El primer ministro francés, Sébastien Lecornu , llega al Palacio del Elíseo.

El primer ministro francés, Sébastien Lecornu , llega al Palacio del Elíseo. Reuters

Europa

Lecornu ignora la oferta de los socialistas para formar gobierno a horas de que un millón de franceses tomen las calles

Los grandes sindicatos de Francia convocan una huelga nacional para expresar su rechazo a la drástica agenda de recortes que anticipó el ex primer ministro Bayrou y que su sucesor pretende retomar.

Más información: "Bloqueo total": Francia saca a 80.000 policías a la calle por miedo a una revuelta popular que incendie el país

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Ningún dirigente del espacio de la izquierda salió satisfecho este miércoles del Palacio de Matignon. Ni el primer secretario de los socialistas, Olivier Faure, ni la líder de los Verdes, Marine Tondelier, lograron convencer al recién estrenado primer ministro, Sébastien Lecornu, de la necesidad de suavizar la drástica agenda de recortes que motivó la caída de su predecesor, François Bayrou, y que el delfín de Emmanuel Macron pretende sacar adelante en minoría en la Asamblea Nacional.

La cara visible de la Francia Insumisa (LFI), Jean-Luc Mélenchon, ni siquiera aceptó la invitación de cortesía que el exministro de las Fuerzas Armadas había expedido a todos los grupos parlamentarios, incluido el antiguo Frente Nacional de Marine Le Pen y su discípulo Jordan Bardella, que tampoco salieron demasiado convencidos de la residencia del primer ministro.

"No veo por qué deberíamos confiar en un ministro que lleva ocho años en el cargo y que es un fiel seguidor de Emmanuel Macron", declaró Le Pen. "Si [Lecornu] continúa con la política llevada a cabo hasta ahora, caerá", remató Bardella, que volvió a manifestar su deseo de adelantar las elecciones legislativas.

La ronda de consultas en Matignon con los líderes de la oposición precedió a la jornada de huelga nacional fijada para este jueves. La insistencia de Bayrou en recortar 44.000 millones de euros de los presupuestos del próximo curso, con el objetivo declarado de combatir el déficit, consiguió aglutinar a los cinco grandes sindicatos de Francia por primera vez desde junio de 2023.

Las organizaciones CFDT, CGT, FO, CFE-CGC, CFTC, UNSA, FSU y SUD marcharán unidas este jueves. La unidad sindical en Francia no tiene precedentes desde la impopular reforma de las pensiones de Macron que elevó la edad de jubilación hasta los 67 años.

Los descontentos marcharán por las calles de París, Nantes, Lyon o Rennes sólo una semana después del movimiento "Bloqueemos todo", una cadena de protestas que forzó a la policía a desplegar 80.000 agentes a nivel nacional.

"El movimiento de protesta no me recuerda a la crisis de los chalecos amarillos", reconocía el pasado miércoles Didier Lallement, exprefecto de policía de París, en la emisión en directo del canal BMFTV.

Los manifestantes no tienen el mismo perfil que los indignados de las rotondas. "En el movimiento de los chalecos amarillos había una Francia más vulnerable, que luchaba por llegar a fin de mes: muchos trabajadores, muchos jubilados", explica el politólogo Antoine Bristielle, miembro de la Fundación Jean Jaurès. "En cambio, aquí, en términos de edad, hay muchos jóvenes que buscan una mayor justicia social, menos desigualdad y un sistema político que funcione de otra manera, y mejor".

Las autoridades esperan encontrarse este jueves con cerca de medio millón de manifestantes. Los cálculos más optimistas —o pesimistas, puesto que salen del Ministerio del Interior del conservador Bruno Retailleau— calculan que al menos 900.000 personas participarán en las 220 marchas convocadas.

El propio Retailleau, que lidera a la derecha tradicional de Los Republicanos (LR), advirtió este miércoles a los prefectos del riesgo de "alteraciones al orden público" por "la presencia de grupúsculos de ultraizquierda que intentarán infiltrarse en las marchas sindicales".

Marine Le Pen y su discípulo Jordan Bardella, después de reunirse con el primer ministro Lecornu.

Marine Le Pen y su discípulo Jordan Bardella, después de reunirse con el primer ministro Lecornu. Tom Nicholson Reuters

Una crisis institucional inédita

Francia se ha convertido en una trituradora de primeros ministros. Hasta cuatro jefes de Gobierno distintos han desfilado por Matignon en el lapso de dos años. El joven Gabriel Attal, el veterano Michel Barnier, el centrista Bayrou y la incógnita Lecornu. En ese orden.

Los tres últimos elegidos tomaron las riendas del Ejecutivo después de las elecciones legislativas anticipadas de julio del pasado año. Unos comicios que ganó contra todo pronóstico el Nuevo Frente Popular (NFP), la coalición de socialistas, comunistas, ecologistas e insumisos.

En lugar de mirar hacia su izquierda, un espacio con el que había acordado no competir —retirando a sus respectivos aspirantes— en las circunscripciones donde los candidatos de ultraderecha mantenían opciones de ganar en segunda vuelta, Macron depositó su confianza en distintos perfiles procedentes de su coalición.

En paralelo, el inquilino del Elíseo buscó apaciguar a Le Pen para evitar que sus diputados tumbaran el Gobierno a las primeras de cambio.

La estrategia fracasó por primera vez el pasado mes de diciembre, cuando la líder de la extrema derecha votó a favor de la moción de censura que liquidó a Barnier. Y volvió a hacerlo a principios de septiembre, cuando dejó caer sin miramientos a Bayrou después de que éste invocara una moción de confianza.

Traspaso de poderes en Matignon entre François Bayrou y su sucesor Sébastien Lecornu.

Traspaso de poderes en Matignon entre François Bayrou y su sucesor Sébastien Lecornu. Ian Langsdon Reuters

Macron no alteró su hoja de ruta, sin embargo. El presidente no tardó en escoger como recambio al exministro Lecornu, un macronista de primera hora con pasado gaullista.

El inquilino del Elíseo despreció una vez más las opciones a su izquierda. ¿Por qué? "Porque, hasta la fecha, los números en la Asamblea Nacional juegan a su favor", responde en conversación con este periódico Ariane Bogain, profesora de Política en la Universidad de Northumbria.

"El Partido Socialista, los Verdes y la Francia Insumisa pueden tener el mayor número de escaños, pero no tienen una mayoría absoluta. Todos los demás partidos dicen que votarían en contra de un Gobierno así, puesto que no quieren a los insumisos de Mélenchon", explica la especialista.

"Un Gobierno formado solo por los socialistas y los ecologistas tendría muy pocos escaños, y es poco probable que Los Republicanos lo apoyen", razona Bogain. "Por tanto, la izquierda no puede forzar a Macron a aceptar una cohabitación".

"Si la izquierda sigue rechazando a los primeros ministros propuestos, el siguiente paso sería una disolución; no será un primer ministro de izquierda", anticipa la experta, que recuerda que Macron aspira a "preservar su legado, en particular su política económica de oferta favorable a las empresas. Como la izquierda no puede imponer la formación de un Gobierno, y tampoco puede hacerlo la extrema derecha, él puede seguir nombrando a alguien de su propio campo".

"Elegir a alguien de su lado genera una percepción extraña: que los perdedores están al mando, que su bloque central sigue dominando, a pesar de que Macron fue derrotado dos veces: en las elecciones europeas y en las legislativas", advierte Bogain. "Pero puede justificarlo con la aritmética parlamentaria".

La contrapartida es evidente. "El riesgo es una frustración democrática, con muchos votantes sintiéndose engañados, lo que alimenta la ira, las protestas en la calle y el populismo", sentencia la analista.

La gente pasa junto a un cartel que representa al presidente francés Emmanuel Macron con el lema Notre projet c'est de tout bloquer (Nuestro proyecto es bloquearlo todo).

La gente pasa junto a un cartel que representa al presidente francés Emmanuel Macron con el lema "Notre projet c'est de tout bloquer" (Nuestro proyecto es bloquearlo todo). Reuters

Números rojos

Macron es el máximo responsable —aunque no el único— de la crisis política que pone en jaque el entramado institucional de la Quinta República. Macron es el principal culpable —aunque no el único— de la ingobernabilidad que paraliza el país.

Adelantó las elecciones legislativas después del batacazo de las europeas en las que arrasó la Agrupación Nacional de Le Pen para pedir una "aclaración" a la sociedad francesa. Casi nadie entendió aquel movimiento suicida que arrojó un bloqueo de primer orden en la Asamblea Nacional.

Macron también carga sobre sus hombros el peso del déficit, que se acerca peligrosamente al 6 por ciento, y de la deuda, que equivale al 114 por ciento del PIB. Números rojos.

Sus políticas económicas han mermado las arcas públicas, por mucho que Francia lleve sin conocer el superávit desde 1974. "Los tres déficits realmente elevados corresponden a shocks económicos: la crisis de 1990 más la crisis del sistema monetario europeo de 1992; el colapso financiero de 2009; y el Covid. De todos modos, Francia ha permanecido en déficit incluso sin choques externos", explica Bogain.

"Macron, por tanto, no es el único responsable, pero sí ha jugado un papel", añade la analista. "Los críticos del presidente recuerdan que privó a Francia de ingresos fiscales con sus políticas amigables para los negocios y sus regalos fiscales".

El macronismo, o lo poco que queda en pie del movimiento —su índice de popularidad no supera el 19 por ciento, según recoge una encuesta reciente de Ifop—, aduce que el presidente ha tenido que enfrentarse a múltiples crisis que le han obligado a elevar el gasto público.

"Los chalecos amarillos, la pandemia de coronavirus y el aumento del coste de la vida tras la guerra en Ucrania, que llevó a desplegar un generoso paraguas para proteger a los franceses del alza en los precios de la energía", enumera Bogain.

Y sin embargo, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE), al menos 9,8 millones de franceses viven por debajo del umbral de pobreza monetaria, fijado en el 60% de la renta mensual media, es decir, 1288 euros, para una persona sola.

En paralelo, el número de millonarios franceses desde la llegada de Macron al Elíseo ha pasado de 2 millones a 2,9 millones. Según el título de la revista Challenges, Francia es "el campeón mundial de los millonarios". El diario L’Humanité lamenta que el semanario "no relacione esta cifra con el número, un récord aún mayor, de personas pobres, que ronda los 10 millones en Francia en 2023, un aumento de 650.000 en un solo año".

Por eso, Faure propuso a Lecornu establecer el impuesto Zucman, que contempla un gravamen del 2 por ciento sobre los patrimonios superiores a los 100 millones de euros. "Hoy en día hay una amplia mayoría, incluso entre los partidarios del bloque central, que están a favor del impuesto", argumentó el líder socialista, que ingresó en Matignon cargado con sondeos de Ifop.

Y por eso, otros diputados del bloque de la izquierda, como François Ruffin, que rompió amarras con Mélenchon, piden "un Robin Hood en Matignon" que recaude "como mínimo 15.000 millones de euros" de "los ricos" para saldar la deuda.