Éric Zemmour, periodista y político populista francés.

Éric Zemmour, periodista y político populista francés. La esfera de los libros

Europa

Éric Zemmour: "El visado Schengen debe limitarse a los nacionales, los regularizados en España no deberían acceder"

"La preferencia nacional es crucial, la nación reposa en el privilegio del ciudadano frente al extranjero"/ "Las civilizaciones que fueron vencidas por el universalismo de Occidente buscan su revancha sobre Occidente"/ “El Papa Francisco desequilibró su discurso en beneficio del universalismo y en detrimento de la identidad de Europa".

Más información: Francia, ante el dilema: cómo frenar a la extrema derecha en las presidenciales cuando no ilusiona ningún otro candidato

Publicada
Las claves

Las claves

Éric Zemmour defiende limitar el visado Schengen solo a nacionales, excluyendo a los inmigrantes regularizados en otros países europeos.

El político francés critica la globalización y aboga por un resurgimiento cristiano de Europa, destacando la identidad cultural frente al universalismo.

Zemmour respalda la 'preferencia nacional', alineándose con VOX en España y cuestionando las políticas de regularización de inmigrantes del Gobierno español.

Considera que los inmigrantes sudamericanos, por su cultura católica, supondrían menos retos para Francia que los procedentes de la civilización árabo-musulmana.

Éric Zemmour fue un analista brillante y un columnista desenfadado del matutino conservador Le Figaro. Convertido en presentador estrella del canal de TV Cnews, que sigue el modelo de Fox TV, destacó por su arte de la provocación.

Políticamente incorrecto, irreverente tribuno antielitista, descaradamente antifeminista, ensayista superventas: El suicidio de Francia vendió 500.000 ejemplares y Francia no ha dicho su última palabra, 250.000.

Decidió fundar un partido, bautizado Reconquista, y lanzarse a la arena política. Era diciembre de 2021. Su primer mitin reunió 12.000 personas cinco días después de declararse candidato a la presidencia de la República.

Su campaña fue un cohete. Ascendió hasta el 18% de las intenciones de voto, royéndole el terreno a Marine Le Pen. Entonces su admirado Putin invadió Ucrania y Zemmour estalló en pleno vuelo.

Con todo, logró 2,5 millones de votos en la primera vuelta de 2022. Esto es, fue el cuarto más votado tras Emmanuel Macron (9,8 millones), Le Pen (8,1 millones) y el líder de la extrema izquierda, Jean Luc Mélenchon (7,7 millones).

Zemmour se quedó en el 7%, más que la suma de la candidata de la derecha homologada, Valérie Pécresse (4, 78%) y el candidato de la derecha dura, Nicolas Dupont- Aignan (2,06%). Su mala relación con Le Pen le impidió ser diputado en las legislativas que siguieron a las presidenciales.

Él se proclama gaullista y bonapartista pero todos le consideran de extrema derecha. Aún no se ha declarado candidato para 2027 pero las encuestas le atribuyen ya el 5% de intenciones de voto en la primera vuelta de las presidenciales.

Esta semana ha visitado Madrid para promocionar su libro del momento Occidente bien vale una misa, que acaba de publicar La Esfera de los Libros y cuyo original en francés ha alcanzado ya los 70.000 ejemplares vendidos. El libro lleva por subtítulo ‘Por un resurgimiento cristiano de Europa’.

El siglo XXI, según usted, arranca marcado por una guerra de civilizaciones, ¿es la misma línea que defendía Samuel Huntington en su Choque de civilizaciones?

Pienso que Samuel Huntington, al que he leído con atención y pasión, tiene razón: vivimos en el siglo XXI un enfrentamiento de civilizaciones. Las civilizaciones que han resistido a la globalización llevado a cabo por Occidente -y que fueron vencidas, sometidas e incluso humilladas a veces, por el universalismo de Occidente- quieren tomarse su revancha. Hablo de la civilización china, de la hindú, la islamo árabe: buscan su revancha sobre el Occidente cristiano.

¿Civilización es lo mismo que religión?

Lo esencial del conflicto se articula en torno a la civilización y, como dijo Malraux, la civilización “es todo lo que se agrupa en torno a una religión”. Por eso yo hago esa distinción entre las grandes religiones que estructuran la humanidad.

¿Perdone, pero cómo puede defender el cristianismo usted que procede de una familia judía y no es creyente ?

Yo no soy creyente pero soy cristiano de cultura y de identidad. Yo vivo en Francia que fue forjada por el cristianismo y para ser francés hay que impregnarse de ese cristianismo cultural. Es lo que yo he hecho y continúo haciendo. Cuando lees a los grandes escritores franceses como Blaise Pascal o Chateaubriand, que están impregnados de esa cultura católica -y yo lo he hecho desde hace 50 años- usted queda impregnado de esa cultura católica. El mío es un combate cultural, un combate político, un combate global por salvar la civilización occidental y europea.

En su libro, usted señala que la singularidad del cristianismo, esa fe que hace al hombre libre, es también su fragilidad frente, por ejemplo, al Islam. Explíquese, por favor.

La religión católica inventa el individuo libre porque se basa en la fe. La fe es una cuestión personal que no se puede transmitir por la fuerza. La fe que permite al individuo libre de existir no existe en las otras civilizaciones. Pero esto fragiliza, a la vez el catolicismo porque si la fe desaparece, el catolicismo se hunde. Yo digo que el catolicismo es una fe pero también una identidad, una cultura que se transmite por la música, la pintura, incluso la política y el derecho.

Yo me bato porque Occidente redescubra su identidad que está fundada en el cristianismo, aliado al pensamiento griego y al derecho romano. Occidente tiene que renunciar a la quimera del universalismo adulterado, a la quimera de la globalización ridícula y mortal y hacer como el resto de civilizaciones y volver a lo que son sus fundamentos .

Éric Zemmour durante la entrevista.

Éric Zemmour durante la entrevista.

Usted no ha ocultado nunca sus criticas al papa Francisco, ¿Qué opinión tiene de León XIV?

Yo fui crítico con las posturas políticas del Papa Francisco. Yo no me permitiría criticar al Papa como autoridad suprema de la religión católica. Yo critico sus posiciones políticas y, concretamente, su posición sobre la emigración. Estimo que en nombre del universalismo, que hace su grandeza, no hay que olvidar que el cristianismo es también una identidad.

Cuando San Pablo proclama que el catolicismo es universal lo dice en griego, no en chino ni árabe. Su universalismo tiene esas raíces culturales. Hay que encontrar un equilibrio, una dialéctica. Considero que la Iglesia desde 1945 y, singularmente, el Papa Francisco ha desequilibrado su discurso en beneficio del universalismo y en detrimento de la identidad de Europa.

Creo que hay que reequilibrar y el nuevo papa León XIV parece haberlo comprendido. Así ha hablado de que las naciones tienen derecho a rechazar o a aceptar a los extranjeros y de que hay que respetar las fronteras. Es un discurso más razonable que el del Papa Francisco.

Usted, como dos de cada tres franceses, cree que Francia está en declive…

Yo no creo en el declive. Yo constato el declive indiscutible, la decadencia incluso de Francia y de todo Occidente. Es una evidencia relativa porque los otros progresan pero no sólo relativa, también absoluta. Un elemento objetivo porque la inventiva, la ciencia, la literatura, incluso el cine están en regresión. Desde 1945, Europa está en decadencia. ¿Por qué? Ha abandonado la matriz que la forjó, es decir, el cristianismo y el pensamiento greco romano.

¿Va a ser usted el candidato de su partido en las elecciones presidenciales del próximo año?¿Cuándo piensa anunciarlo?

Sí, habrá un candidato de Reconquista a las presidenciales de 2027. Esperaremos a saber quien es el candidato de Reunión Nacional y, sobre todo, elegiremos nosotros mismos el mejor momento de anunciar mi candidatura. No voy a anunciar mi candidatura desde España.

En España ha habido una polémica entre el PP y VOX sobre la prioridad nacional. ¿Usted con quién está?

La preferencia nacional es una medida indispensable y no veo por qué suscita tanta controversia. Una nación reposa sobre los privilegios acordados a sus ciudadanos en relación a los extranjeros. Si no, no hay nación. Yo estoy del lado de Vox.

¿Qué opinión le merece el proceso de regularización extraordinario de inmigrantes que ha puesto en marcha el gobierno español?

Primero, el gobierno español es soberano y hace lo que quiere. Segundo, Francia ha hecho ya ese tipo de regularizaciones así que no tenemos ninguna lección que dar a los españoles. Pero yo veo dos problemas: esa gente que va a ser regularizada en España podrá venir a Francia sin cortapisas y creo que hay que parar eso.

Propongo y demando suprimir el visado Schengen que permite a los extranjeros que viven en un país europeo pasar a otro. Ese derecho debe ser limitado a los nacionales de un país miembro de Schengen. He leído que el 80% de los regularizados son sudamericanos. No sé si esa cifra es correcta, pero si es así será un mal menor en relación con lo que hacemos en Francia.

Ahí acogemos casi en exclusiva a miembros de la civilización árabe musulmana que es una civilización antagonista de la de Francia. Los sudamericanos nos plantearán problemas incontestablemente, pero como son de religión católica, esto es, miembros de la civilización católica, tendremos muchos menos problemas que con los que vienen de la civilización árabo-musulmana.