celebran este fin de semana, los primeros comicios legislativos desde que ordenó invadir Ucrania en febrero de 2022.

Él mismo votó por internet desde su despacho en el Kremlin. Un vídeo difundido por la agencia estatal de noticias TASS lo muestra buceando por la web oficial, con serias dificultades para ver la pantalla y escoger la papeleta de Rusia Unida.

Las urnas abrieron el viernes y cierran este domingo, un calendario electoral de tres días que funciona desde la covid. En Novorrosiya, la denominación que la propaganda rusa utiliza para referirse a las regiones ucranianas anexionadas de forma ilegal, el proceso electoral comenzó a principios de septiembre.

Así que Putin entiende que los rusos y los ucranianos que malviven en los territorios ocupados tienen tiempo más que de sobra para ir a votar. "Es nuestra contribución común a la victoria", argumentó el miércoles durante un discurso emitido en televisión nacional.

"Vuestra elección y vuestra voluntad demostrarán una vez más que millones de personas están detrás de nuestros soldados, que somos un pueblo unido vinculado por valores compartidos, memoria histórica y amor por nuestra patria, y que nadie conseguirá dividirnos ni intimidarnos", remarcó.

Los votantes elegirán a los 450 diputados de la Cámara baja del Parlamento, de los cuales 225 saldrán de las listas de partidos y otros 225, de circunscripciones uninominales, así como a los legisladores regionales y a los gobernadores en las 11 zonas horarias del país.

"El resultado será nuestra respuesta común a quienes quieren debilitar Rusia, frenar su desarrollo, privarnos de nuestra soberanía y del derecho a determinar nuestro propio destino", avanzó el propio Putin, confiado en que las elecciones demostrarán que "millones de rusos" apoyan a las Fuerzas Armadas y que la sociedad permanece unida en torno a la bandera.

Un pronóstico nada arriesgado, por otra parte, puesto que las autoridades rusas se encargaron de tumbar, una a una, las candidaturas de los partidos que hicieron campaña en contra de la denominada "operación militar especial" y a favor de alcanzar un alto el fuego en Ucrania.

El partido más castigado en los tribunales es el liberal Yábloko. A finales de agosto, el Supremo retiró de las elecciones la lista del famoso partido de la manzana tras considerar acertada una denuncia presentada por el partido ultranacionalista Rodina, un rival directo.

La retirada de la lista de Yábloko a nivel federal no significó la exclusión del partido de la carrera electoral, puesto que la única formación pacifista con cierta cabida en el sistema también presentó 135 candidatos en circunscripciones uninominales, aunque la mayoría fueron inhabilitados semanas después.

El caso es que sólo quedan en pie una docena de aspirantes de Yábloko, el único partido que llevó la palabra "paz" en su lema de campaña. En la lista figura, entre otros, el nombre de Polina Valérievna Lermant (Ekaterimburgo, 2001).

Graduada en Sociología por la Universidad Federal del Báltico Immanuel Kant, Lermant trabaja como asistente del presidente del partido, Nikolái Rybakov, encargado de defender a Yábloko ante el Supremo.

Esta socióloga de tan solo 24 años se presenta en el distrito moscovita de Medvédkovski, aunque tiene pocas opciones de ganar, por no decir ninguna, dado que el putinista Rusia Unida quiere que en esta circunscripción salga elegido Aleksandr Vladímirovich Shelkovói, un "héroe de la operación militar especial" que combatió de forma voluntaria en Ucrania.

Polina Valérievna Lermant, candidata de Yábloko a la Duma Estatal.

Polina Valérievna Lermant, candidata de Yábloko a la Duma Estatal. Yábloko Telegram

Premiado con una Orden del Valor, Shelkovói recibió de las arcas de Rusia Unida un presupuesto de 30 millones de rublos para gastar en campaña, unos 308.330 euros, según el cambio actual. Un montante desproporcionado en comparación con los demás candidatos.

Con todo, Shelkovói no es el único veterano de la "SVO", el acrónimo ruso de la "operación militar especial", que buscará obtener un escaño en la Duma Estatal. Otros 200 antiguos combatientes en Ucrania compiten por entrar en la Cámara baja del Parlamento bajo las siglas del putinista Rusia Unida y del resto de los partidos satélites del Kremlin.

Putin asegura que aquellos que lucharon en Ucrania son "guerreros" que forman parte de una nueva "élite" a la que promete cargos de peso en la Federación Rusa. De momento, los veteranos de guerra se contentan con encabezar las listas de los partidos, protagonizar los vídeos de campaña y aparecer en programas y debates en televisión.

Antiguo redactor de discursos de Putin, Abbas Gallyamov considera "cháchara vacía" el compromiso del jefe del Kremlin, sabedor de que "necesita prometerles todo lo que quieren oír, desde promesas de pagos hasta adulaciones e historias sobre su grandeza especial", para alistar más hombres.

Lermant reconoce tener miedo, como cualquiera que conozca los precedentes. "Mis padres y mi marido están muy preocupados por mí", confesó a Reuters la asistente de Rybakov, que prioriza "decir a la gente que ahora mismo existe la posibilidad de votar por la paz, de expresar su posición política y de decir que elegimos la paz y una vida libre sin miedo".

Un votante sostiene sus papeletas en un colegio electoral el primer día de las elecciones parlamentarias de Rusia en Bélgorod.

Un votante sostiene sus papeletas en un colegio electoral el primer día de las elecciones parlamentarias de Rusia en Bélgorod. Stringer Reuters

Durante el estalinismo, su bisabuelo emprendió el camino del exilio desde Moscú a los montes Urales tras ser acusado de desacreditar al Ejército Rojo. Eso marcó a Lermant, quien considera "aterrador" que ahora, 90 años después, "la gente en Rusia siga teniendo miedo de que la encarcelen o de que le hagan algo".

Lemant tiene en mente los casos de Lev Shlosberg y Maxim Kruglov, dos vicepresidentes de Yábloko, condenados este verano a 11 y siete años de cárcel, respectivamente, por los cargos de desacreditar a las Fuerzas Armadas y difundir noticias falsas. Es decir, por criticar en público la guerra en Ucrania.

Puño de hierro

Nadie espera que Rusia Unida deje de ser primera fuerza. El partido de Putin, que suma 321 de los 450 escaños de la Duma, seguirá contando con el respaldo parlamentario del Partido Comunista, del nacionalista LDPR, de Rusia Justa y del partido Gente Nueva, señalado como un vehículo para integrar en el sistema a los jóvenes liberales urbanos.

Yábloko, que fue una de las principales fuerzas liberales de la Rusia postsoviética, sólo conserva en la actualidad un puñado de escaños en parlamentos regionales. No ostenta ninguno en la Duma Estatal, y las encuestas oficialistas ni siquiera incluyen a la formación en los sondeos aunque esté de moda.

En cambio, los índices de popularidad de Rusia Unida oscilan entre el 33 y el 37 %, según los datos del Centro Ruso de Investigación de la Opinión Pública y la fundación Opinión Pública. Las encuestadoras estatales, en la órbita del Kremlin, pronosticaron que el partido de Putin obtendrá entre el 47 y el 53 % de los votos.

Las elecciones servirán, sin embargo, como un termómetro para calibrar el grado de aceptación que tiene la guerra, y el nivel de cansancio que arrastra la sociedad rusa. Una encuesta del prestigioso Centro Levada, declarado por las autoridades como "agente extranjero", constató que más del 60 % de los rusos están a favor de negociar la paz con Ucrania.

Detrás de esta postura, que cada vez gana más adeptos, se encuentra la crisis de combustible, derivada de los ataques con drones ucranianos contra las refinerías y las instalaciones energéticas del interior de Rusia, así como la presión de las sanciones occidentales.

Baja movilización

Según una encuesta de Levada, el 66 % de los rusos ni siquiera sabía cuándo se celebrarían las elecciones a la Duma Estatal, y el 28 % confesó que no tenía pensado votar. Entre estos últimos, el 41 % sostenía que su voto no cambiaría nada y el 24 % cuestionan la integridad de los comicios.

Consciente del escaso interés en la calle, Putin declaró el pasado mes de abril que las elecciones parlamentarias se celebrarían en "condiciones difíciles" porque, aseguró, los enemigos de Moscú harían todo lo posible para provocar divisiones en la sociedad rusa.

Una votante sale de su casa para depositar su papeleta en Verbovka, un pueblo de Donetsk.

Una votante sale de su casa para depositar su papeleta en Verbovka, un pueblo de Donetsk. Alexander Ermochenko Reuters

La presidenta de la Comisión Electoral Central (CEC), Ella Pamfílova, le dio la razón y añadió entonces que algunos "juristas electorales en el extranjero" y algunas personas "agazapadas" dentro del país buscaban vulnerabilidades en el sistema electoral con el objetivo de "darle un golpe" a las elecciones.

Para mantener elevadas las cifras de participación, el Kremlin recurrió una vez más a la maquinaria del voto corporativo. Según la plataforma independiente de observación electoral Golos, miles de empleados públicos denunciaron presiones directas de sus superiores para acudir a las urnas en la primera jornada de votación.