Emmanuel Macron, Friedrich Merz y Ursula von der Leyen, durante una reunión del Consejo Europeo
El choque entre Macron y Merz frena los esfuerzos de independencia de la UE frente a Trump y China
El "Buy European" y los eurobonos que impulsa el presidente francés como receta para reforzar la competitividad del bloque reabren las divisiones entre los Estados miembros.
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La crisis de Groenlandia consiguió lo que casi nada logra en la UE: unidad sin fisuras y determinación en la respuesta. Pero el efecto apenas ha sobrevivido unos días. Ha bastado con que Donald Trump diera un paso atrás en sus amenazas de intervención militar y aranceles para que los Estados miembros vuelvan a las divisiones de siempre.
Unas fracturas que han quedado de nuevo al descubierto en la preparación del encuentro informal de jefes de Estado y de Gobierno que se celebra este jueves en el castillo belga de Alden Biesen, cerca de la frontera con Países Bajos.
La reunión debía servir para impulsar la competitividad y "derribar las barreras que nos impiden ser un auténtico gigante global" en materia económica, según las palabras de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.
Sin embargo, el choque entre el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, ha gripado el tradicional motor franco-alemán y vuelve a lastrar las aspiraciones de "independencia" de la Unión Europea frente a la guerra arancelaria de Donald Trump y la creciente presión económica de China.
"Tenemos el tsunami chino en el frente comercial y, al mismo tiempo, una inestabilidad minuto a minuto en Estados Unidos. Estas dos crisis suponen un shock profundo, una ruptura para los europeos", ha dicho Macron en una entrevista con varios medios europeos.
Pero Merz ha preferido esta vez aliarse con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, firmando una declaración conjunta con propuestas de mínimos, que dejan de lado las medidas más ambiciosas que propugna Macron, en particular una nueva emisión de eurobonos.
Presionado por sus problemas internos y la polémica que desató en la UE su política de regularización de migrantes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha permanecido prácticamente ausente en este debate, y, a diferencia de otros socios, no ha aportado ningún documento propio.
En su entrevista, Macron sostiene que "es el momento de que la UE lance una capacidad común de endeudamiento, a través de eurobonos" —siguiendo el ejemplo del programa Next Generation— con el fin de financiar la inversión en sectores clave, empezando por la defensa.
El presidente francés sugiere además que la deuda común podría ayudar a cuestionar la hegemonía del dólar estadounidense. "En realidad, el mercado global desconfía cada vez más del billete verde (...) Está buscando alternativas. Ofrezcámosle deuda europea", afirma.
Un argumento similar ha defendido el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, en un artículo publicado en el FT. "Los bonos emitidos por la UE atraerían capital a largo plazo, reducirían los costes de financiación y desbloquearían la autonomía estratégica", sostiene.
"Lo que ahora se necesita son reformas estructurales de gran calado y, por supuesto, culminar el mercado único", ha replicado un alto diplomático alemán.
La otra propuesta de París que ha reabierto viejas divisiones en la UE es la cláusula Buy European, que consiste en dar prioridad a las empresas, productos o servicios europeos frente a competidores de fuera de la UE en determinados sectores estratégicos o en la contratación pública.
La presidenta Ursula von der Leyen, durante su intervención este miércoles en un foro industrial en Amberes
Países Bajos, los nórdicos y los bálticos se han declarado "muy escépticos" sobre el establecimiento de una preferencia europea, ya que consideran que equivale a un regreso al proteccionismo. Alemania también tiene reservas sobre esta iniciativa, aunque en este caso ha optado por la discreción.
"Una aplicación general de la preferencia europea podría anular los esfuerzos de simplificación, dificultar el acceso de las empresas a tecnologías de primer nivel mundial, entorpecer el intercambio con otros mercados y desviar inversiones fuera de la UE", dice una declaración conjunta firmada por Suecia, Finlandia, Países Bajos, Letonia, Lituania y Estonia.
"Creo que, en los sectores estratégicos, la preferencia europea es un instrumento necesario que contribuirá a fortalecer la base de producción propia de Europa. Puede ayudar a crear mercados líderes en esos sectores y respaldar la ampliación de la capacidad productiva europea", ha dicho este miércoles Von der Leyen en la Eurocámara.
"Pero quiero ser clara: es un terreno delicado. No existe una solución "única para todos". Por eso, cada propuesta debe apoyarse en un análisis económico sólido y estar alineada con nuestras obligaciones internacionales", alega la presidenta de la Comisión.
Según explican desde Moncloa, Sánchez estaría más cerca del presidente francés que del canciller alemán: defiende la emisión de eurobonos para impulsar la inversión pública hacia objetivos estratégicos de la UE, así como la preferencia europea en sectores como el acero bajo en carbono que se hace en España.
La única receta sobre la que coinciden todos los Estados miembros para mejorar la competitividad es la desregulación y la reducción de la burocracia. Bruselas ya ha presentado diez paquetes legislativos —los llamados "ómnibus" en jerga bruselense— destinados a simplificar la normativa comunitaria, con un ahorro estimado para las empresas de 15.000 millones.
Sin embargo, Von der Leyen insiste en que este esfuerzo debe extenderse también a las leyes nacionales. Pone ejemplos concretos: un camión puede pesar hasta 44 toneladas en Bélgica, pero al cruzar a Francia solo se le permite 40; algunos Estados miembros todavía solo aceptan correspondencia por fax (no ha dicho cuáles).
Mientras tanto, el ambicioso proyecto para canalizar el ahorro privado europeo hacia la economía real, la Unión de Mercados de Capital, sigue paralizado por el veto de pequeños Estados como Irlanda o Luxemburgo, que temen perder su estatus privilegiado como centros financieros.
Es por eso que la presidenta de la Comisión ha abierto la puerta a una Europa a varias velocidades, con la formación de coaliciones de voluntarios que quieran avanzar más rápido, sorteando el veto de los rezagados. Una idea que sí cuenta con el apoyo de Francia y Alemania, pero también de España, Italia, Polonia o Países Bajos.
"Nuestras empresas necesitan capital ya. Así que hagámoslo este mismo año. Mi plan A es avanzar con los 27. Pero si no es posible, el Tratado permite la cooperación reforzada", ha señalado Von der Leyen.