Ilaria Salis engrilletada durante el juicio en Budapest en 2026 y en el Parlamento Europeo en 2026

Ilaria Salis engrilletada durante el juicio en Budapest en 2026 y en el Parlamento Europeo en 2026 REUTERS

Europa

Salis, la eurodiputada italiana a la que loa Rabat por decir que "Ceuta no es España" y que se presentó para esquivar la cárcel

La activista antifascista italiana fue condenada en Hungría tras ser acusada de agredir a ultraderechistas.

Su inclusión en las listas de la Alianza Verdes e Izquierda a la Eurocámara le ha conferido inmunidad.

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Paolo Fava
Publicada
Las claves
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La eurodiputada italiana Ilaria Salis generó polémica al declarar que "Ceuta no es España, Ceuta no es Europa" en el Parlamento Europeo.

Salis, del grupo The Left, defendió que Ceuta es un residuo del colonialismo europeo y vinculó la situación de la ciudad a la presión migratoria.

La diputada llegó al Parlamento Europeo tras obtener inmunidad parlamentaria, lo que le permitió eludir una condena en Hungría por un incidente violento con ultraderechistas.

Su intervención en Bruselas fue celebrada por medios oficialistas marroquíes y supuso un respaldo inesperado a las tesis irredentistas de Marruecos sobre Ceuta.

"Una sola frase bastó para romper el guion del debate europeo sobre Sebta", abría solemne la crónica del portal oficialista marroquí le360 sobre el debate en el Parlamento Europeo. Se referían a la frase pronunciada por la eurodiputada Ilaria Salis y que, paradójicamente, la prensa de Rabat ha tenido que manipular para no reproducir el nombre español de la ciudad que pronunció la italiana: "Ceuta no es España, Ceuta no es Europa".

Perteneciente al grupo The Left en el que también se encuadra Sumar, Salis aseguró que la ciudad pertenece "geográficamente a África" y que debe considerarse "un residuo histórico del colonialismo europeo". También vinculó la invasión a la "presión migratoria" debe analizarse también desde esa presunta realidad poscolonial.

La diputada radical aprovechaba para cargar contra el Gobierno de su propio país, acusando a la primera ministra italiana Giorgia Meloni de "racismo" al tomar la decisión de suspender el espacio Schengen con España por la crisis en Ceuta a sabiendas que la ciudad autónoma no forma parte de la libre circulación europea.

"Alguien tenía que decirlo, en un debate parlamentario que parecía desarrollarse todavía en plena época colonial", se jactaba a continuación en sus redes sociales. "Ceuta no es España, Ceuta no es Europa". La publicación ha recibido una nota de la comunidad en la red X aclarando que "Ceuta es una ciudad española autónoma desde 1580".

No es el único post que Salis ha dedicado a su intervención sobre Ceuta. "Los políticos de derecha deben ser personas profundamente inseguras consigo mismos, y por eso no hacen otra cosa que proyectar su inseguridad sobre la sociedad, alimentando el miedo y la desconfianza, La migración es el ejemplo más evidente".

Esta es, en cualquier caso, la última polémica de una figura controvertida. Salis desembarcó en el Parlamento Europeo en 2024 por una maniobra legal: obtener la inmunidad parlamentaria que le permitiese librarse de una condena dictada en Hungría por un incidente violento entre un grupo antifascista del que formaba parte y ultraderechistas.

Engrilletada ante el juez

Profesora de primara y secundaria, Salis ha participado desde muy joven en el activismo de extrema izquierda y en los centros autogestionados de Milán. En febrero de 2023, viajó con sus compañeros a Budapest para participar en una contramanifestación contra el 'Día del Honor', una celebración para conmemorar a los soldados alemanes y húngaros muertos a manos del Ejército Rojo en 1945.

Bajo el auspicio del Gobierno de Viktor Orbán, la celebración atraía a ultraderechistas de toda Europa. La víspera, tres activistas neonazis fueron agredidos en la capital húngara. La Policía detuvo a Salis al día siguiente y la implicó en la agresión, además de acusarla de pertenecer a una banda criminal alemana, Hammerbande ('banda del martillo'). Pasó más de 15 meses en prisión preventiva.

Su caso adquirió una gran repercusión en Italia, especialmente después de que en enero de 2024 compareciera ante el tribunal engrilletada. Entró en la sala con las manos y los pies esposados y encadenada por la cintura, mientras una agente de seguridad sujetaba el extremo de la cadena para conducirla hasta el banquillo.

Salis permaneció en esas condiciones durante unas tres horas y media, y sus imágenes provocaron una fuerte indignación en Italia y obligaron a Meloni a convocar al encargado de negocios de Hungría en Roma para presentar una protesta formal por el trato recibido.

La Fiscalía húngara acusaba a Salis de tres agresiones y sostenía que había actuado en el marco de una organización criminal. La italiana, por su parte, negó haber participado en los ataques y denunció las condiciones de su encarcelamiento.

Hasta que llegó junio de 2024 y su situación cambió de súbito. La activista fue elegida eurodiputada por Alleanza Verdi e Sinistra con más de 175.000 votos, un resultado que le otorgó inmunidad parlamentaria y permitió su salida de Hungría, donde hasta entonces permanecía bajo arresto domiciliario con una pulsera electrónica.

El Tribunal Regional de Budapest solicitó posteriormente al Parlamento Europeo que levantara su inmunidad para poder continuar con el proceso, pero la Eurocámara rechazó la petición. Entre sus razones enumeró las dudas existentes sobre las actuaciones judiciales y las condiciones de su detención en Hungría.

En abril, Salis anunció que la Justicia húngara había archivado el procedimiento penal abierto contra ella tras recibir la confirmación de que el Parlamento Europeo mantenía su inmunidad, aunque advirtió de que el caso podría reabrirse en el futuro, un escenario el proceso tendría que comenzar de nuevo.

Su paso por la cárcel terminó sirviendo como trampolín para su carrera política. No tardó en integrarse en el grupo de La Izquierda y en llevar a Bruselas las mismas banderas que había defendido en los movimientos sociales y antifascistas italianos: el derecho a la vivienda, la defensa de los derechos sociales y la oposición a la extrema derecha.

También mostró un respaldo inesperado a las tesis irredentistas de Marruecos sobre Ceuta que, a buen seguro, descolocó a muchos compañeros de bancada.